Otras miradas

Infierno también hubo en Formentera

Juan Pedro Yllanes

Vicepresident y conseller de Transición Energética, Sectores Productivos y Memoria Democrática del Govern de las Illes Balears

Jesús Jurado

Secretario autonómico de Memoria Democrática y Sectores Productivos del Govern de las Illes Balears

Lugar donde emplazó un penal franquista en Formentera durante la guerra civil y los primeros años de dictadura

Desde que en 2014 se localizó la Fosa de Sant Joan, la primera fosa franquista exhumada en Mallorca, y se recuperaron los restos de "los tres mariandos" -Joan Gual Genovard, Puro; Miquel Salom Ribot, Mio; y Jaume Gual Mas, Gual, vecinos del pueblo mallorquín de María de la Salut-, en las Illes Balears se han abierto muchas fosas, para cerrar las viejas heridas que todavía seguían presentes.

Desde entonces, sólo en las Islas, han visto la luz los restos de más de doscientas personas asesinadas a tiros por los verdugos franquistas, y más de una treintena han sido ya identificadas y devueltas a sus familias. Un trabajo que es un deber democrático y una obligación moral que llega tarde: más de cuarenta años después de la llegada de una democracia que se desentendió de los olvidados, y más de ochenta años después de que el franquismo recuperara los cuerpos de las víctimas en territorio republicano y compensara a sus familiares.

Hace ya varios años que el Govern de les Illes Balears asumió el papel de gestor de las políticas de Memoria Democrática, en estrecha colaboración con las asociaciones memorialistas y con la comunidad de personas investigadoras. Mucho es lo que se ha hecho para impulsar la reparación de los que nunca lo habían sido, pero todavía queda trabajo por hacer. Y en los próximos días iniciamos un nuevo capítulo: se abre una fosa especial. Una fosa diferente de las dieciocho que se han abierto hasta ahora: la fosa del Cementerio de Sant Francesc, en Formentera; la fosa de los muertos del campamento de La Savina.

La Savina fue una colonia penal que funcionó a principios de los años cuarenta y donde miles de presos, principalmente de fuera de las islas, vivieron en unas condiciones brutales e inhumanas. Entre ellos Cándido Méndez Núñez, padre del que fuera secretario general de la UGT, condenado por haber pertenecido al ejército republicano. Muchos murieron allí, cincuenta y ocho según el estudio del investigador Antoni Ferrer Abárzuza, a consecuencia de las infernales condiciones de vida en los barracones. El hambre fue la causa de la mayoría de las muertes, un hambre y una desnutrición agravadas por la corrupción de los fascistas que dirigían el campamento, por quienes se quedaban con el dinero destinado a la comida de los presos, o incluso la revendían, enriqueciéndose a expensas de la miseria, la enfermedad, la desesperación y la muerte. También aceptaban sobornos de algunas familias para que sus familiares presos pudieran alimentarse. Tan asesinos se pueden considerar estos individuos como los que pegaban tiros en la nuca en las tapias de los cementerios de Son Coletes, Porreres o Palma pocos años antes. Cuando alguno de los prisioneros moría, por culpa de las enfermedades asociadas a la mala alimentación, su cuerpo era enterrado en el vecino Cementerio de Sant Francesc. En muchos casos ni siquiera se notificaba la defunción a las familias. Tal era el desprecio y el odio hacia aquellos hombres que sufrían represalias por haber defendido la República.

El campamento de La Savina fue abandonado en 1942, cuando la Segunda Guerra Mundial empezó a girar en contra de los amigos nazis de Franco, cuando se consideró que la isla de Formentera podría ser invadida por los aliados, y los presos fueron trasladados a otros lugares en la Península.

Ahora, el Govern, a través de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, impulsa la excavación de las tumbas donde probablemente se encuentran las víctimas de esta barbarie, principalmente extremeñas y murcianas, pero también valencianas, canarias, madrileñas, catalanas y baleares. El objetivo, como siempre, será localizar la mayor cantidad posible de víctimas desaparecidas, y poner nombre a las que se puedan encontrar. Esta vez, además, será la primera vez que saldremos a otras Comunidades a buscar el rastro de las familias. Conseguir su ADN será vital para ponerles nombre, y lo haremos en colaboración con el Foro por la Memoria de Ibiza y Formentera, con los investigadores y especialistas que sean necesarios, y también con la Junta de Extremadura y las organizaciones memorialistas de diferentes lugares.

El Govern de les Illes Balears no va a cesar en su esfuerzo por la dignificación de unas personas que son, por derecho propio, los referentes en los que  tenemos que buscar ejemplo en momentos tan oscuros como los que vivimos hoy. La tarea que empieza ahora en Formentera se inicia décadas tarde, pero continúa siendo fundamental. Y si alguien lo duda, que se pregunte: ¿cuál es el precio que han pagado, y todavía pagan, nuestra sociedad y nuestra democracia por no haberla realizado a tiempo?