Otras miradas

SpainBnb

Turistas británicos a su llegada al aeropuerto de Malaga-Costa del Sol. REUTERS/Jon Nazca
Turistas británicos a su llegada al aeropuerto de Malaga-Costa del Sol. REUTERS/Jon Nazca

Traca traca traca traca traca traca.

¿Lo escuchan? No es el silencio.

Vuelve el característico ruido de traqueteo de maletas con ruedas por la acera, vuelven las fiestas hasta las tantas en los pisos turísticos, las despedidas de soltera, los cánticos etílicos de madrugadas…

Vuelve la banda sonora original del centro de muchas de nuestras ciudades. Vuelve el turismo.

Y España vuelve a ser lo que era: SpainBnb, el Airbnb de Europa.

Los que primero nos invadieron fueron los franceses, como ya es tradición en nuestra historia, con sus turistas borrachos de fiesta en las calles sin mascarilla y sin distancia social tras el toque de queda, viniendo a España escapando de las restricciones de su país.

Todos aún recordamos esa icónica foto de Olmo Calvo en las calles de Madrid con una francesa bolsa en mano de El Corte Inglés emulando al famoso cuadro de Delacroix, o a Díaz Ayuso, como la libertad guiando al pueblo.

Poco a poco se han ido incorporando turistas de otros países a llenar esas terrazas de las costas o del centro de nuestras ciudades que se habían quedado vacías porque su negocio consistía en cobrar cervezas a precio de champán y paellas congeladas a precio de caviar a los guiris, una estafa con vistas.

Este verano se espera la llegada masiva del turismo del resto de Europa a nuestras costas y ciudades.

¿Volverá con esta "nueva anormalidad" España a convertirse en un apartamento turístico descomunal? ¿Volveremos a ser el patio de recreo de nuestros vecinos del norte? ¿O ese vecino ruidoso famoso por sus fiestas al que el resto de la comunidad mira mal cada vez que sube al ascensor?

¿O apostaremos de una vez por el turismo sostenible, por un turismo de calidad interesado en un país con una de las mejores ofertas culturales del mundo, en vez del pelotazo y palante, como si fuéramos un equipo de fútbol de Camacho?

Una crisis tan brutal como ésta, nos ha demostrado que el turismo es una importante fuente de ingresos, pero no debería ser la única y menos en los próximos tiempos en los que el turismo de masas va a tardar en volver a ser, si lo hace alguna vez, lo que fue antes de la pandemia.

España necesita cambiar de paradigma y pasar de una vez por todas del turismo del "Museo del Jamón" al turismo del "Museo del Prado".

Igual la lluvia de millones de euros que nos caerá de Europa como agua caída del cielo es una forma de regar nuestro país de ayudas para que florezca una nueva economía y apostar decididamente por la cultura, que tan necesaria e importante se ha demostrado en esta pandemia, apostar por la supervivencia de nuestros barrios y sus comercios locales y sostenibles en vez de franquicias que unifican las ciudades, gentrifican y expulsan a los vecinos de sus hogares.

Igual deberíamos plantearnos cambiar el modelo de país que queremos de una vez, y pasar de los tiempos de Bienvenido, Mister Marshall y de El turismo es un gran invento para apostar por el turismo doméstico y un tipo de economía y de modelo de sociedad donde prime el beneficio de la comunidad y no el beneficio propio.

Pasar de ser un país sostenido por el turismo a uno con un turismo sostenible. No depender de un turismo engañaguiris de caña y tapa, que lo que tapa son las carencias de un modelo productivo basado casi exclusivamente en el sol y la playa.

Pero algo parece que está cambiado en este modelo de economía y no sólo en nuestro país. No somos iguales después de haber pasado por esta terrible pandemia y muchos nos hemos planteado muchas cosas, entre otras nuestra relación con el trabajo.

Algunos hosteleros se están empezando a encontrar que ya no sirve el "lo tomas o lo dejas, esto es así" y se ven en dificultades para conseguir camareros dispuestos a trabajar en condiciones de semi esclavitud por un sueldo ridículo, algo impensable hace solamente un par de temporadas.

Si queremos un país con un turismo digno tenemos que empezar valorando adecuadamente a la primera línea de los trabajadores que lo hacen posible. ¿Cómo? Joe Biden lo explicó hace poco y le bastaron dos palabras, las dos palabras con la fórmula mágica: "Pagadles más".

Después de esta merecida fiesta para celebrar el tramo final de la pandemia y de la borrachera de la libertad y el verano recuperados, seguramente tendremos una buena resaca, a ver si esta vez recapacitamos y hacemos caso a la promesa de no volver a repetir la borrachera de consumismo y de ultraliberalismo que tanto daño nos ha hecho en estas últimas décadas.