Otras miradas

Argumentos pacifistas contra el aumento del gasto militar

Marga Ferré

Copresidenta de Transform Europe!

Modelos de misiles nucleares en el muso de la guerra de Corea en Seúl. REUTERS

Quisiera hacerles una pregunta a los que defienden el aumento del gasto militar al 2% del PIB y es la siguiente: si España forma parte de la OTAN y ésta está obligada a intervenir en caso de que España sea atacada y teniendo en cuenta que la OTAN cuenta con un arsenal de más de 6.000 cabezas nucleares con una potencia de fuego como pocas veces en la historia de la humanidad, ¿por qué tenemos que gastar más dinero en armas?

Al argumento obvio de que si se aumenta el gasto militar lo van a detraer de otras partidas del presupuesto desesperadamente necesitadas de incremento, empezando por educación, sanidad, I+D+i civil, energía sostenible o lucha contra la pobreza, yo le añado que, militarmente, no hay ninguna necesidad: en el mundo en general y en "Occidente" en particular, no faltan armas. De hecho, sobran.

El inmenso cinismo con el que el discurso bélico barre toda lógica ha obviado un dato que cualquier militar sabe: que los ucranianos no pueden ganar esta guerra con armas. Su criminal invasor tiene más de 6.000 cabezas nucleares con una capacidad destructiva inimaginable. Me corrijo, sí es imaginable a tenor de la frivolidad con la que belicistas están hablando de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial.

Tras la Segunda y en plena carrera armamentística que cimentó la guerra fría, las cabezas más brillantes de la época lanzaron un manifiesto para frenar esa locura, esa amenaza de suicidio (como especie) que son las armas nucleares, y que hoy, tristemente, cobra nueva vigencia. Encabezados por Bertrand Russell y Albert Einstein, científicos e intelectuales pacifistas firmaron en 1955 el llamado Manifiesto Russell-Einstein cuya lectura recomiendo, casi suplico:

"Hemos de aprender a pensar de una nueva forma. Tenemos que aprender a preguntarnos, no qué medidas hay que tomar para que el grupo que preferimos obtenga la victoria militar, porque este tipo de medidas ya no existen, sino qué medidas hay que tomar para prevenir la conflagración militar, cuyo resultado sería desastroso para cualquiera de las partes. La opinión pública, e incluso muchas personas con puestos de autoridad, no saben aun lo que sería una guerra donde se usaran armas nucleares".

Es momento de desempolvar los debates de esa época, de puro actuales, y volver a exigir la eliminación de todas las armas nucleares del planeta. Existe un Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, (TPAN), pero ningún país de la OTAN lo ha firmado. Da que pensar.

Ese es el debate, pero mucho me temo que el discurso belicista y su psicosis aparejada nos lleva por un camino distinto. Este fin de semana amigos de Italia y Portugal me contaron que en esos países se ha lanzado el debate sobre volver a imponer el servicio militar obligatorio. Lógico es, pienso, si desde los medios y los púlpitos todo son exhortaciones guerreras, negando la salida negociada de los conflictos y el derecho internacional, que alguien pueda concluir que es mejor militarizar a todos los varones.

Es que es un disparate detrás de otro. Yo entiendo las dudas que genera que frente a una agresión brutal como la que Rusia está haciendo sobre Ucrania, la rabia nos invada y que, frente a la impotencia, tengamos la tentación primitiva de animar a las armas, pero pensemos dos veces antes de hacer apelaciones que ponen en riesgo la vida de seres humanos.

Hoy hay más armas, más tráfico de armas y más potencia destructora que nunca en la historia de la humanidad (salvo la guerra fría a la que algunos quieren melancólicamente volver). Hay que desarmarse, no al revés. Otra vez, porque noto que hay dudas: los pacifistas no somos ingenuos, sino científicamente pragmáticos. La ingenuidad cae del lado de los que se creen la propaganda de guerra y de los que nunca se preguntan el porqué de las cosas. ¿Algún alma cándida se cree que el lobby de la industria militar y los traficantes de armas no están detrás de la exigencia de más inversión guerrera? Eso es ingenuidad.

Si la resolución de conflictos se hiciera solo a través de la fuerza, como argumenta el discurso belicista, aun estaríamos en el Neolítico; si la ley del más fuerte fuera la única que operase, no habría ni civilización. Los seres humanos hemos triunfado como especie no por ser los animales más fuertes, sino los más inteligentes y los que mejor nos adaptamos a través de fuertes lazos sociales, lo que, traducido a nuestro siglo, equivale a concluir que la solución a los conflictos no son más armas, sino más política.

Estrategias de los débiles frente a los fuertes

Los de abajo, las y los explotados, los oprimidos y los discriminados, las mujeres y la clase trabajadora, la mayoría que no poseemos ni la capacidad ni la voluntad de ejercer la violencia hemos desarrollado muchas estrategias para que no nos avasallen o para que quien lo haga pague por ello y son fundamentalmente dos: la unión (tejer alianzas y solidaridades) y la demanda y aplicación de leyes justas. Por eso el derecho internacional y los derechos humanos deben ser la guía para la resolución de conflictos armados, amparados por las instituciones democráticas que los crearon. En esa posición, en mi humilde opinión, debería estar el Gobierno de España.

El derecho internacional se creó precisamente para eso, para proteger de abusos y por ello es imprescindible no apartarse de él. Rusia ha violado el derecho internacional al invadir otro país, como hizo Marruecos al invadir el Sáhara, a quien el derecho internacional protege. Saltarnos las leyes internacionales es hacer saltar por los aires décadas de construcción de saber colectivo tras el belicoso siglo XX y hacer prevalecer la ley del más fuerte. Mal camino.

Recuperar la vía diplomática y el derecho internacional es darle protagonismo a las instituciones que los humanos creamos tras la segunda guerra mundial para evitar una tercera: la ONU, la Carta de derechos humanos, la OSCE. Por eso, otra vez, volvemos a reclamar que esta guerra pare de inmediato y que se negocie dentro de los marcos del derecho internacional y las instituciones democráticas civiles, no militares, para garantizar una paz duradera en nuestro precioso continente.

Guerra y Paz

Hace años el periódico El País organizó una encuesta nacional para ver cuál era el mejor libro de todos los tiempos para las y los españoles. Ganó El Quijote, por supuesto, pero en segundo lugar y no muy lejos quedó Guerra y Paz, de Tolstoi. La cultura rusa forma parte de la cultura europea y castigarla es solo una triste forma de castigarnos a nosotros mismos.

El movimiento pacifista siempre ha defendido que en las sanciones que se impongan en un conflicto bélico queden fuera la cultura, la educación y la ciencia y hoy, desde estas líneas, me sumo a quienes vuelven a reclamarlo, aunque solo sea porque yo, como muchísimos españoles, adoro a Tolstoi, quien, además de ser un gigante de las letras fue, por cierto, uno de los primeros pensadores pacifistas.