Otras miradas

Unidas Podemos y los medios: no es una guerra, es una cacería

Iglesias durante la entrevista en Telemadrid junto a la periodista María Rey.- TELEMADRID
Iglesias durante la entrevista en Telemadrid junto a la periodista María Rey.- TELEMADRID

Lunes 12 de abril. Pablo Iglesias acude al programa 120 minutos de Telemadrid. Para cualquier espectador medianamente atento no es difícil percibir la tensión que se respira en el estudio. A pesar de que Iglesias saca su lado más pedagógico, utilizando datos, citas de Noam Chomsky y reflexiones en largo, a pesar de que su tono es calmado y procura mantener la sonrisa, más que una entrevista aquello parece un careo judicial entre un acusado, el candidato de Unidas Podemos a presidir el Gobierno madrileño, y una fiscal, la periodista María Rey.

¿Hay algo que objetar en la actitud dura de una entrevistadora hacia su invitado? En absoluto. De hecho la tarea del periodismo no son las relaciones públicas, sino la fiscalización de los diversos poderes que conforman esta sociedad. La pregunta general que podemos hacernos es por qué vemos entrevistas incisivas a líderes políticos pero no a líderes económicos: costaría encontrar un ejemplo similar con un gran banquero o empresario como protagonista. Pero por otro lado, siendo más específicos, también cabría preguntarnos en qué lugar queda el periodismo cuando para ejercer su labor se sirve de premisas falsas o de parte utilizándolas como contrapunto informativo.

Vayamos al ejemplo concreto que nos ocupa. Cuando María Rey pregunta a Iglesias, recordando el enorme sufrimiento de hace un año en las residencias, si el entonces vicepresidente de Asuntos Sociales tendió la mano lo suficiente a Isabel Díaz Ayuso, además de insinuar que no lo hizo, parece no recordar lo sucedido. No sólo que las competencias en residencias de ancianos siempre estuvieron bajo control del Gobierno madrileño, sino que fue Ayuso, el 19 de marzo de 2020, la que se negó a que el Ejército interviniera: "No está encima de la mesa", "no se va a hacer", "esta petición no sirve porque el Ejército no tiene capacidad para enviar médicos". Dos días después el Ejército intervino, a petición de Iglesias, que atendió la solicitud de Alberto Reyero, entonces consejero madrileño de Política Social, encontrando un trágico escenario de caos, cadáveres y desatención.

Iglesias ha recordado algo cierto, que aquella situación fue provocada por la decisión de la Comunidad de Madrid de no enviar a los ancianos a los hospitales, a lo que María Rey ha respondido, dejando ya el papel de entrevistadora para pasar al de tertuliana, que ella no "creía" que ningún médico se negara a atender a nadie. Iglesias ha hecho bien al responderle que no se trataba de una cuestión de creencias sino de unas operativas firmadas por el Gobierno de Ayuso. Rey ha vuelto a contestar diciendo que esos días "existieron muchos correos". La periodista de Telemadrid tampoco parecía querer recordar que Iglesias se refería a tres operativas oficiales que primero el Gobierno de Ayuso negó, mintiendo, hasta que diversas filtraciones e informaciones les impidieron seguir haciéndolo.

Resulta paradójico que la entrevista, en la que se iban superponiendo carteles donde se podía leer que "según encuestas, Pablo Iglesias empeoraría el resultado de Isa Serra", comenzara con un duro cuestionamiento de la campaña de denuncia de Unidas Podemos contra la manipulación informativa. Lo cierto es que, al margen de la valía profesional de María Rey, en esta entrevista, en las preguntas referentes a las residencias de ancianos, la periodista de Telemadrid ha obviado datos fundamentales, es decir, la secuencia de hechos, competencias y decisiones, para pasar a repreguntar con una opinión basada en una creencia que, de nuevo, no tenía en cuenta los documentos referidos. Que la guinda a la entrevista la haya puesto el jefe de Opinión de OkDiario, Jaime González, estableciendo una equivalencia entre Unidas Podemos y Vox, tampoco ayuda demasiado a entender de dónde viene la sorpresa corporativista contra la campaña de Podemos.

Eduardo Inda, también en la mañana del lunes en el programa de Ana Rosa Quintana, también a propósito de ese "señalamiento de periodistas" con el que hoy el panorama mediático andaba ofendido como una marquesa a la que se cae el monóculo en el té, ha llamado "gentuza" a Pablo Iglesias e Irene Montero, para pasar a enumerar las razones por las que el obvio insulto no era más que una mera descripción. El director de OKDiario ha comenzado su enumeración con una mentira que suele repetir de forma insistente: "Quien pide que una persona inocente como yo vaya a la cárcel es gentuza, es chusma". Iglesias nunca ha pedido, algo para lo que además como responsable político carece de atribuciones, que Inda vaya a la cárcel. Declaró, el 1 de marzo de 2020: "Quiero decir hoy con toda claridad que nuestra democracia será mejor cuando los responsables políticos, policiales y mediáticos de la cloaca estén donde tienen que estar: en la cárcel".

Si Inda ha formado parte de esa organización corrupta, a la que diferentes sucesos y documentos le han vinculado, serán los jueces los que debieran decidir si ha cometido un delito. Si se da por aludido, si se victimiza tomando el papel de periodista perseguido por "el poder", en vez de asumir su papel de periodista cercano a determinados poderes, es su problema, pero miente cuando expresa que Iglesias le quiere meter a la cárcel. Inda ha continuado diciendo que Podemos "ha sido financiado por dos dictaduras", Irán y Venezuela, país latinoamericano que, por otro lado, no es una dictadura. Inda vuelve a mentir. A pesar de las investigaciones policiales al respecto, se ha demostrado que Podemos no ha sido financiado por ninguno de estos dos países, ¿alguien piensa que si así hubiera sido, después de poner a todos los servicios de inteligencia, a todo el aparato judicial a la caza de esa financiación, no hubieran podido demostrarlo?

Lo que sí sucedió, y esto son hechos, no opiniones, es que OKDiario, el periódico de Eduardo Inda, publicó en 2016 el Informe PISA, un documento fabricado por las cloacas en las que se afirmaba que Irán había financiado a Podemos. Aquel falso informe, además de alimentar la cacería mediática contra Podemos, provocó que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional llevase el caso al Tribunal de Cuentas y que se presentasen denuncias en la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo contra los dirigentes de Podemos. Denuncias que fueron desestimadas sonoramente por los jueces pero que sirvieron para alimentar más la hoguera.

"¿Por qué se le han perdonado tantas fechorías y tantas atrocidades?", se preguntaba Inda para cerrar su intervención. Reformulemos la pregunta, ¿por qué ni la directora de ese programa, Ana Rosa Quintana, ni ninguno de los tertulianos de la mesa, han sido capaces de interrumpir a Inda para aclarar a su audiencia que es mentira que Iglesias quiera meter en la cárcel al periodista y que es mentira que Podemos fue financiado por Venezuela e Irán?

Es más, ¿por qué no se ha preguntado a Inda cuál era la relación que mantenía con los mandos policiales al servicio de Fernández Díaz, y por qué su periódico mantenía una relación privilegiada con las cloacas, a juzgar por las exclusivas publicadas? ¿Por qué nadie le ha recordado a Inda que Alejandro Entrambasaguas, periodista de OkDiario, está acusado por la Fiscalía Provincial de Madrid de acosar a la familia de Iglesias, por lo que pesa sobre él una pena de un año de cárcel?

Que Inda llame "gentuza y chusma" a unos dirigentes políticos, que Carlos Herrera les califique de "basura y escoria" o que Jiménez Losantos amenazara con dispararles con su escopeta son sólo tres apuntes del tono empleado hacia esta formación política, uno con el que se han traspasado todas las líneas rojas constantemente. Ni con estas expresiones, ni con noticias falsas, ni con sesgos periodísticos notables, como los que hemos dejado apuntados en este artículo a modo de ejemplo cotidiano, nadie parece preocuparse demasiado o, si lo hace, calla por una omertá corporativista de difícil justificación. Sin embargo parece preocupar sobremanera que Unidas Podemos lance una campaña cuyo mensaje es "ellos ya han hablado mucho, ahora que hable la mayoría".

Lo ideal, en democracia, es que un partido político no califique a los medios de comunicación ni a los profesionales que trabajan en los mismos. Tomando como premisa que esos medios hagan su trabajo, en el que por supuesto puede entrar la crítica a ese partido. La crítica a sus medidas económicas, fiscales o laborales, pongamos por caso, no el insulto desmedido y continuado y la fabricación de un clima de ilegitimidad, en connivencia con aparatos del Estado corruptos, contra esa formación política. Ya no es simplemente una línea editorial contraria a Podemos, es una guerra comunicativa de diferente intensidad librada sin reparos, sin que nadie les tosa dentro del periodismo español. No es UP quien señala o "pone una diana" a los periodistas, sino quien lanza una campaña para defenderse y poner en el debate público el papel de estos medios.

María Rey, la periodista de Telemadrid con la que iniciamos el artículo, ha respondido a la crítica de Iglesias a los medios que a ella le apenaba que los periodistas sean el centro del debate porque a los ciudadanos, seguramente, les interesan otros temas. Y, bajo mi punto de vista, lleva razón, salvo que yerra en la atribución de responsabilidad. Puede que Iglesias se equivoque, o acierte, al dedicar atención a este debate. Lo que es seguro es que por cada mentira que Inda ha publicado en su periódico hemos dejado de hablar de derechos laborales, que por cada numerito de Ana Rosa ha permitido en su programa hemos quitado tiempo a conocer quién está detrás de los fondos buitres, o que por cada insulto que Carlos Herrera ha vomitado desde su micrófono hemos perdido la oportunidad de debatir sobre la necesidad de un modelo de banca pública.

Tanto es así que los que hemos sido críticos con Podemos e Iglesias en temas tan dispares como su primer populismo, su errática política con el nacionalismo o el reciente proyecto de Ley Trans, ni siquiera tenemos oportunidad de seguir siéndolo por carecer de espacio estos temas en el debate público. Toca desmentir una mentira clamorosa, analizar una manipulación de libro o debatir por qué es peligroso que un líder de opinión amenace con disparar con su escopeta a un político. Eso y la vergüenza que algunos, aun escribiendo, tenemos.