Opinión · Otras miradas

La paz es tarea de todas, hagamos las “paces”

Eneko Calle García

Paz con Dignidad, entidad participante del Foro Social Permanente

El Foro Social Permanente (FSP) nace en junio del 2016 y se presenta en sociedad en Aiete en octubre del mismo año. Lo hace con la voluntad de impulsar el proceso de paz en Euskal Herria. Un proceso que se encontraba en una situación de bloqueo e impasse tras las expectativas creadas con la Conferencia Internacional de Aiete en 2011 y el fin de la actividad violenta de ETA.

El Foro Social Permanente, al igual que muchas otras iniciativas, es una dinámica social en la que se articulan diversos agentes sociales (hoy 18 entidades y decenas de personas), siendo su seña de identidad la pluralidad. Pero somos humildes y conscientes de que el Foro Social no representa a todos, pero sí que tiene la voluntad de construir un carril central para facilitar consensos entre diferentes, así como una constante mirada hacia atrás, a las decenas de dinámicas sociales que se han venido generando en nuestro país para acabar con la violencia.

El 15 de mayo de 2018, tras la disolución de ETA y coincidiendo con el 25 aniversario de las “conversaciones de Maroño”, desde el FSP quisimos poner en valor el diálogo multilateral para contribuir a la construcción de la paz. Y lo hicimos en un lugar tan emblemático como la Paloma de la Paz de Donostia. Y es que en 1993 en Arantzazu, se reunieron diversas organizaciones de la sociedad civil vasca con puntos de vista muy diferentes sobre las razones de ser del conflicto, pero que coincidían en que la construcción de una paz duradera era necesaria y que, además, la sociedad civil estaba llamada a jugar un papel determinante en ese proceso. Organizaciones como Elkarri, Gesto por la Paz, Gestoras Pro-Amnistia o Gernika Batzordea fueron algunas de las que participaron.

Todo ello para constatar que el Foro Social no nace de la nada. Existía un acumulado en la sociedad vasca que, en los últimos años, tras la Conferencia Internacional de Aiete en 2011, comenzó a articularse en los conocidos Foros Sociales organizados por Lokarri y Bake Bidea. Unos Foros Sociales que dotaron de una hoja de ruta para la resolución de todas las consecuencias generadas por la violencia y que han posibilitado, entre otras, sentar las bases del escenario en el que nos encontramos hoy en día.

Pero sin duda alguna, si en algo se diferencia el Foro Social Permanente es en que nació con la intención de transformar la participación de la sociedad civil en el proceso de paz, pasando ésta de ser mera espectadora, a ser protagónica del proceso. Y ese ha sido uno de los grandes logros del Foro Social Permanente, que personas y colectivos diversos –sindicales, feministas, internacionalistas, víctimas-, algunos no articulados en el Foro, se pongan de acuerdo y faciliten soluciones innovadoras y creativas para un proceso de paz singular.

Los resultados así lo avalan. Hace dos años hubiese sido imposible pensar que hoy estaríamos en un escenario en el que ETA es ya una organización desarmada y disuelta; o en el que se están fraguando acuerdos transversales en materia de presos y presas vascas, tanto en lo social como por la mayoría de partidos políticos en los Parlamentos Vasco y de Navarra, con el objetivo de poner fin a las políticas penitenciarias de excepción, como el alejamiento o la situación de las personas presas gravemente enfermas.

Pero este nuevo escenario también nos ha llevado a reflexionar sobre los retos y las funciones del propio Foro Social Permanente. En mayo del 2018 comenzamos un proceso de reflexión que lo terminaremos en los próximos meses y que pretende reforzar, renovar y reactivar el Foro Social en su dinámica social con el objetivo de avanzar en la perspectiva de sentar las bases para una convivencia democrática en la que todos los derechos humanos sean respetados. El Foro Social debe seguir existiendo, pero situándonos en la perspectiva de una resolución integral garantía de no repetición.

Las últimas elecciones expresan la voluntad de la ciudadanía de avanzar en la construcción de la convivencia y las entidades del Foro Social siguen decididas a seguir trabajando en ese sentido. Además, los encuentros entre víctimas de este último año (en redes sociales, Universidad de Deusto, Palacio Miramar, EITB, Grupo Noticias, Berria…) y las declaraciones como la de Etxerat y el artículo de opinión de 49 víctimas de ETA, avalan el camino del diálogo como forma de reconocerse en las diversas formas de sufrimiento y avanzar hacia la convivencia. Así como el extenso consenso social, político e institucional, unido a la posición del EPPK, sobre la resolución de la cuestión de las personas presas.

Pero también nos enfrentamos a riesgos palpables en nuestra sociedad. La juventud está “a años luz” de estas cuestiones y la sociedad cansada de ciertos debates permanentes, con todo el peligro que conlleva la desmemoria para una sociedad. Por otro lado, la “batalla del relato” se está imponiendo como un hecho que condiciona los avances en el resto de los aspectos ya citados y las condiciones para avanzar hacia un relato inclusivo aparecen hoy como imposibles. Y por el otro, que la solución al tema de las personas presas se quede en el statu quo actual, caracterizado por el ritmo lento en los acercamientos o en la evolución de grados.

Nuestra labor se centra en alcanzar consensos básicos para hacer frente a esos retos que el proceso de paz nos plantea en los próximos años, siempre con honestidad y para establecer las bases para una convivencia futura. Por todo ello, creemos que la memoria de todo lo sucedido es la mejor garantía para la no repetición. Y el diálogo, el parlamentar, el conversar, la mejor receta para hacer frente al reto de construir una convivencia democrática basada en una cultura de paz que tenga como principal referencia los derechos humanos.

En estos tres años el Foro Social Permanente ha logrado credibilidad y reconocimiento social y político. Por eso nuestro mayor reto es activar a la ciudadanía, a toda la sociedad civil, para que dé un paso adelante y contribuya a construir la necesaria convivencia democrática en este país. Ya lo hemos dicho. Las condiciones objetivas para ello son hoy mejores que las de hace dos años, incluso mejores que las que se crearon en 2011. Y desde luego muchísimo mejores que las que vivían aquellos quienes, hace 25 años, decidieron emprender el camino del diálogo. La paz es tarea de todas, hagamos las “paces”.