Otras miradas

Feminismo tranquilísimo

Ángela Rodriguez

Feminista y secretaria de LGTBi de Podemos. Asesora del Ministerio de Igualdad

Manifestantes, durante la concentración convocada por asociaciones LGTBI+ para denunciar la pasividad de las instituciones madrileñas ante la ola de agresiones que sufren, este sábado en Madrid. EFE/ Víctor Lerena

Desde que supe que iba a escribir con más frecuencia aquí han pasado demasiadas cosas como para conseguir cerrar este texto sin que perdiera su vigencia en cuestión de horas, y eso que mi  intención no iba más allá de opinar sobre las lindes del debate feminista de turno. Todos mis posibles artículos han quedado desactualizados esta semana, así que sea este texto almanaque de todos ellos, una primera declaración de intenciones. 

No pretendo encestar un triple ni marcar el gol. No aspiro a ser la primera en ponerle nombre al asunto que más tuits produzca esa semana. No quiero validar ni cancelar la opinión de nadie por su número de seguidores ni por sus opiniones o errores del pasado. No quiero decidir lo que es un error y lo que no lo es. No quiero apresurarme a condenar ninguna situación. Este no será otro recetario moral, ni siquiera, la filosofía me libre, una investigación sobre la verdad de los hechos. Solo quiero hacer feminismo, pero ya les advierto que será un feminismo lento, espero que sereno, aunque eso me obligue a aplicarme a mí misma, y con dureza, y en cada palabra; lo que he jurado dos líneas antes no aplicar a los demás. Vamos a calmarnos. 

Desearía que no existiera Twitter. Y no estoy hablando de dejarlo, sino que desearía que no existiera. Me gustaría levantarme mañana y que tuviéramos que buscarnos de otro modo más pausado para decidir nuestros posicionamientos. Y claro que lo pienso por lo que ha sucedido esta semana. ¿Son suficientes 24 horas para saber y confirmar que un suceso es real? ¿Acaso importa ya lo que es real y lo que no para hacer política o periodismo? ¿Son suficientes 4 minutos? ¿140 caracteres? ¿Un challenge de TikTok, un reels de Instagram? Me pregunto con cierta ansiedad si la inmediatez de la última hora es compatible con la construcción de valoraciones y discursos veraces sobre esa última hora, y, especialmente, si pueden ser justos con todos sus protagonistas. De verdad que me pregunto si el framing, cancelling, el  flaming, el hype, el like o el engagement son compatibles con la empatía o la justicia social. Y sobre todo, me interesa mucho lo que el feminismo puede hacer para que sí lo fueran. 

Desearía que no existiera Twitter, pero existe. Y por ello, y aun pensando lo que pensamos muchas de la relación de la masculinidad normativa con la competición agotadora por instalar un relato, especialmente en Twitter, no vamos a dejar de pelear por estar ahí. Eso sí, propongo hacerlo encomendándonos a las nuestras, y agarrarnos así, como si de una estampita de la virgen se tratara, a aquello de Audre Lorde de que no se puede tomar la casa del amo con las herramientas del amo. Quizás las feministas tengamos la inconmensurable tarea de nuestro tiempo de discutir, disentir y acordar de otro modo sobre lo que acontece. 

Es por ello que son de agradecer los grises, que no la equidistancia. Me atrevería a decir que nada se cotiza más en los últimos tiempos que aquellos exóticos y exóticas que introducen matices en sus relatos. Leo siempre con avidez a esas valientes. No quiero sentencias, quiero que me hagan dudar como esta semana hicieron. Dudar sobre si era más importante una denuncia falsa que la valiosísima y colectiva construcción del yo sí te creo, que no es otra cosa que el acto más radical de empatía que como sociedad podemos tener. Creernos, a pesar del marco instalado, a pesar del bando en el que eso te posicione. Creernos para recordar que esas batallas rápidas en las que parece que hay que elegir entre #YoTambiénSoyUnMaricóndeMierda o #ElBuloDelCulo; o entre #TienesUnCoñoMásGrandeQueEstaMesa o #IreneMonteroDimisión; o entre #NoSoloDuelenLosGolpes o #ElFeminismoEsUndelitoDeOdioContraLosHombres; no son en realidad las batallas del feminismo. Precisamente creo que la inesquivable necesidad de nuestro tiempo de elegir entre esos dos bandos, o cualesquiera otros, no es más que un ejemplo contemporáneo de las herramientas del amo. Hagamos feminismo, hagamos de otro modo el relato, recordemos que nunca los relatos de ganadores y vencidos son neutros. Nuestras son las palabras, aunque a veces con ellas perdamos followers.