Otras miradas

La hora de la democracia

Muriel Casals

Presidenta de Òmnium Cultural

Estos días se multiplican en Catalunya los actos en los que grupos, a veces muy numerosos, de ciudadanos se reúnen para expresar su firme voluntad de acudir a las urnas el próximo día 9 de noviembre.

En muchos casos se trata de actos públicos en locales que quedan abarrotados antes de comenzar; lo interesante del caso es que tanto los que están sentados como los que han quedado en la calle comparten expresiones de buen humor. Nadie se enfada si las condiciones de seguridad impiden colocarse de pie al final del teatro, nadie protesta si le toca estar detrás de una columna, dentro y fuera del local se multiplican las muestras de simpatía hacia los ponentes.

Otras veces, como el pasado sábado en la Rambla del Carmel en Barcelona, una vez llenas la sillas preparadas por la organización (por cierto, una preparación excelente de un acto bastante complejo) se iban sumando asistentes en la plaza y las calles adyacentes.

¿Protagonistas? Rotundamente el papel principal lo tienen quienes a simple vista podríamos calificar de espectadores. Ellos y ellas conocen a los que van a hablar y tienen opinión o curiosidad sobre lo que van a decir. Pero normalmente no se trata de discursos sino que sobre el escenario desfila una variedad de espectáculos: canciones en coro, proyecciones audiovisuales, bailes que pueden ser sevillanas o de la tradición catalana, y un etcétera de lo más diverso.

Ponentes; representantes de la organizaciones de la sociedad civil que dedican su tiempo y capacidad de convocatoria a explicar el "proceso"; personalidades de la vida cultural, personas conocidas a través de los medios de comunicación y también de manera significativa representantes de partidos políticos.

Precisamente la comunión, la coincidencia, la voluntad de compartir acciones entre electores y elegidos es una característica del momento cívico que vivimos ahora mismo en Catalunya. Somos conscientes de que nos encontramos en una encrucijada de nuestra historia, sabemos que somos protagonistas de unas circunstancias que van a marcar el futuro.

Por esto hablamos de "proceso". Estamos ante unos hechos dinámicos, vivimos una realidad que cambia día a día ante nuestros ojos iluminados por la ilusión. La esperanza de un futuro mejor nos llena de felicidad y trabajar al lado de gente amiga nos procura un presente lleno de alegría.

¿En qué consiste este "proceso"? Se trata de un movimiento en el doble sentido de la palabra: agrupaciones de personas y transformación social. Personas que se agrupan para conseguir un objetivo y cambios profundos en las estructuras políticas y sociales.

Sabemos que el camino estará lleno de dificultades porque los retos son diversos y complejos. Nunca hemos dicho lo contrario. Ahora bien, nuestra ilusión también es fuerte y transversal porque el presente es duro e injusto para la mayoría de los catalanes, que sueñan con un futuro y un país mejor.

Evidentemente el movimiento conduce hacia la construcción de un nuevo estado europeo, es decir, hacia la independencia de Catalunya. Pero, y esto es muy importante, todos los implicados somos muy conscientes de que nos encontramos en una fase previa. En este momento nuestro anhelo es la oportunidad de expresar el deseo de independencia mediante el mecanismo de la democracia; por eso la expresión que repetimos es "queremos votar". Queremos saber si realmente somos una mayoría, queremos escuchar las razones de los que piensan que hay una alternativa preferible.

Por ello desde la sociedad civil y desde la política planteamos la movilización del próximo 11 de septiembre como el precedente que nos ha de llevar a un 9 de noviembre responsable. Por ello decimos que vamos a llenar las calles como el paso previo a llenar las urnas.

Para nosotros ahora es la hora de la democracia.