Otras miradas

Ni justicia ni verdad

Paula Amieva

Concejal de Elkarrekin Podemos en Getxo

Franquistas concentrados a la salida de los familiares del cementerio de Mingorrubio tras enterrar al dictador Francisco Franco en un panteón junto a su esposa, Carmen Polo, tras su exhumación del Valle de los Caídos. EFE/Javier Lizón
Franquistas concentrados a la salida de los familiares del cementerio de Mingorrubio tras enterrar al dictador Francisco Franco en un panteón junto a su esposa, Carmen Polo, tras su exhumación del Valle de los Caídos. EFE/Javier Lizón

El día 24 de octubre de 2019 pasará a la historia por ser el día en que se exhumó al dictador Franco con todos los honores para ser inhumado en el cementerio de Mingorrubio, donde se encontraba parte de su familia y otras "figuras destacables" del franquismo, aplaudiendo el espectáculo. Y, ligado a esto, irá el nombre del presidente del Gobierno en funciones que se ha empeñado en llevarlo a cabo: Pedro Sanchez.

A mí, como víctima del franquismo, me hace reflexionar profundamente sobre el fondo de los motivos por los que se ha llevado a cabo la exhumación. Nos dijeron que era por reparación, por la memoria de las víctimas, por hacer justicia. Yo desde luego no me siento representada por esto, ni creo que haya servido para hacer justicia si todo se queda en solo exhumar a Franco. Y es fácil que esto ocurra, ya que la vicepresidenta Calvo ha dicho que incluso Primo de Rivera fue una víctima. ¿A esas víctimas se refieren cuando hablan de "homenaje" y reparación?  Y es que cualquiera podría pensar que ha sido porque ya tocaba, porque llevamos 40 años de democracia esperando a gestos como éste, que no es ni mucho menos un hito, pero al menos algo simbólico que era necesario hacer sí lo es. Ahora bien, ¿qué viene después y cómo?

Mi bisabuelo fue uno de los cientos de miles de fusilados por Franco, y que además fueron dejados en una cuneta desconocida junto a otros compañeros en diciembre del 37. Como familiar de una víctima de Franco, lo que creo que debería hacerse primero es pensar en la situación actual de las familias. El motivo es sencillo: la losa de esos 40 años de dictadura cubren mucho más que los más de 33.000 cuerpos que se encuentran bajo el Valle de los Caídos. Con sacar a Franco de allí no es suficiente; tampoco con hablar de quienes están bajo esa basílica. La memoria requiere mucho más: explorar las fosas conocidas, descubrir aquellas que aún no sabemos ni dónde están, cuantas personas están allí, el cuidado de las familias que buscamos recuperar esos restos sin sufrir revictimización, restaurar la historia haciendo justicia y reescribir lo que ocurrió sin ocultar nuestra verdad.

Hubo crímenes que aún siguen sin resolver, hubo fusilamientos y torturas ocultos, hubo entierros de personas en cunetas que dejaron sin derechos a las familias para poder dar sepultura en paz tras este conflicto. Por eso decimos que el franquismo y Franco siguen vivos. A día de hoy, quienes buscamos información de lo ocurrido hace más de 80 años nos encontramos con unas administraciones e instituciones que son más un muro que un espacio que debiera facilitar el acceso al saber lo que sucedió. Solicitar papeles que pertenecen a familiares en pleno 2019 es un auténtico laberinto sin salida. Y solo gracias a las asociaciones y colectivos de la Memoria podemos ir dando pasos, juntando cachitos de historia, poniendo en común el dolor que nos une y que aún no es público ni mucho menos conocido.

En días así, es necesario buscar espacios tranquilos, reflexionar y no entrar en una espiral que despierte odio o sentimientos que no ayudan a continuar con este camino que debemos recorrer. Y esta reflexión la he podido hacer tras haber podido acudir a un medio de comunicación el mismo día de la exhumación, donde trataron de dar voz a las víctimas del franquismo pero a la vez, se hizo durísimo seguir la señal continua, minuto a minuto, de lo que estaba siendo el espectáculo de la exhumación de Franco. Lejos de la discreción e intimidad que había anunciado el gobierno, fue un circo anunciado y retransmitido que blanqueó la imagen del dictador, su familia y los fascistas que protegían y ensalzaban a Tejero.

Y por esto precisamente, en lugar de alivio por el hecho histórico que suponía, solo sentí rabia y dolor al presenciar semejante disparate. Esto no representa a las víctimas, ni es un homenaje a las familias ni supone un hito para nadie, solo una concesión bestial al fascismo. No hasta que se anuncien más pasos, no hasta que haya un compromiso en firme para no tener que esperar otros 40 años para que la Memoria sea una cuestión de estado. Solo con fuerza y voluntad conseguiremos no cesar en nuestro empeño: que la verdad y la reparación sean una realidad.