Otras miradas

Soy asmática

Ana Pardo de Vera

Directora de 'Público'

El Ayuntamiento de Madrid quiere hacernos creer que con más coches, respiramos mejor en Madrid. Soy asmática desde los 3 años, mi padre también lo es, lo era su madre y me da pánico que mi hijo (5 años) lo sea, porque son enfermedades con muchas posibilidades de transmisión hereditaria.

No suelo hablar del tema porque hago vida normal y procuro tener el asma bajo control, hay grandes avances sanitarios en este área y cuidándose un poco y con poca medicación, siempre bajo control profesional, puede uno tener hasta calidad de vida... Ahora, sin embargo, solo con permiso de los ayuntamientos.

Ése es hoy el problema: hemos llegado a un punto donde da igual que te mediques o te cuides. El asma crónica ya no es controlable y las posibilidades de que tus hijos/as la tengan aumentan exponencialmente, incluso, para los pequeños que no tienen antecedentes familiares.

Así que hoy siento la obligación moral de contar lo que es vivir con asma y lo injusto del trato que estamos recibiendo por parte del Ayuntamiento de Madrid.

A los 3 años ya me ahogaba. Mi asma es alérgica, por lo que con la primavera y la humedad (donde los ácaros habitan alegremente y se reproducen a millones), sufría mucho e iba con el inhalador (bendito Ventolín) siempre en la mano. Lo tomaba constantemente, así que tenía unas jaquecas insoportables.

Cuando tenía una crisis (muy frecuentes en la infancia), dormía sentada y embotada en corticoides, Urbasón, hinchada como un balón y agotada, porque cualquier esfuerzo, sin oxígeno, es un desafío. Era muy pequeña, así que no entendía tampoco lo que me pasaba y por qué no podía correr, saltar o bailar.

Empecé con las vacunas muy pronto; ya saben: te van inyectando dosis de los alérgenos (polen, ácaros, etc.) para ir ‘acostumbrando’ el cuerpo y que llegue un punto que no los rechaces. Esto es, en definitiva y simplificando mucho, la alergia: una reacción del cuerpo contra elementos que no soporta.

Nada. Dos veces mi cuerpo rechazó las vacunas y tuve dos choques anafilácticos (reacción alérgica máxima con muchas posibilidades de muerte casi inmediata): te inyectan adrenalina para que no te dé un infarto si te coge a tiempo. A mí me salvaron las dos veces, otros/as no tuvieron tanta suerte.

En Galicia, con tanta humedad y tanto verde, aunque hacía vida normal, no estaba bien y pasaba días muy malos. Además, tenía rinitis y eccemas: con diez grados bajo cero en Lugo, llevaba la falda con las piernas al aire, porque se me pegaban los tejidos a la piel en carne viva.

Cuando acabé los estudios, me salió una oportunidad de venir a Madrid y lo hice. No lo hice por el asma, pero sin duda, el clima seco me sentaba muchísimo mejor, a mi pesar de gallega militante. Pasé años sin un solo ataque.

Hace años que hago deporte para aumentar mi capacidad pulmonar, sobre todo. Se puede y es muy recomendable. Hace varios años también que he empeorado, desarrollando otro tipo de asma que cursa con toses muy fuertes, bronquitis agudas y hasta neumonías. Los cinco últimos inviernos han sido más duros.

Una invitada a una fiesta familiar, a la que fui con una crisis, me dijo: "Por lo menos, ya sabes de qué vas a morir si mueres de vieja". Ahogada, supongo que quería decir en su delicadeza exquisita esta señora tan simpática...

Efectivamente, los asmáticos tenemos lo que se llaman -según me dijeron en mi último paso por Urgencias- "pulmones sucios", sensibilizados, ‘tocados’,... La contaminación genera muchos nuevos asmáticos, entre otras enfermedades respiratorias, pero a los que ya lo somos, nos agrava la dolencia hasta límites insoportables.

No es mi caso porque he podido tomar las medidas más radicales: irme a vivir fuera, así que aunque respiro aire contaminado unas 14 horas al día en la capital, por la noche y los fines de semana me oxigeno. Y sigo haciendo vida normal, deporte al aire libre incluido.

Yo ‘ya sé de qué voy a morir si no es de vieja’, así que mi gran preocupación es mi hijo. Por él también nos fuimos a vivir fuera de Madrid. El niño tiene carga genética para ser asmático y en Madrid, con semejante nivel de contaminación, estaba abocado a ello. Si no vuelve Madrid Central y si no lo convertimos en Todo Madrid Limpio, difícilmente se podrá vivir aquí sin padecer alguna dolencia respiratoria.

Muchos/as madrileños/as ya la tienen, a algunos/as se les ha cronificado ya y no tiene marcha atrás. El aire corrompido de la capital convertirá su vida en un calvario, hablo con conocimiento de causa. Hay que saber lo que es para entender cuánto sufrimiento puede generar una praxis política y partidista completamente envenenada. Literal.