Otras miradas

¿La izquierda rompe el feminismo?

Marta Nebot

La Comisión 8M, la que organiza la manifestación más sonada del día de la igualdad entre hombres y mujeres desde hace más de cuarenta años, convoca esta vez a salir a la calle para mostrar "juntas" la potencia y la diversidad del feminismo y nuestro inmenso poder transformador con un manifiesto emocionante que ya circula entre bambalinas.

Las convocantes declaran, nada más y nada menos, que las feministas cambiaremos el mundo porque lo que defendemos es una igualdad que no acepta que unas vidas sean más valiosas que otras y que, por lo tanto, promovemos una alternativa al individualismo, al consumismo y a las privatizaciones. Internacionalizan la lucha y la esperanza, al margen incluso de los géneros y de l@s que creen que la igualdad puede ser de derechas. Sencillamente creen que un mundo justo es posible y que la lucha feminista es la lucha por eso, un grito global que viene de muy lejos, como cuenta nuestra historia.

En 2015, en un libro titulado Avanzadoras publicado por Oxfam, escribí que las luchas feministas históricamente siempre han servido a muchos más que a las mujeres. Según algunos historiadores, la primera manifestación del 8 de marzo pedía derechos laborales para nosotras, pero también para los niños trabajadores, fueran futuras mujeres o futuros hombres. La batalla por el sufragio femenino se convirtió enseguida en la batalla por el sufragio universal. El feminismo organizado en sus orígenes se involucró en la lucha contra la esclavitud porque sabía lo que es tener un dueño. "Si un género se une, con independencia de su raza, religión, procedencia y nivel económico, en realidad lo que une es al mundo entero", decía entonces. Plantear el feminismo así es trascender lo que hasta ahora hicieron los hombres.

Así que recomiendo mucho la lectura del manifiesto de este 8M, que se hará público este lunes. Es un chute de ilusión, un buen boceto de la siguiente utopía posible, en la que caben la protesta y la exigencia pero también la celebración de tantas iniciativas ya organizadas y funcionando que cambian vidas, que engendran la alegría de la unidad, de la pertenencia, de la victoria que ya hay en no estar solas y vivir de otra manera. Nadie que se considere progresista puede estar en contra de este texto tan elaborado y oportuno.

Sin embargo, el manifiesto dice "juntas" y eso se lee muy raro sabiendo que este año hay convocadas dos manifestaciones a la misma hora por recorridos limítrofes. La de la Comisión 8M, a las 19.00 de Atocha a Colón, con el lema "Derechos para todas, todos los días". La del Movimiento Feminista de Madrid, a las mismas 19.00 de Gran Vía a Plaza de España, con el lema "El feminismo es abolicionista". De Cibeles a Gran Vía, las dos manifestaciones (la primera más afín a Unidas Podemos, la segunda más al PSOE), podrán mirarse a corta distancia.

En pleno retroceso del feminismo por el auge de la extrema derecha española esta división es más que incomprensible, autodestructiva y ridícula. La movilización abolicionista se declara también contraria a la ley trans (la ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos LGTBI), la ley que rompió en dos al feminismo organizado en España. La guerra abierta por esta iniciativa legislativa, que afecta a una minoría tan minoritaria, parece al menos desproporcionada por grande que sea la discrepancia. Pasado el momento de los lamentos y de las preguntas sobre cómo se ha llegado a esta ruptura, llega la hora de empujar por recuperar la unidad imprescindible, la que merecen cada una de las víctimas. No será la primera vez que las militancias y la sociedad civil, cada una de nosotras, obliga a las izquierdas a mantenerse unidas por encima de sus siglas, por encima de sí mismas, por encima de las diferencias, que haberlas, haylas.

Curiosamente, este domingo 27 de febrero a las 11.30 se presenta en la Casa de Fieras del Retiro el libro "Nietas de la memoria" de la editorial Bala Perdida. Después de la huelga general feminista y la movilización histórica de 2018, que fue ejemplo para el mundo entero y dio enormes frutos, un grupo de periodistas que se encontraron al calor del colectivo "Las Periodistas Paramos" decidió juntar las historias de sus abuelas durante la Guerra Civil y la posguerra. Reunieron así a mujeres libertarias, socialistas, cercanas por familia a la CNT, a la UGT, incluso a la masonería y a posiciones conservadoras. El miedo, la miseria y la injusticia las une. La memoria de contra qué y quiénes luchamos debería ser nuestro pegamento infalible.

El recorrido de la manifestación de aquel histórico 8M de 2018 fue de Atocha a Plaza de España. Las del 8M de 2022 han partido ese recorrido en dos, como una buena mala metáfora. ¿De verdad vamos a ver a las ministras del PSOE en una y a las de Unidas Podemos en otra? Ojalá estemos a tiempo de otra cosa.