Otras miradas

Visibilidad bisexual: hacia un bifeminismo

Mar García Puig

Diputada de En Comú Podem

Personas bisexuales reclamando sus derechos frente a la Casa Blanca.
Personas bisexuales reclamando sus derechos frente a la Casa Blanca.

Este 23 de septiembre se reivindica en todo el mundo el día de la visibilidad bisexual. La conjunción de esas dos palabras, visibilidad y bisexualidad, sigue chirriándome año tras año, porque hay un apego entre mi bisexualidad y la penumbra que no parece diluirse en el tiempo. Después de más de veinte años, la sombra del armario del que salí un día sigue de alguna forma presente.

Las personas bisexuales nos enfrentamos a la negación de nuestra orientación sexual por parte de la sociedad, lo que en inglés se conoce como "bisexual ereasure", que bajo pretextos variados (la bisexualidad no existe", "pero si todos tus novios han sido hombres") hacen que nosotras mismas dudemos de la realidad de nuestro deseo.

Dice la poeta Hera Lindsay Bird que "Ser bisexual es no estar en la oficina, ni siquiera para ti misma / como un extraño Narnia sexual sin primavera a la vista".  Efectivamente, para las personas bisexuales muy a menudo no hay nadie ni dentro ni fuera, y vivimos en un país que parece que nos hemos inventado pero al que no podemos ponerle flores.

La falta de referentes bisexuales en nuestra cultura es casi absoluta, y ello contribuye a perpetuar una serie de prejuicios y aumentar la sensación de aislamiento de las personas bisexuales. En la recomendable serie The bisexual, Leila, una mujer recién separada de su novia que tiene su primera experiencia sexual con un hombre, a la pregunta de si es bisexual responde, como si lo hiciera toda la sociedad a coro: "No me gusta esa palabra. No hay nadie, no hay precedentes. Cuando escucho bisexual pienso en una zorra patética. Es vulgar. Es absurdo. Te hace parecer poco sincera. Como si tus genitales no fueran leales, ¿sabes? Como si no tuvieras un criterio, sólo una política de puertas abiertas".

Todo este rechazo es bifobia, bifobia muy a menudo interiorizada, lo que hace que sea incluso más difícil luchar contra ella. Y la bifobia tiene consecuencias graves. Según diversos estudios las personas bisexuales experimentan una negación de identidad, lo que las hace sentir menos aceptadas. Es por ello que tienden a tener tasas más altas de trastornos del estado de ánimo que las personas heterosexuales y las homosexuales, y tienen un mayor riesgo de autolesión e intento de suicidio.

En el caso de las mujeres bisexuales, tienen mayores probabilidades de sufrir violencia sexual que el resto de mujeres. En el Reino Unido, que dispone de estudios específicos, las mujeres bisexuales  tienen cinco veces más probabilidades de sufrir abusos sexuales que las mujeres heterosexuales u homosexuales. Esto se debe a que los medios de comunicación y la pornografía mainstream han representado la bisexualidad femenina únicamente como una forma de satisfacción de la mirada masculina, lo que ha resultado en una deshumanización y objetivación de la mujer bisexual sobre la que se ejerce un mayor grado de abuso y violencia.

Debemos reclamar políticas que hagan frente a las opresiones alrededor de la bisexualidad. Nuestro país sigue sin tener una Ley LGTBI de ámbito estatal capaz de dar respuesta a las necesidades específicas de las personas bisexuales, y la próxima legislatura debe abordarla y aprobarla sin demora. Pero también todos los agentes implicados en la cultura debemos responsabilizarnos y ofrecer referentes bisexuales más allá del tópico y el estigma.

Hoy es para el activismo bisexual un día para denunciar y exigir, pero es un día también para reivindicar todo lo que las personas bisexuales pueden aportar a la sociedad. Si la bisexualidad despierta tanto rechazo es también porque tiene una capacidad subversiva capaz de desafiar la narrativa hegemónica de la sexualidad y poner en duda un binarismo de género que oprime a la sociedad en su conjunto.

Los vínculos entre feminismo y bisexualidad son claros: la indecisión, la inestabilidad, la confusión y la inconstancia son estereotipos que se asocian a la bisexualidad y que también se han asignado tradicionalmente a la feminidad. El feminismo y el activismo bisexual luchan contra ese esencialismo que nos otorga todos estos atributos sólo por nuestro género u orientación sexual.

Hay un espacio para una política bifeminista capaz de contribuir a nuestra comprensión de la bisexualidad y la opresión específica que sufrimos las mujeres. Donde el patriarcado nos quiere estáticas, en compartimentos estancos y unívocas, nosotras proponemos fluidez, multiplicidad y pluralidad.

Y si nos unimos y  hacemos de todo ello las herramientas con las que martillear el muro del binarismo que sostiene el patriarcado y abrir una rendija por la que entre la luz que ilumine los caminos sombríos de la bisexualidad?