Otras miradas

Puta

Imagen de la cantante Zahara en el polémico cartel de Toledo.

El último ataque a la libertad de expresión ha ocurrido en Toledo. Vox ha pedido la cancelación del concierto de Zahara por "ofensas extremas a la virgen" debido a un cartel en el que la artista aparece vestida de virgen María con una banda en la que puede leerse "puta". El ayuntamiento de Toledo, gobernado por el PSOE, ha retirado finalmente el cartel. Hay quien asegura que el cartel ofendía a la Virgen, pero la Virgen aún no ha querido hacer declaraciones.

Es el enésimo ataque contra artistas que intentan hacer uso de un derecho fundamental. Sin embargo, ellos, los ofendidos pueden danzar en autobuses del odio en los que discriminan por género a la infancia, pueden colocar carteles en el metro de Madrid en los que atacan directamente a un colectivo vulnerable, los llamados menores no acompañados, los niños y niñas más desprotegidos de la sociedad. Pueden porque el poder les ampara, porque ellos mismos son el poder.

Ellos usan toda la maquinaria para cancelar cualquier evento que ofenda mínimamente sus creencias, pero no son capaces de respetar a personas reales, que sí existen más allá de una ficción como puede ser la Biblia por muy respetable que sea una creencia.

No es muy difícil imaginar el peso que la Iglesia ha tenido en esta decisión última sobre el cartel de Zahara. Igual que hicieron en su momento con las manifestantes feministas de El Coño Insumiso en Sevilla, a las que se les llegó a pedir años de cárcel y a las que se absolvió porque se demostró que no habían cometido ningún delito, ya que fue una protesta dirigida a poner sobre la mesa la precariedad, la desigualdad salarial y la denuncia hacia las violencias machistas. Como en el caso de Zahara.

Es obvio que todos nos podemos sentir ofendidos, pero solo una parte de la población tiene un respaldo jurídico. A mí me ofenden continuamente las declaraciones de líderes políticos de extrema derecha y su odio hacia lo diferente y las minorías, pero ¿quién nos defiende a nosotras de sus ataques? La ofensa solo se permite cuando es de abajo hacia arriba, pero nunca al revés.

Mi pregunta ahora es dónde queda el derecho fundamental recogido en el artículo 20 de la Constitución y en el Convenio Europeo de Derechos Humanos en su artículo 10: a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Y la respuesta es que de solicitar un recurso de amparo, cabe esperar que se daría la razón a los canceladores, porque es lo que lleva ocurriendo peligrosamente en los últimos años, si es que acaso no ha ocurrido siempre desde 1936.

A quienes tanto les ha ofendido la imagen del cartel de Zahara, igual que cualquier cartel que no lleve a Franco, santos, toros o arribas españa, podría pedírsele que hiciera un ejercicio de comprensión -ingenua de mí-, que escuchara el disco y las declaraciones de la cantante sobre "Puta" porque quizá así no se sentirían tan ofendidos. O igual sí, porque a lo mejor son los mismos que la llamarían puta a ella o a cualquiera de nosotras.

Lo cierto es que si hubiera habido algún delito contra los sentimientos religiosos tendrían que haber seguido un proceso jurídico, que hubieran perdido. Ya no lo necesitan. Ya pasan por alto de los juzgados y de la ley porque ellos son quienes dominan al poder judicial. Lo gravísimo de esta situación es que el PSOE haya cedido a las presiones y haya sucumbido. Eso nos deja en una situación de desprotección brutal y al arte y a la cultura señalados, avisados y cancelados. La Ley Mordaza, aún sin derogar, no hace sino darles la razón y poseerles de aún más mecanismos para el día que gobiernen. Como si no estuvieran gobernando ya.

Por todo ello, desde aquí animo a los y las artistas, a las personas de la sociedad civil, usuarios de redes sociales a ser más libres que nunca, a usar el derecho a la libertad de expresión, enmarcado en la Constitución, pero amenazado por la extrema derecha, a crear y difundir lo que se sienta, porque solo así habremos ganado y protegido uno de los fundamentos esenciales de una sociedad democrática.