Otras miradas

Para cambiar hay que desmitificar estos días

Una pancarta en un balcón en la localidad malagueña de Ronda. REUTERS/Jon Nazca
Una pancarta en un balcón en la localidad malagueña de Ronda. REUTERS/Jon Nazca

Con tantas horas confinados es normal que a veces nos pongamos poéticos y otras trágicos, a veces alarmistas y otras deprimidos, pero creo que tenemos que dejar algunas cosas claras y desmitificar algunas cuestiones antes de que estos días terminen.

Mito 1. "Esto es una guerra"

No, no lo es por más lenguaje bélico que usemos. En una guerra hay búnkeres, aquí estamos en casa con tele y móvil. En una guerra las personas huyen del país con lo puesto y viven en campos de refugiados. En una guerra te operan o atienden bajo bombas y ataques, los médicos no tienen material básico como luz o agua, o los matan antes. En una guerra el ejército sale a luchar, no a ayudar o desinfectar. En una guerra no teletrabajas y ves por la noche Netflix. En una guerra no hay supermercados abiertos con todo disponible. En una guerra queda un país destruido, viviendas incompletas, infraestructuras anuladas e industrias inexistentes. No nos enfrentamos a naciones ni soldados contra soldados. Esto es una crisis con un impacto económico brutal, que requiere política económica, social y gestión sanitaria. 

Mito 2. "Vamos a cambiar siendo mejores"

Pues no, no es obligatorio. Los maltratadores, agresores, proxenetas o narcos no han dejado de maltratar, de abusar de menores, de explotar a mujeres o de vender droga. Lo vemos, también, en que quienes recortaron en sanidad pública dicen ahora que sanidad sí, pero que tampoco tanto. Lo vemos en que hay gente haciendo campañas de odio porque el Gobierno plantea ayudas para comer y vivir.  Miremos atrás. La crisis de 2008 no provocó un estallido de bondad. Acabó siendo un sálvese quien pueda, similar a las subastas que se han producido en las pistas de los aeropuertos estos días atrás, entre países pagando en efectivo para quitarles a otros material sanitario. Incluso conozco muchas personas que pasan por una enfermedad trágica y con los años no cambian. El bueno sigue siendo bueno, y al malo le brota cómo es a los pocos días del susto. No, tampoco necesito estar estos días encerrada para conocerme a mí misma, llevo media vida ya conociéndome, no es preciso un confinamiento para esto. Y yo ya sabía antes dónde estaba la felicidad, hasta el punto de que estos días puedo ser incluso feliz porque tengo techo y comida. No necesitamos maestros espirituales.

Mito 3. "Los sanitarios son héroes"

Una parte del personal sanitario lo ha dicho ya. En un día, han pasado de ser lo más inmundo por denunciar recortes sanitarios a ser héroes y heroínas con capa. Claro que están los primeros. Claro que son los que salvan vidas, pero no son héroes que con unos superpoderes mágicos lo arreglan todo. Son personas, trabajadores y trabajadoras que sólo puede actuar y ejercer su labor si se considera lo que hacen cada día, si se escuchan sus denuncias, sus peticiones, si se les dota del material y los equipos adecuados. No es un héroe quien trabaja en las condiciones que lo han hecho. Son trabajadores en precario exponiendo sus vidas, y personas que han hecho un ejercicio de resistencia infinito, que necesitarán de apoyo psicológico para sobreponerse a ese impacto. Hacerse la foto en el aplauso sanitario cuando, durante años, has pasado o criticado lo que ellos denunciaban es bastante hipócrita.

Mito 4. "Tenemos la mejor sanidad del mundo"

Por supuesto que tenemos una buena sanidad a la que muchas personas, yo entre ellas, estamos eternamente agradecida porque sin ella estábamos muertos. Pero los hechos son los que son y por mucho baile de cifras que nos quieran hacer en la oposición, la realidad es que lo ocurrido no es producto de un solo error, sino de muchas variables. Tenemos todos los días rankings de fallecidos (que me parece algo muy feo) sin explicar que ni todos los países contabilizan igual ni el contexto de cada país es el mismo. Porque resulta que si se siembra bien, se recoge una buena cosecha. Y si viene un oleaje y la playa está bien acondicionada, pues puede haber un muro de contención. Pero si viene un oleaje y no has reforzado ni acondicionado la playa, el mar se la comerá entera.

Y eso es lo que pasa, que hemos dicho aún que teníamos la mejor sanidad tras diez años de recortes. Y empiezas a entender de esto un poco cuando coges los datos de la OCDE y compruebas que España gastaba MENOS de la media de los países europeos. Que España es el cuarto país que más recortó en Sanidad tras Grecia, Islandia y Portugal. Que si en España se gasta 3.233 euros por habitante, dónde voy a compararme con Alemania donde gastan casi el doble (5.896 euros) y donde tienen un 222% más de UCIs que aquí. También tenemos, de media, menos enfermeros y enfermeras (no sé si recuerdan cuántos se fueron al extranjero durante la crisis de 2008). Y eso de que Madrid tuviera la mejor sanidad de Europa es otro bulo que parte, sencillamente, de no saber traducir un documento de la Comisión Europea. Si nuestra sanidad ha tirado hacia delante ha sido porque nuestros sanitarios han suplido como han podido deficiencias. Y a pesar de todo esto tenemos aún al líder del PP con la boca pequeña sin reconocer la importancia de la sanidad pública. Cuando recortas y viene una pandemia como un tsunami,  te devora. No puedes suplir en un día todo lo que falta y has roto en diez años.

Mito 5. "Tengo el privilegio de tener una casa y comida"

A ver, esto es algo que viene de largo y se ha intensificado estos días. Obviamente, respecto a la gente que lo está pasando peor, podemos decir que tenemos suerte de tener techo y comida, pero eso no es un privilegio, es un derecho. Un derecho humano (artículo 25: toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado (...) y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios). No tenemos que caer en la indigencia. Porque justamente, cuando decimos esto, los liberales que quieran recortar gastos nos hacen pasar derechos por privilegios, para justificarlo. Y con ello, precisamente, a quienes no llegan a tener esos derechos, los condenamos a que un mínimo de dignidad en sus vidas se convierta en inalcanzable. Recordemos: pan y rosas.

Mito 6. "Todo esto no es cuestión de política"

Sí y no. No lo es en cuanto a la pandemia, no va por países ni ideologías. La humanidad está por encima. Pero sí es política en cuanto a las soluciones porque el virus ha puesto en evidencia un sistema político y económico y productivo. Que el virus atiende a razones de clases sociales también. Que ha demostrado que la globalización y la desmantelación de la industria ha impedido que tengamos recursos propios para reaccionar. Que apostar solo por el turismo es un modelo que no salva en situaciones así, cuando lo preciso es industria, innovación y ciencia. Y sí, claro que es una cuestión de política. Porque no es lo mismo salir de esta situación con políticas públicas y ayudas sociales, que no dejen a la gente desamparada, que la política que niegue esas ayudas. No es lo mismo apoyar una renta mínima para ayudar a los más vulnerables, que decir que la renta mínima genera dependencia. No es igual construir un país con impuestos, donde los que más tengan, más contribuyan, a construir un país perdonando impuestos a los que más tienen y que dependa de obras de caridad ante situaciones de pobreza o de alerta. Porque la caridad no soluciona un problema estructural sino que, si lo consigue, palía una necesidad en un momento puntual, nada más.

En conclusión… Derribar los mitos de estos días viene bien para empezar a contextualizar, a quitar brillos y parches, para tomar conciencia de la situación real y para empezar a cambiar. Si es que eso, el cambio, realmente se quiere y no queremos volver a repetir la misma historia.