Opinión · Otras miradas

Digamos la verdad: mienten

Van aceleradísimos, sin pudor, sin vergüenza, en voz alta. Como un tsunami, hablan y desmontan derechos y sientan cátedra, siguiendo la estela de tiempos pasados. La derecha y la ultraderecha que escuchamos a diario comparten el mismo relato y el mismo discurso de vulneración de derechos humanos.

La ultraderecha saldría de la cueva del PP para mostrarse tal y como son. Para ello, unos buenos aliados: medios de comunicación que los presentaban como una alternativa más. Hasta aquí, algunos dirán que es correcto. Lo que no es tan correcto es que esos medios diesen cabida y neutralidad a ideas falsas porque eso NO es periodismo. Dirán que tenían poca audiencia, pero plantaron la semilla. Y en Andalucía se ha visto cómo se crece. Medios que han jugado de forma irresponsable, creando alertas donde no las hay. Y, además, callando un componente importante de clase detrás de estos líderes. ¿De dónde vienen? ¿Quiénes los respaldan? ¿Cuáles son sus familias?

Todo esto se cuece a fuego lento. No sé si recuerdan aquellos programas de Intereconomía, de El Gato al Agua y demás. Programas que impulsaron ideas falsas. Hablaron desde esos programas de “feminismo desquiciado” y “feminazismo”, se rieron de los micromachismos y de un supuesto “victimismo”. Resulta curioso que nos acusen de victimistas cuando realmente, en las estadísticas oficiales, las mujeres somos mayoría víctimas. Y resulta el doble de curioso que pongan de víctimas a los hombres que, en las estadísticas oficiales, son minoría.

Pero vayamos a este vídeo sobre las denuncias falsas. Ofrecen en pantalla una cifra, la del 0.001% pero, ojo, dice que esa cifra sale de “medios de comunicación” y de “partidos políticos”, como si fuese un invento. En ningún momento dice que es una cifra que se puede consultar en la memoria de la Fiscalía. Sin decir la fuente, luego añade que “la cifra es difícil de creer”, sin acreditar otra fuente. Después aparece un “razonamiento” con tergiversación de unos datos previos, sin citar actualizaciones, ni cifras ni el origen del problema.

Intereconomía es un pozo sin fondo de programas antifeministas (también racistas, homófobos…), con la búsqueda de fuentes (sobre todo mujeres) que lo repliquen. Por ejemplo, un casi especial dedicado a que “El feminismo destruye familias. Con las leyes actuales nadie se quiere casar”. Por supuesto, es una entrevista católica, apostólica y romana. Para qué hablar de que quien destroza familias son los agresores machistas que asesinan a sus mujeres y dejan huérfanos a sus hijos, si es que no los asesinan también. Para qué hablar de políticas que retrasan la independencia de la casa de los padres, para qué hablar de las cifras de paro, para qué hablar de la precariedad, para qué hablar del descrédito de la Iglesia… pudiendo mentir y echar la culpa al feminismo. Minutos y minutos centrados en este tema, con la participación de Cristina Seguí, tertuliana no sólo de esta cadena, sino de Espejo Público o de Onda Cero, donde hemos podido escucharla más de una vez hablar de “ideología de género”, ese término inventado por el Vaticano y acogido por sectores de la derecha y la ultraderecha.

También nos han mostrados a hombres que dicen que no entienden nada (eso se evita leyendo a feministas) pero que lanzan falsos mitos. Y también aperturas de informativos donde alertan de que “la ideología de género” (ya saben, recuerdo, término inventado por el Vaticano) “sigue avanzando implacablemente sin que nadie le plante cara” cuando, en verdad, quien ha seguido avanzando implacablemente es la violencia machista. Los datos de asesinadas están ahí, los datos de mujeres maltratadas están ahí, los de denuncias, lo de mujeres violadas. Pero, ¿para qué hacer periodismo?

El otro día me pasaron una noticia de un diario de derechas, donde acusaba a las mujeres de cientos de falsedades. Sencillamente, leyendo la información, se veía que era inventada. No había ni una sola referencia a fuentes oficiales. Ningún enlace. Nada. A todo esto, le sumamos lo que yo llamo como “los palmeros”, esos señores respetados, literatos en su mayoría que, como siempre se ha erigido como autoridad, creen tener razón en todo.

Tenemos a Javier Marías con su clásico de escribir contra las mujeres para tener visitas, a Sánchez Dragó inventando datos de asesinatos de menores, o a Soto Ivars con artículos sobre las denuncias falsas donde usa, como fuente, a un tipo machista que vive económicamente de atacar al feminismo, y una abogada no experta en género, habitual de los programas de Intereconomía. Fuentes de cero rigor, por supuesto, para quienes los ordenamientos internacionales de Naciones Unidas o los convenios firmados por España ni los han leído o pasan olímpicamente.

Y a todo esto, le sumamos compañeras que se dicen feministas pero que, en ocasiones, han dejado mucho que desear atacando más a víctimas que a la propia justicia patriarcal. Hace unos días, en La Mañana de TVE quise remarcar que el caso de Laura Luelmo era violencia machista. Mi querida María Casado me dijo que en TVE, desde el primer momento, así se dijo. Lamentablemente, la audiencia y los clicks llevaron a que ese día tres artículos en la web, de mujeres que se dicen feministas, dijeran de forma categórica que no era violencia machista o que estamos criminalizando a los hombres. Habrá que explicarles a estas alturas que el feminismo señala al patriarcado, pero ya da pereza según quién. Supongo que, así, también reciben más visitas.

El 78% de los españoles admite recibir noticias falsas frente al 37% de media de la Unión Europea. Somos el país de Europa que más noticias falsas recibe.  Para el 2022, el público occidental consumirá más noticias falsas que verdaderas. Un estudio, centrado en Twitter, señaló que las informaciones falsas se difunden “significativamente más lejos, más rápido, más ampliamente” que la verdad.

Es urgente cultura democrática y alfabetización mediática. Así que dejemos las medias tintas y digamos la verdad: mienten. No solo los líderes de los partidos, sino algunos medios. Tenemos datos de sobra para hacer frente. Mienten sobre el feminismo. Mienten sobre la inmigración. Mienten sobre nuestra historia. Mienten sobre las políticas públicas. Mienten, mienten y mienten. Mienten porque no soportan la justicia social. No titulemos solo sus ideas entre comillas, como si fueran asépticas. Titulemos con el hedor que desprenden. Titulemos señalando que sus medidas van contra la democracia y los derechos humanos. Titulemos con la verdad: que mienten.