Otras miradas

Madrid aplaude pero no paga

Los M.I.R. (los médicos internos residentes) de Madrid siguen en pie de huelga y maquinan cómo hacer más visible su movilización, después de que la comunidad de Madrid les haya vuelto a dejar tirados. El jueves se reunieron con la mismísima presidenta, que les presentó una propuesta que "agradecen" pero que consideran insuficiente y que pretendía dejar para septiembre los asuntos que tienen que ver con la pasta. Ella y sus consejeros les pidieron que terminasen con la huelga, ellos desconvocaron la manifestación de los lunes por responsabilidad con los rebrotes que vuelven a tenernos muy preocupados. Quedaron en volver a sentarse el viernes, después de que los que mandan hablasen con su consejería de Hacienda, la de los dineros, de cómo avanzar en sus peticiones económicas, entre otras cuestiones que dijeron que tenían que meditar. El viernes, nuestros MIRs fueron todo oídos pero sus teléfonos no sonaron. Ese día no es que no se sentaran de nuevo, es que ni les llamaron. Les dejaron a ellos y a todos los potenciales enfermos que vivimos en Madrid, es decir a todostodos, esperando, como si hubiera algo más urgente.

Porque es verdad que los MIR son solo los médicos estudiantes con contratos de prácticas, pero también son el 37% de la plantilla de los hospitales públicos madrileños;  4.279 profesionales que, según reconoció la propia consejería de sanidad en 2018, son mayoría abrumadora en urgencias y, los fines de semana, las tardes y los veranos, en todos los servicios; y tan héroes como el resto de sanitarios.

Por eso –supongo– se han armado de valor, el mismo con el que atienden solos ictus, infartos o pandemias, y desde hace tres semanas han pasado de las palabras a los hechos, aunque, imponiéndoles el 100% de servicios mínimos, les estén haciendo la huelga imposible. Se niegan a seguir asumiendo responsabilidades sin supervisión que no les corresponden, a seguir siendo los que menos cobran de España –después de los de Canarias– viviendo en una de las ciudades más caras, a hacer jornadas de 32 horas sin descanso entre la guardia y el siguiente turno, a ser solo mano de obra barata explotada por la que llamábamos "la mejor sanidad del mundo".

Y es que ganan entre 1.003 y 1.279 Euros brutos al mes y 10,85 por hora de guardia, durante los cuatro o cinco años que trabajan mientras presuntamente les enseñan, después de cinco o seis, previos, de solo hincar los codos. Y, aunque sus condiciones laborales están marcadas por decreto (Real Decreto 1146/2006, de 6 de octubre), cada comunidad tiene potestad para hacerles la vida mejor o empeorársela. Por ejemplo, en Andalucía y Castilla La Mancha se les subió el sueldo durante la pandemia por "la altísima carga de trabajo", cosa que en Madrid a nadie se le ocurrió, con lo que hemos pasado. Bueno, a nadie no: en el Hospital de Torrejón de Ardoz, tan madrileño como el resto pero privado, acaban de aumentar el salario base a sus MIRs –que también los tienen "trabajando"– más de 200 euros al mes, a lo que han añadido un plus de transporte de 121 euros y las pagas extras completas, en vez de al 50%, como tienen recortadas los MIRs madrileños desde 2010, por la crisis anterior.

Y, aunque en todas las comunidades cuecen habas parecidas, la torpeza política madrileña resulta difícil de entender, dadas las circunstancias de lo que se vivió y se puede volver a vivir en los hospitales madrileños. ¿Cómo no se dan cuenta, en la Puerta del Sol, de que para cualquier mileurista doscientos euros más marcan una gran diferencia? ¿Será que la administración andaluza, tan del PP y de Ciudadanos como la madrileña, es más lista? ¿Será que la murciana, que es del mismo color y ha parado allí la huelga de los MIR antes de que suceda, valora más a sus sanitarios?¿O será que en Madrid cuentan con que aquí todo pasa más rápido y los suyos llevan décadas perdonándoles todo?

Sugiero que nuestros médicos internos residentes, nuestros MIR, nos pidan que volvamos a los balcones todos los días a las 8 no solo para aplaudirles;  esta vez deberíamos hacerlo para forzar que se les trate y se les pague mejor, y animo a que se sumen también los de las cacerolas.  Porque, cuando uno llega a urgencias con un problema grave, vote lo que vote, el MIR no es un estudiante mileurista que comparte piso con otros cinco; ese médico es dios y a dios no se le sisa la propina del cepillo de todos.