Otras miradas

¿Habemus manada televisiva?

Parece que ha vuelto a pasar. Mientras seguimos esperando la nueva ley que lo cambie todo, una mujer ha  vuelto a denunciar que se despertó confusa, con dolores íntimos y extraños, con flashes de unas relaciones sexuales grupales no consentidas, en las que estuvo sin haber querido y lo llaman abuso. Es lo que dice una ley vieja, que dicta que solo te agreden sexualmente cuando te intimidan o te pegan. Si son muchos o te drogan y no necesitan ni intimidarte ni pegarte porque ya te han anulado, según esta ley arcaica, no te agreden, solo abusan. ¿Cómo puede no considerarse agresión que te roben la conciencia, la capacidad de defenderte, que te anulen hasta utilizarte como a una muñeca hinchable, convirtiéndote en un objeto que se usa y se presta?

Esta chica francesa que ha denunciado es culpable de haber ido a una fiesta ilegal en Colmenarejo el pasado febrero. Allí había drogas, alcohol y cachondeo. Subió a una habitación con su compañera de piso y con tres hombres. Su amiga quiso tener relaciones sexuales con ellos; ella no, y recuerda que en la nube rara, ajena, súbita en la que se encontró y que cree que era fruto de  burundanga en la bebida, se lo dijo dos veces.

La fiesta terminó abruptamente cuando llegó la policía. En ese momento no denunció porque estaba tan ausente que no era consciente de lo que le había pasado. Horas más tarde, en cuanto volvió en sí y fue capaz de sentir lo que su cuerpo le decía, se fue a la comisaría, que ha encontrado indicios suficientes como para detener a un famosito y a sus dos amigos, los tres que subieron a aquella habitación.

Investigando los detalles de la historia y de la nueva Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, me doy cuenta de cómo y cuánto ha cambiado ser feminista.

Cuando yo era más joven que ahora, serlo suponía pelear por los mismos derechos laborales, por acabar con discriminaciones, por elegir tu camino y huir del que te imponía tu género y, mientras hacías todo eso, cuidarte. No te ponías en situaciones sexuales confusas  porque contabas con que tenías siempre todas las de perder.

Las feministas más jóvenes reclaman el derecho a exponerse sexualmente tanto como quieran. La nueva ley pelea por eso: porque las mujeres puedan ir tan lejos como sus deseos, sin miedo a parar en mitad del trayecto si eso es lo que quieren. Ellas dicen yo voy, que sean ellos los que estén obligados a controlarse.

Más allá de los peros del Consejo General del Poder Judicial y de lo que haya que afinar la ley para que mejore, el solo sí es sí tiene que quedar escrito para que los que no son capaces de discernir si las mujeres con las que mantienen relaciones consienten o no, se vean obligados a aprender. Afortunadamente la mayoría de los hombres no necesita esas clases.

Algunos sí, y encima se muestran por la tele. El presunto inductor y organizador de la fiesta es concursante de La Isla de las tentaciones 3, emitida en estos momentos en prime time aunque se grabara hace meses, y ahora resulta que, según La Vanguardia, tiene varias denuncias por suplantar a un actor porno para que las mujeres le enviaran vídeos y fotos pornográficas.

Si la justicia siguiera su curso rápido podría darse la paradoja de que el programa siguiera vendiendo a este presunto, como al resto de buenorros y buenorras. Supongo que de ser condenado le taparían la cara para no hacer apología de la violación pero sin hurtarnos el resto de su cuerpo serrano. La venta de carne en este formato es su seña de identidad.

En cualquier caso, la producción de este programa no es responsable ni de lejos de los actos de este señor buenorro, pero supongo que para la próxima edición investigarán con más detalle los antecedentes de sus concursantes, tengan la audiencia que tengan el resto de la temporada.

Conviene estar atentos: habrá que ver si la exhibición de un presunto violador aumenta la audiencia de La Isla. Será una prueba para esta televisión, esta sociedad, este país.