Otras miradas

Yolanda Díaz, ¿presidenta?

Xoán Hermida

Historiador y director del Foro OBenComún

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, asiste a la sesión de control al Gobierno celebrada en el Congreso de los diputados en Madrid este miércoles.- EFE / Javier Lizón

Recientemente tanto José Félix Tezanos como Iván Redondo han destacado las fortalezas demoscópicas de Yolanda Díaz. El primero dándole un crecimiento significativo en las encuestas a UP, el segundo llegando a pronosticar que podría ser la próxima presidenta del gobierno.

Bien es cierto que los pronósticos y análisis de ambos no son muy de fiar. Tezanos es el mismo que se empeñó en demostrar las posibilidades de la izquierda en las pasadas elecciones madrileñas desatendiendo todos los datos sociológicos que apuntaban la existencia de una corriente de fondo favorable a la derecha, más allá de la campaña electoral (la comparativa del resultado final con el recuento CERA demuestran a la clara que la victoria de Ayuso no se labro en quince días de campaña). Con Redondo ya no se sabe cuáles son errores y sus aciertos porque existe una nebulosa que no deja claro donde existe responsabilidad directa o no, y desde su salida de la Moncloa todo está impregnado de una cierta vendetta.

En todo caso, ¿y si esta vez tuvieran algo de razón estos ‘gigantes’ de la sociología aplicada?

Llevo diciendo hace tiempo que si bien es cierto que la nueva política en general -Podemos en particular- está muerta, y asistimos a un repliegue bipartidista; al contrario, el episodio de cambio, abierto simbólicamente por el 15M, no lo está en la medida que los motivos que dieron lugar a su aparición siguen sin tener respuesta una década después y que la desafección -por lo tanto, la crisis de representatividad- no solo no se ha resuelto, sino que se ha ampliado la brecha entre la sociedad y sus representantes.

En ese contexto cualquier iniciativa que pase por superar Podemos y retomar la senda del 15M puede tener cierto éxito electoral, bien para frenar la caída, bien para retomar una senda ascendente.

En ese sentido, solamente la sustitución de Pablo Iglesias por Yolanda Díaz en el liderazgo del espacio de Unidas Podemos ya ha tenido un resultado práctico, que es la bajada de decibelios en la política española, que en un momento de crisis institucional como en el que estamos instalados es una buena noticia para la democracia.

Se dice que el proyecto de Yolanda Díaz es personalista, nada diferente a lo que cualquier otro proyecto viejo o nuevo de la política española de los últimos tiempos. También se critica su ambición. Podría echar mano de un argumentario feminista, pero demasiado simple. Mejor referenciarse en la respuesta que Thaddeus Stevens, líder del sector radical del partido republicano, dio a los congresistas cuando pusieron en cuestión la moralidad de Lincoln: "¿Confianza? ¡Oh, lo siento! Estaba bajo el malentendido de que la profesión elegida por ustedes era la política". Conozco a Yolanda Díaz hace años y es una persona que no se mueve por el sectarismo y es elegante en la contienda política. Cuando la crisis de los noventa de Izquierda Unida nos tocó estar en posiciones enfrentadas lo cual no impidió mantener la amistad ni que volviéramos a colaborar en Alternativa Galega de Esquerdas. El final de En Marea merecería un apartado específico y bien se podría decir: ‘el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’ (A saída da encrucillada, Epitafio para a nova política en Galicia; OBenComún; 2021). Si hay una persona que por su capacidad de trabajo y seducción puede reflotar el espacio radical democrático es sin duda ella. No obstante, el proyecto de ‘frente amplio’ –voy a respetar la denominación aparecida en prensa en este tiempo- tiene cuatro problemas para su avance.

1. La corriente de fondo que juega a favor de la derecha en España, con datos demoscópicos muy preocupantes, solo explicables ante la sensación de una parte importante del electorado de que la izquierda ha renunciado a tener un proyecto nacional. Y digo bien, proyecto nacional, porque las construcciones de identidad no son en el siglo XXI exclusivistas y por lo tanto se puede tener un proyecto nacional para España, desde el convencimiento de la existencia de realidades nacionales en su interior o del deseo democrático –casi una necesidad en una globalización bipolar chino-americana- de culminar la construcción nacional de Europa.

2. La reducción del nuevo proyecto a la esquina del tablero, a la tentación de refundación del espacio de la izquierda del PSOE o a la nostálgica recreación de un frentepopulismo sectario que lo situaría como una alianza no constructiva, arrinconada y sin capacidad de llegar a amplios sectores sociales. La cosa es así: no existe unidad de la izquierda sin la participación del PSOE y no existe una alternativa de radicalidad y regeneracionismo democrático con el PSOE. O, dicho de otra forma: la nueva política no venía para refundar los espacios de la izquierda y de la derecha extrema y convertir la democracia española en el galimatías en el que se tiene convertido, sino a substituir las viejas élites por unas nuevas y al PP y PSOE por Cs y Podemos, respectivamente.  Las últimas declaraciones de Yolanda Díaz apuntan a una apuesta por construir un proyecto transversal, recuperando el impulso originario del 15M y el ideario del primer Podemos. Imagino que es consciente que con esa apuesta se cruza un punto de no retorno que no gustará a los actuales dirigentes de Podemos.

3. El papel de los partidos. Sé de la coincidencia intelectual de Yolanda Díaz con muchos de los que desde el ciudadanismo formulamos diferentes salidas al papel asfixiante de los partidos -no confundir con la necesidad de una cultura organizativa y una metodología eficaz-. Son numerosas las intervenciones en los últimos años, algunas compartiendo palestra, en las que tenemos reflexionado sobre ello, pero una cosa es la expresión sincera de una idea y otra si en la práctica es posible abordar esa renovación o si algunos de los activos para un proceso de esa magnitud no tienden a atajar por un cierto tacticismo cortoplacista que antepone las urgencias a las necesidades. Y volver a empezar. En Galicia seria el cuarto punto de partida en 8 años.

Y esto enlaza con el cuarto problema.

4. La desconfianza compartida por muchos en esta última etapa.  Las anteriores crisis de la izquierda, pongamos la del PCE de 82 o la de IU del 97, tenían que ver con el surgimiento de nuevas realidades a las que se intentaba dar soluciones desde posiciones diferentes legítimas y honestamente formuladas en el debate. A la pérdida de influencia del PCE a partir de la hegemonía del PSOE al final de la transición o a la caída del muro de Berlín y la crisis general del sovietismo a finales del siglo pasado. A diferencia de estas, la crisis de la nueva política tiene un desarrollo de poca honestidad militante e intelectual.  Las personas que se incorporaron -o reincorporaron- a la política a raíz del 15M lo hicieron movidos por unos estándares de regeneracionismo ético y de radicalidad democrática que para nada fueron abordados. Asistimos a una crisis de mayor calado por su dimensión, pues afectaba a sectores más amplios que los tradicionales de la izquierda, y por la sensación de estafa. Eso va a significar que una buena parte de los posibles receptores de la oferta de Yolanda Díaz no se vean esta vez interpelados o miren con desconfianza la enésima propuesta de unidad.

En todo caso mis mejores deseos a Yolanda Díaz en su nuevo proyecto, porque sería un orgullo –y casi una revancha poética- que como gallega alcanzara sus objetivos.

Tres fueron los primeros ministros gallegos en la España contemporánea y todos asumieron su cargo en momentos de crisis institucional. Dos de ellos, Casares Quiroga y Mariano Rajoy, actuaron como el avestruz, mirando para otro lado delante de los importantes retos a abordar. Quiroga no fue capaz de reconducir cara a la concordia el ambiente radicalizado de la España del 36, asegurando el respecto al estado de derecho y prestando atención a las numerosas advertencias de golpe de estado. Rajoy no abordo la dinámica catalana con la audacia política requerida, esperando al incumplimiento de la legalidad y no dejando más salida que abordar está con soluciones policiales y judiciales. El tercero, Pórtela Valladares, actuó llevado por una posición escrupulosamente democrática y con la calidad humana necesaria para evitar el conflicto.

Intuyo que la aventura de Yolanda Díaz no va a acabar -por ahora- en la Moncloa, pero de ser así, deseo que su presidencia se mueva en el marco de la corriente humanista de Pórtela Valladares y no en la del escaqueo irresponsable que caracterizo la presidencia de los otros dos para que no se siga confundiendo la desgana y la irresponsabilidad con un carácter tan propio de los gallegos como la capacidad de engañar a la realidad para soñar nuevas esperanzas.