Otras miradas

Vida y muerte de una tumba milenaria

Manuel Rojo Guerra

Profesor de Prehistoria, Universidad de Valladolid

Trabajos de excavación en el monolito, en Reinoso (Burgos). Author provided
Trabajos de excavación en el monolito, en Reinoso (Burgos). Author provided

Reinoso es un pequeño pueblo en la comarca burgalesa de La Bureba que se siente orgulloso de su pasado milenario, representado por un sepulcro colectivo conocido por el topónimo en el que se ubica: El Pendón. El equipo que dirijo lleva seis años desentrañando los secretos que encierra entre sus piedras este monumento megalítico construido hace unos 5 500 años.

La vida del monumento ha sido muy azarosa desde su construcción hasta que los arqueólogos nos pusimos manos a la obra. Nuestro objetivo es conocer quiénes lo construyeron, cómo y cuándo se enterraron, el porqué de su aspecto y estado actual y el sinfín de vicisitudes por las que la tumba hubo de pasar hasta detentar el aspecto actual.

El aspecto actual del monumento nada tiene que ver con el que tuvo en su origen. Dicha transfiguración no se ha debido a la casualidad, a la acción del tiempo ni al lógico deterioro de una estructura arquitectónica. No. Todo forma parte de un proceso deliberado, un diseño perfectamente planificado y ejecutado con precisión. Gracias a él, una tumba ha dejado de cumplir su función primaria para detentar definitivamente, a lo largo de milenios y hasta ahora, la función de referente monumental en un paisaje completamente humanizado.

Sus constructores diseñaron un tipo de tumba muy extendida en la península Ibérica que se conoce como sepulcro de corredor. Está compuesto por una estructura megalítica (de grandes piedras) o recinto propiamente funerario, que se compone de un pasillo de acceso (en este caso de unos siete metros), y una cámara ortostática (de grandes piedras enhiestas). Alrededor de esta cámara hay un amontonamiento de piedras que la arropan completamente, y que se conoce como túmulo.

Sin embargo, lo que hoy nos encontramos al excavar es parte de la cámara funeraria principal (seis enormes bloques de caliza) sin pasillo ortostático y un pequeño túmulo de escasos dos metros de radio.

¿Qué ha pasado? ¿Se ha destruido recientemente parte del primitivo diseño de la tumba?

No. El monumento ha tenido dos fases de uso y una de clausura definitiva, que ha supuesto un cambio drástico en su aspecto. Las fases de uso han consistido:

En primer lugar, en una deposición de cadáveres siguiendo la norma habitual en este tipo de monumentos. Estas deposiciones sucesivas, con el tiempo, se convierten en un osario colectivo sin apenas conexiones anatómicas.

Posteriormente hemos documentado un proceso de reducción de cadáveres. Durante este se seleccionaron partes de los mismos (especialmente cráneos y caderas) y se colocaron junto a la base de los ortostatos, en el interior de la cámara. El resto del espacio se dejó para nuevas deposiciones.

Equipo de investigadores trabajando en el megalito.

Por fin, a finales del IV milenio a. n .e, el monumento se clausura de forma drástica. Esto cambió completamente su fisonomía mediante un complejo ritual que incluyó:

  • Desmantelamiento completo del pasillo, cuyas lajas se depositan sobre el último nivel de enterramientos en la cámara.
  • Señalización de la entrada al eliminado pasillo con unas lajas de arenisca muy rojiza y formación de una especie de avenida donde se arrojan huesos largos extraídos de la cámara.
  • Desmantelamiento parcial (un 75 % aproximadamente) del túmulo que rodeaba todo el monumento para arropar únicamente la cámara funeraria principal, que es el único elemento arquitectónico que permanece casi íntegro.
  • Toda esta intervención en el monumento es coetánea a la formación de una pira de huesos en la conjunción de la cámara con el pasillo. Una pira rectangular formada por huesos humanos, sobre todo infantiles.

A partir de este momento la tumba ya no es una tumba, aunque el lugar siga manteniendo su halo místico. De hecho, toda la superficie desmantelada del túmulo debió pavimentarse con piedras de pequeño tamaño según hemos documentado en un pequeño sector excavado. Por eso creemos que el lugar siguió detentando un alto valor simbólico, y fue un referente territorial y un lugar de agregación poblacional donde se desarrollaron rituales durante generaciones.

Nuestro equipo, trabajando en el yacimiento.

Actualmente el proceso de investigación en el monumento se centra en concluir los trabajos de campo para corroborar lo expuesto, exhumar todos los restos humanos que aún quedan depositados en la cámara y los que han llegado a formar parte de la avenida en la que se transformó el pasillo.

Hasta ahora sabemos que los individuos depositados en el dolmen de El Pendón tenían abundantes patologías degenerativas articulares, graves enfermedades bucodentales producidas por el uso de la boca como tercera mano, traumatismos accidentales y violentos (flechas clavadas en huesos) y enfermedades del conducto auditivo que llegaron a necesitar de posibles intervenciones quirúrgicas que serían las primeras de este tipo documentadas en la prehistoria peninsular.


Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

The Conversation