Opinion · Otras miradas

Tony Wakeford: Sol Invictus, Above The Ruins, Death in June y la conexión neonazi

Kiko Amat

Escritor

Tony Wakeford (izquierda), de Death In June, Sol Invictus y Above the Ruins

Tras leer los comentarios de Alberto Monreal sobre boicots antifascistas a conciertos de bandas industrial-marciales o “neofolk” como Death in June, Boyd Rice, NON o Sol Invictus, lo primero que debo decir es que me sorprende que le sorprenda. Puesto que no le conozco personalmente, dudo si atribuir sus excusas a la buena fe, el cinismo, el deseo de epatar o el mero interés comercial. Espero sinceramente que se trate de lo primero.

[Lea La delgada línea nazi: grupos góticos acusados de ultras]

Hablemos de Tony Wakeford, por ejemplo. Wakeford, miembro fundador de Death in June y también fundador de la banda “neofolk” Sol Invictus (y antiguo trotskista airado en el grupo punk Crisis) fue militante del National Front (NF) británico. Hablamos de militancia física, no de camisas pardas, chapas totenkopf y declaraciones ostentoso-racistas para ofender a unos cuantos (ver la foto superior: Wakeford es el del extremo izquierdo de la imagen, en una parada de National Front en Brick Lane, a principios de los 80, en Londres). Tanto Wakeford como Douglas P. (aún en Death in June) han declarado en repetidas ocasiones haberse sentido políticamente afines en su juventud a la rama Strasserita (mal llamada “izquierdista”) del NSDAP, o Partido Nacionalsocialista Alemán.

Hay una relación directa entre Wakeford y Blood & Honour, al menos durante una época (la de Nicky Crane e Ian Stuart, entre 1987-88), y no se trataba ni de «flirteo» ni de tácticas comerciales de pánico social. Tras ser despedido de Death in June (no fue por nazi, como candorosamente apuntan algunos), Wakeford formó en 1986 un grupo de “neofolk” RAC (Rock Against Communism) y ultra patriótico llamado Above The Ruins. No eran “aristotélicos” ni “maldororianos” ni lo hacían por amor al exceso: la banda aparecía en un casete del National Front, el No Surrender #1 (junto a Skrewdriver, para que se entienda), que naturalmente distribuía el mismo partido. Patrick Harrington, del NF, luego Third Way, etcétera, era fan declarado del grupo.

El primer álbum (en formato casete) de Above The Ruins, Songs from the wolf, se distribuía desde el mismo sitio que el Scorpion, la revista nazi Strasserita que llevaba Michael Walker, del British National Party (Walker cobijaba en aquel momento en su piso londinense a Roberto Fiore, el líder neofascista de Terza Posizione, quien había sido acusado de la masacre de Bolonia por el Gobierno italiano). Above The Ruins, el nombre, es una referencia directa a Julius Evola, el intelectual fascio-ruralista misógino (a quien tanto admiraba Fiore o Nick Griffin, del NF).

Por añadidura, todo apunta a que Gary Smith, de No Remorse (infame banda neonazi y RAC británica de Blood & Honour, responsables de canciones aborrecibles como Barbecue in Rostock), tocó durante una época en Sol Invictus (una conclusión a la que llegan dos expertos en RAC y neonazismo skinhead, Robert Forbes y Eddie Stampton, en el completísimo libro The White Nationalist Skinhead Movement).

En Sol Invictus, Wakeford ha continuado escribiendo letras de flirteo con temas criptonazis, europeístas, anti-igualitarios, y (es cierto) también sobre bardos barbudos, lobos errabundos y ciudades en ruinas. Aunque Wakeford ha manifestado en alguna ocasión que “hace veinte años que ya no le interesan esos temas” (se refiere al Tercer Reich), la lírica y espíritu de Sol Invictus no parecen haberse alejado tanto de Above The Ruins.

La cuestión es que existe una conexión innegable entre algunas bandas de “neofolk” y el neonazismo (no digo todas, naturalmente, pero sí un número notable de ellas), así como otra conexión clara entre think tanks de la Tercera Vía como IONA/Scorpion y Transeuropa y el nacimiento del “neofolk”. Ambos conceptos son, en mi opinión, inseparables.

Finalizo con una breve reflexión sobre las inclinaciones y afiliaciones totalitarias de gente como Douglas Pearce o Boyd Rice. Su caso es ligeramente distinto del de Tony Wakeford, pues no nos es posible apuntar a una militancia neonazi tan patente. Los seguidores de ambos artistas afirman que tanto su estética, sus letras o sus declaraciones (sobre campos de exterminio, violación o el resurgir de Europa) están sujetas a interpretación, y que no deberían ser tomadas literalmente, sino consideradas licencia artística.

Mi opinión sobre ambos es que, como dijo alguien de aquel stand-up que hacía gags sobre abuso y a quien pillaron abusando, “se están escondiendo a la vista de todos”. A veces, la mejor manera de disimular algo es llevarlo (irónicamente) de bandera, o racionalizar que llevas un uniforme de las SA a modo de “crítica”. Algo así me resulta extraordinariamente difícil de creer, así que hasta que no se demuestre lo contrario seguiré considerando a los dos artistas como lo que no paran de “simular” que son.  

* Kiko Amat es novelista y autor de Antes del huracán (Anagrama).