Otras miradas

Un niño en Palestina

Ghaleb Jaber Ibrahim

Médico y empresario palestino. Doctor en Periodismo. Presidente de la Fundación Araguaney.

Una familia ondea las banderas en defensa de Palestina. - Alberto Valdes / EFE
Una familia ondea las banderas en defensa de Palestina. - Alberto Valdes / EFE

Un niño va a comprar el pan y de regreso a casa, un colono se cruza con él y le intenta quitar la barra por la fuerza. En ese momento pasan un americano y su mujer europea. Cogen la barra, la parten en dos y le dan la mitad a cada uno, una parte al niño palestino y la otra al colono judío. El pobre niño sigue su camino llorando y amarrado a su media barra cuando de nuevo es atacado por otro colono que, otra vez, le arrebata el pan que le queda. El matrimonio, que presencia la nueva escena, interviene para actuar a su manera, partir la media barra y repartirla con el último agresor. Por fin y después de otro asalto más, llega el niño a casa con apenas un trocito de pan y la cara llena de golpes. La madre, que estaba en la cocina, sale con celeridad al ver llegar a su hijo. Todavía llevaba el cuchillo en la mano. Sin siquiera cruzar la puerta de su domicilio, se encuentra con una patrulla de seis soldados israelíes, armados hasta los dientes, que sin mediar palabra le pegan un tiro acabando con su vida en ese mismo instante y delante de su hijo. El motivo: 'Estaba amenazando la seguridad del Estado de Israel'. La indignación del vecindario se traduce en el lanzamiento de piedras contra el ejército que en pocos minutos ya se había reforzado en número de armas y soldados. Más muertes, múltiples heridos y detenidos. El matrimonio es testigo de todo lo ocurrido y apela a la serenidad. Al tiempo que sacan fotos de la escena, repiten una y otra vez el argumento de la culpabilidad compartida ya que, según ellos, la madre muerta fue quien comenzó la agresión. Mientras este es el proceder de los agresores y de los observantes, el niño palestino se quedó sin su barra de pan, sin casa y sin madre. Y todo por la ley de Israel y los poderes emanados de su condición de pueblo elegido".

Esto que parece un cuento de novela negra es un hecho real, además, nada excepcional. El genocidio de una fuerza ocupante, el apoyo explícito de EE.UU. a Israel y la cobarde equidistancia con la que Europa interpreta el conflicto conforman uno de los más dramáticos desastres humanitarios de toda la historia.

Siendo este el día a día de Palestina, que cada uno apele a su conciencia cuando observa como en esta misma semana y en unas horas, una decena de niños han muerto, quizá con un trozo de pan debajo del brazo y sin saber que han hecho para tal desenlace. Toc, toc, ¿hay alguien ahí?

En Palestina la muerte es la mayor de las tragedias, pero la vida es una experiencia insoportable.