Otras miradas

El PSOE ante la comisión Kitchen

Sergi Tarrés

Licenciado en Comunicación Audiovisual y asesor político de ERC

Esta semana se reúne la denominada Comisión Kitchen en el Congreso de los Diputados. Una comisión creada, supuestamente, para esclarecer el presunto uso de las estructuras del Ministerio del Interior con la intención de tapar los casos de corrupción del PP. Es decir, el uso de las denominadas cloacas del Estado para el beneficio de un partido en el cargo de Gobierno.

El planteamiento inicial del socio minoritario del Gobierno de coalición era mucho más ambicioso e iba en la línea de lo que partidos como Esquerra Republicana o Bildu también querían. Cómo no, el PSOE ha hecho de PSOE y ha rebajado y diluido del todo las intenciones de Unidas Podemos, como ya viene siendo habitual. A pesar de esto, el partido del presidente, más incómodo que otra cosa, ha tenido que transigir constituyendo la comisión, algo que, de por sí, abrirá la caja de los truenos dentro de las Cortes. Una caja que lleva ya mucho tiempo abierta en los mentideros y en las portadas de algunos periódicos. 

Veremos cuál es finalmente la lista de invitados a comparecer ante sus señorías. El PP, obviamente, se opone a la comisión y amenaza – como es costumbre en su habitual savoir faire- al PSOE con un efecto boomerang. Un efecto que, previsiblemente, existirá. En este sentido, pues, al PSOE le hará falta ingenio parlamentario para tapar lo que supondría evitar llamar a declarar a personajes que les incomodaran también a ellos.

Esto de la "cloaca" viene de lejos, de muy lejos. Seguramente siempre ha existido, en una u otra forma y con unas u otras caras. De hecho, Villarejo ha estado bajo el mandato de más de diez ministros del interior. 

El PSOE podrá decir que no sabía nada de esto y podrá llamar a declarar a tantos del PP como le venga en gana, pero igualmente está atrapado en la madeja. Un partido que tiene a sus espaldas tantos cadáveres políticos -se me entienda- y que a la vez ha sido uno de los principales responsables del blanqueamiento de un régimen que se ha rebelado profundamente corrupto hasta los cimientos. Llamar a declarar a un Rajoy o un Fernández Díaz bajo el mandato de los cuales se produjo la operación Catalunya es tan importante como que se expliquen Felipe González y sus ministros del Interior. La gente, el Pueblo, tiene derecho a saber hasta dónde llega la madriguera de conejo -en palabras de Gabriel Rufián- pues se construye y destruye con el dinero del mismo pueblo. 

El uso de las estructuras públicas para un beneficio privado es algo que parece completamente normalizado. Lo hemos visto desde la mismísima cúspide de la jefatura del Estado a golpe de cañonazo para matar elefantes y presuntos maletines llenos de billetes conseguidos a cambio de la influencia que comporta ser jefe de un país por delegación ciudadana. 

La constitucionalidad, legalidad o moralidad se la trae al pairo a una determinada clase que se considera a sí misma por encima del bien y del mal -y del regular-. Empieza a ser hora, pues, que se explique de qué va esto de la democracia.