Otras miradas

¡Que le den al 2020!

José Luis Úriz Iglesias

Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE

Fuegos artificiales sobre el Arco de Triunfo en la celebración del nuevo año en los Campos Elíseos de París. REUTERS/Benoit Tessier
Fuegos artificiales sobre el Arco de Triunfo en la celebración del nuevo año en los Campos Elíseos de París. REUTERS/Benoit Tessier

Está finalizando un año 2020 especialmente negro, un bisiesto múltiplo de 10 que nadie hace justo ahora 12 meses pensaba que iba a resultar así.

Por eso en algún anuncio de TV una persona de edad, respondiendo a sus familiares que de jolgorio brindan con cava por el nuevo año, les señala contundente: ¡Que le den al 2020!

Por su cambio de semblante adivinamos, que la sabiduría de la edad consigue que los jóvenes aterricen a la cruda realidad.

Por eso no se acaba de entender que este año nuestras autoridades sigan iluminando calles, por cierto generando riesgos innecesarios a la vista de las imágenes que a diario vemos en la televisión, o que se tenga ganas de fiesta, en demasiadas ocasiones transformadas en peligrosas para el resto de la ciudadanía.

Quizás este año por lo ocurrido merecería un comportamiento más austero y respetuoso con ese sufrimiento. Pero en una sociedad tan insolidaria como la que nos toca sufrir, eso sería como pedir peras al olmo.

Me reconozco amante del buen cine. A veces del bueno y también del no tan bueno, pero siempre cine.

Por eso me entusiasmé con una gran película que en 1982 rodó Peter Weir: El año que vivimos peligrosamente.

En ese gran film se narraba el encuentro, en una Indonesia en plena insurrección comunista contra el Presidente Sukarno,   entre un periodista australiano, Guy Hamilton (Mel Gibson) y un enigmático fotógrafo indonesio, Billy Kwan.

Curiosamente protagonizado por una actriz, Linda Hunt, cuyo inmenso papel fue reconocido con el Oscar de aquel año. Recomendable de nuevo su visión.

Mencionarla desde este país en plena pandemia puede recordar el ambiente en el que se desarrollaba esa gran película. Desde luego su título se podría aplicar a nuestra realidad con un solo cambio, Navidades en lugar de año.

Probablemente esta reflexión debiera titularse Las Navidades que vivimos peligrosamente.

¿Una Yakarta en llamas se puede parecer a una España 2020en pleno sufrimiento por la Covid-19?

En nuestro país en el momento de escribir estas líneas llevamos ya 1.700.000 infectados por este virus cruel, miles de ingresados en hospitales, muchos en las UCI, más de 70.000 muertos en apenas 8 meses.

Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Al igual que allí existen aquí gentes ajenas al sufrimiento, que ahora solo piensan en que estamos próximos a "celebrar" lo que haga falta.

Por eso convendría que como en la película de Weir, nos interroguemos sobre con qué personaje nos identificamos en estas Navidades viviendo peligrosamente, con el ciego de Guy ajeno cobardemente a la realidad que le rodea, o con ese Billy Kwan que en esa ciudad en llamas fue sus ojos.

Película dura, a veces cruel, con un final impregnado en un halo de desesperanza. La muerte de Kwan interpela con crudeza a Guy. Su semblante ya fallecido abatido en el asfalto es de orgullo, porque él ha hecho lo que debía hacer.

De alguna manera le interpela: ¿Y tú qué vas a hacer?

¿Y tú que vas a hacer lector ante estas Navidades atípicas?

¿Ser profundamente solidarios con todas y todos, evitando así que nos lleven a unas Navidades danzando al borde helado del abismo? ¿Evitar así caer y hacer caer a los demás en él? ¿Al igual que Guy cerrar los ojos para ignorar el peligro?

¿O quizás como Billy hacer algo más que mirar, incluso sacando metafóricamente la pancarta desde tu ventana? Recordar que al final de la película, en un acto de rebeldía y heroísmo, él saca una pancarta contra Sukarno desde la ventana del hotel, lo que provoca su muerte.

Creo que este artículo debiera estar dedicado precisamente a Billy Kwan indicando así con claridad cuál es mi apuesta. Aunque sea por el "Pepito grillo", aquel que intenta ser conciencia y testimonio a costa de parecer insufrible.

Pero este año lleno de sombras que está finalizando, también ha tenido rayos de luz y de esperanza. Acaba precisamente con el inicio de una   vacunación que podría ser nuestra salvación.

Justo después de que el mundo se haya quitado un gran peligro de encima. La victoria de Joe Biden sobre Donald Trump abre otra nueva vía a la esperanza de una vida mejor.

Quizás debamos quedarnos con eso.

Veremos...