Otras miradas

De Lexatín fácil: alegato en contra de su común administración

Lexatin.
Lexatin.

Conozco a muchísimas personas a las que les han mandado tomar Lexatin por diferentes circunstancias.

Uno de mis mejores amigos se ha quedado en paro por la crisis del coronavirus, y cuando fue al médico para comentar que tenía unos sarpullidos le recetaron el famoso medicamento. Él me comentaba que no necesitaba tomarlo, sino una crema para los sarpullidos y encontrar un trabajo... que el antidepresivo era un parche, una forma de distraer su atención del verdadero problema: que está en paro, con un alquiler que pagar y con cuatro perras en el banco porque los salarios en España son más bien bajitos.

A mí también me lo han mandado dos veces en mi vida, aunque nunca lo he tomado. La primera fue hace tres años, cuando trabajaba y estudiaba al mismo tiempo.

Cobraba 360 euros por media jornada como administrativa-limpiadora-chica para todo, saliendo todos los días casi una hora después del turno. Estaba muy agobiada y no me cogían en ningún sitio mejor, por muchos currículums que echaba.

Durante esos meses me acatarré y, cuando fui al médico, me recetó Frenadol y Lexatin. La doctora me dijo que el estrés había favorecido mi catarro y me mandó los ansiolíticos."Una pastilla antes de acostarte durante un mes y ya verás como vas a estar mucho mejor" y firmó la receta.

La última vez que me recomendaron Lexatin fue hace tres semanas. Fui al médico de digestivo y me lo recetó, explicandome que mis problemas de estómago se debían al "estrés del confinamiento". Una semana más tarde, ingresaba por urgencias con riesgo de septicemia por una infección.

Como decía al principio conozco a muchas personas que toman, han tomado y a las que les han recetado Lexatín y la mayoría de ellas por problemas que se pueden solucionar sin necesidad de la pastilla mágica. Pero claro, se requiere un cambio y, como decía mi amigo al que despidieron por la crisis del coronavirus, el Lexatin como parche va muy bien.

Con esto no quiero decir que esté en contra de los ansiolíticos, para nada; pero sí me posiciono radicalmente en contra de usarlos para todo, de usarlos para que los seres humanos sigamos rodando en un mundo que no para y que nos ahoga a cada paso que damos.

Y es que, en mi humilde opinión, se juntan tres factores que consiguen que muchos médicos firmen la receta y que muchos pacientes la soliciten. Factores que no cambian por sí mismos y que requieren tiempo y dinero.

El primero de ellos es la sociedad precaria y capitalista en la que vivimos. Una rueda que no deja de girar a costa de poner la suela del zapato en el cuello del trabajador. Hay generaciones preparadísimas a las que se les prometió trabajo, que cabalgan entre la temporalidad y el paro.

Hay familias que no llegan, con miembros en el desempleo. Hay personas que con 55 años no saben qué hacer porque a su edad es muy complicado encontrar un empleo. Jóvenes que trabajan de forma absolutamente precaria para pagarse unos estudios que no le garantizarán el salir de esa situación. Personas con sueños rotos y facturas que no dejan de llegar cada mes, lo que hace que su ansiedad sea la sombra de Peter Pan pegada con blu tack.

Por otra parte, tenemos una sanidad que no puede hacer mucho por ayudar a las personas que se encuentran en esa situación y que llegan a sus consultas con la ansiedad al borde del colapso.

Cuando digo que no pueden hacer nada, me refiero a que no tienen una varita mágica con la que cambiar la situación económica y, además, tampoco hay recursos para acudir a la psicología pública con listas de espera que, en algunas provincias, superan los ocho meses.

Los médicos, sin esa varita y sin los recursos para poder derivar a sus pacientes a otros profesionales optan por utilizar otro tipo de "magia" y es ahí cuando aparece el Lexatín.

Y aquí entra el tercer factor: la propia pastilla. Claro que no soluciona absolutamente nada. Seguiremos con un trabajo precario o en paro, un alquiler desorbitado, una montaña de facturas… pero esa ansiedad, ese nudo en el pecho se disipa tras el buche de agua.

Tres elementos que juntos son una bomba de relojería. Por eso es tan fundamental luchar por unas condiciones laborales dignas, votar con conciencia, exigir lo que es nuestro, apoyar la sanidad pública… porque de lo contrario "la generación Lexatín" acabará pasando de singular a plural.