Otras miradas

Su democracia

Paco Gracia

Responsable de Memoria Histórica de Podemos

Si salimos a la calle y preguntamos a varias persona al azar por el significado de la palabra democracia lo más seguro es que nos encontremos una definición distinta por cada persona interrogada, tal vez algunas se aproximen mucho entre sí, pero tendremos una amplia amalgama de respuestas, en ocasiones muy divergentes. Lo mismo ocurre cuando consultamos con "expertos" teóricos sobre la democracia, ya que nos podemos encontrar definiciones tan mínimas como la de Samuel P. Huntington, que en su libro La tercera ola pone especial énfasis en la democracia como selección de líderes a través de "limpias, honestas y periódicas elecciones", a otras más elaboradas como la Poliarquía de Robert Dahl, que establece siete condiciones para hablar de democracia (cargos públicos electos, elecciones libres imparciales y frecuentes, libertad de expresión, derecho de asociaciones independientes, fuentes alternativas de acceso a la información y ciudadanía inclusiva). Otros autores fijan la vista en otros aspectos, a mi juicio más interesantes, como Charles Tilly, que en su obra Democracia pone el acento en las relaciones entre Estado y Ciudadanos que se demuestra con "consultas mutuamente vinculantes, amplias, iguales y protegidas.

Es por estas razones que todavía llama más la atención el aquelarre mediático y político al que se ha visto sometido, una vez más, el Secretario General de Podemos y Vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, al decir que nuestro país "tiene una democracia limitada". ¡Qué desfachatez! ¡Un miembro del Gobierno pidiendo más y mejor democracia! han elevado su voz los defensores de nuestra perfecta democracia  con el mismo tono que el capitán Renault gritó "¡Qué escándalo! ¡Aquí se juega!" mientras extendía la mano para recoger su "mordida" de las ganancias del Casino. Supongo que cómo muchos están acostumbrados a extender su mano para recoger sus mordidas y prebendas de esta perfecta democracia es por eso que elevan el grito en el cielo para que nada cambie.

Pero, al igual que una y otra vez las denuncias judiciales contra Podemos se estrellan con la realidad, a poco que se escarbe, esta realidad se vuelve a empeñar en darle la razón a Pablo Iglesias. Por supuesto, pocas democracias aguantarían la comparación con los tipos normativos, tal vez sí con el modelo más laxo de Huntington, donde caben democracias muy limitadas, pero sería muy difícil si nos vamos hacia modelos más exigentes cómo lo que comentamos de Dahl y Tilly, aun así, estas comparativas tienen que hacerse, porque estos modelos debieran ser la estrella polar que guie nuestro camino.

Lo primero que tenemos que tener claro es que la palabra "democracia"  ha tenido un significado distinto para gentes distintas en lugares y tiempos distintos. Es un constructo en conversación y en proceso que se da entre críticos y "practicantes" a lo largo del tiempo. Y por eso que un proceso dinámico, es siempre un proceso incompleto y que corre riesgo de inversión. Entonces,  ¿cómo es posible que las palabras de un miembro del gobierno que solo pretenden poner este debate encima de la mesa, con la intención de mejorar y profundizar  el funcionamiento de nuestra democracia, generen tanto ruido?

Vivimos en una democracia que acaba de meter en la cárcel a un rapero por el contenido de sus canciones; una democracia que tiene políticos en el exilio a los que la legislación belga y alemana no encuentra delitos que justifiquen su extradición a nuestro país, mientras que en España los metemos en la cárcel; una democracia que tiene un rey (solo por esto ya es menos democracia), que tiene un rey emérito en el punto de mira de la justicia por corrupción; una democracia que tiene al principal partido de la oposición, que hace cuatro días estaba en el gobierno, en un permanente juego de la oca-voy  de acusado a otro juzgado porque me toca; una democracia que tiene al Consejo General del Poder Judicial echando un pulso para doblegar a los otros dos poderes, el  ejecutivo y el legislativo; una democracia que tiene a miles de personas enterradas en cunetas y a víctimas del franquismo esperando justicia por  dos artículos que colaron las altas instancias del franquismo en la Ley de Amnistía de 1977; una democracia en la que bancos, grandes inmobiliarias y eléctricas susurran instrucciones al oído de ministros a cambio de jugosas puertas giratoria.  Podríamos seguir y encontraríamos muchos ejemplos de por qué nuestra democracia está muy lejos de esos modelos normativos que serían deseables.

Sobre la democracia y la justicia han teorizado personajes tan relevantes y dispares como Joseph Schumpeter,  Barrington Moore, Robert Dahl, John Rawls, Samuel  Huntington, lmmanuel Wallerstein, Norberto Bobbio, José María Maravall,  Amartya Sen, Carole Pateman, Boaventura de Sousa Santos y un larguísimo etcétera que desbordaría los objetivos de este artículo.  Pero ojo si es Pablo Iglesias quien toma la palabra para poner en la diana las fallas de nuestra democracia: llegarán los demócratas "de toda la vida" a pedir su dimisión, porque parece que ellos y solo ellos saben lo que es la democracia, su democracia.