Otras miradas

¡Recuperad Al Andalus!

Javier López Astilleros

Javier López Astilleros

La pérdida de Al Andalus es un mantra romantizado asociado a una percepción de la decadencia surgida en el "mundo árabe e islámico". Hay quiénes albergan auténtico resentimiento por ese reino malogrado, lo que ven como una humillación, pues al fin al cabo se consideran los herederos y antiguos inquilinos de este vergel arrebatado, como si la memoria inscribiera en los genes de las personas los logros intelectuales de una determinada época.

Abu Baqa al-Rundi, compuso un poema, muy recitado al otro lado del Mediterráneo, en el que lloraba la pérdida de ese jardín mítico, durante la transición del califato Almohade al reino nazarí de Granada: "Las desgracias consuelo tienen, mas el Islam ahora está desconsolado, por lo que a la península sin alivio le ha pasado./ ¡Pregunta a Valencia que fue de Murcia!/ Y dónde están Játiva y Jaén?/¿Dónde está Córdoba, la sede del saber en la que tantos sabios descollaron?/¿Dónde está Sevilla, y sus diversiones y su río de aguas dulces y desbordantes?.

Se trata de un poema que ha tenido otras adicciones, como la pérdida de Granada, cuya autoría sería la de otros que siguieron el reguero nostálgico del oprobio y el exilio.

Las lecturas de poemas y música andalusí son muy habituales en las interminables tertulias de las teles del Magreb. Son un ejercicio de afectación con cierto atractivo, que actúan como un conjuro sobre una aspiración definitivamente inviable.

Pero las ciudades arrebatadas siguen donde las dejaron. Es probable que el Abu Baq Al Rundi del pasado sea hoy  un individuo anónimo, al otro lado del Estrecho. Desconocido por todos, su talento se malogra.

Tratar de resucitar lo escandalosamente imposible es utilizado para paliar el desafecto general, causado por abusos y afrentas de todo tipo. De ahí que los poderes públicos arabizantes incluyan inscripciones sagradas en pedazos de orgullosas telas, a las que suelen llamar banderas.

Durante la época andalusí también se ejerció la libertad de pensamiento, como en la Europa actual. Esa chispa intelectual, con sus miles de matices y épocas, contrasta con el desinterés en los currículos escolares de las épocas clásicas, anteriores al Islam. La constante destrucción de mausoleos en numerosos países de tradición islámica nos es casual. Hay que borrar el pasado para reiniciar la historia, que comienza cuando los sucesivos imperios pusieron los pies en tres continentes a la vez.

Resulta cómica la pretensión de recuperar la península ibérica por parte de Daesh, la antigua Al Nusra, Yaish Fatah, la diosa ISIS, o cómo diablos se hagan llamar en esa jauría de siglas a las que pocos prestan atención, salvo cuando asoman sus hocicos a hozar en los jardines de casa.

Lo más desconcertante es que estos combatientes no saben muy bien cuál es el Al Andalus que quieren recuperar, porque al menos son seis los entes políticos de esta época. No me imagino al Hakam II-famoso por su biblioteca universal-aceptar a semejante tropa en la Corte. Ni siquiera Al Mansur los utilizaría para cargar con las campanas de Santiago de Compostela, no vaya a ser que durante el trayecto, sus badajos se perdieran en algún mercado medieval.

Las dinastías Almorávides o Almohades producirían vómitos a estos individuos salafizados. Unos, por el oficialismo de la escuela del Imam Malik, y los otros, por su teoría del Mahdi. En definitiva, sospechosos y desviados. Tendrían un serio problema en el Magreb, al toparse con la dinastía shií Idrisida, fundadora de Fes, la antigua capital política y espiritual del Magreb. Nadie ganaría en esta carrera de enfermos de la ortodoxia. Al contrario, sería una escabechina. Una más.

Es difícil considerar a las jaurías de mercenarios salafistas en cualquiera de las seductoras cortes de taifas. Así lo explican en sus revistas de propaganda, que por cierto, se pueden ver con asombrosa facilidad en internet.

En definitiva, nostálgicos e ignorantes de Al Andalus, no dudarían en golpear con el mazo a los Ibn Bayya, Ibn Masarra, o a los Abu Madyan.

Entiendo que hay derecho a la nostalgia. Siguen los profesores enseñando poemas sobre la mítica pérdida a sus arrobados alumnos, que suspiran unos segundos por el Guadalquivir. Pero hay que pedir explicaciones a los alborotados barbudos que se van a luchar a Siria o Irak, y que hoy buscan apasionantes nuevos destinos.

Tienen que explicarnos porqué desean recuperar los vergeles de nuestras vegas, hoy tan urbanizadas, que nos las reconocerían los genes que portan de sus antepasados. ¡No sirven para recrear ese paraíso perdido!. Se les puede aconsejar una tranquila cala en Ibiza para volver a degustar el aroma del Mediterráneo Occidental, aunque tienen que asumir evidentes riesgos, como acabar en un After  después de la ingesta de captagón.

Pero hay motivo para la esperanza ilustrada. La gerontocracia de Arabia Saudí, con su efebo Mohamed Bin Salman al frente, ha  decidido reabrir los cines, tras 35 años de apagón. El principito no sabe lo que es un cine público, aunque muy probablemente tendrá un plasma en palacio. En definitiva, facilitaría que los súbditos del reino wahabita, y por extensión, su prole ideológica norteafricana, puedan ver alguna adaptación cinematográfica del Filósofo Autodidacto, aunque terminen por creer que se trata de una mala adaptación de Robinson Crusoe.

Una vez que recuperen esta tierra mítica, hemos de valorar su programa de conquista. Saber que piensan hacer con la maltrecha caja de la Seguridad Social, que tantos sacrificios nos cuestan a los españoles, y que con tanto empeño esquilman día tras día.

Asistiremos a la disputa con los señores del Levante español por las mejores huertas y antros. ¿Cómo se van a relacionar con la Iglesia?. Mucho me temo que el diálogo interreligioso no será suficiente. Los arrianos de la izquierda querrán dialogar, convencerlos, blandos ellos, pero la pasta...no quiero imaginar donde puede ir a parar.

Recrear paraísos perdidos es un ejercicio muy tentador, aunque de haber existido, tengo la impresión que solo unos pocos holgaron en las suntuosas estancias y palacios, hoy tan ricamente rentabilizados.