Otras miradas

Uso problemático de internet en menores

Marina Ortega

Diputada del PSdG en el Parlamento de Galicia Y Miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Psicología de Galicia

Para la generación de nativos digitales, el uso problemático de internet, suele dar comienzo en la primera infancia, cuando vemos a niños y niñas en la silla de paseo con el móvil o la tablet, cuando por naturaleza tendrían que ir empapándose de su entorno, observando cada detalle de su alrededor para un buen aprendizaje. Es evidente que la mayoría de padres buscan lo mejor para sus hijos y por ello es importante hablar de los peligros que esconde el uso problemático de las tecnologías para nuestros hijos e hijas.

Algunos advierten de que algo no va bien cuando, desde incluso la primera infancia, comienzan las primeras "rabietas" al retirar el dispositivo de las manos de sus hijos. Todo ello se puede agudizar a medida que llega la adolescencia y ante consecuencias como el bajo rendimiento en los estudios, malos hábitos alimentarios o incluso trastornos del sueño, los padres cambian su rol parental permisivo de la primera infancia ante la tecnología, al rol de prohibir, controlar o tasar las horas de juego o tiempo en redes sociales. Es ahí cuando los adolescentes con un uso problemático de internet muestran problemas de conducta, en la convivencia familiar e incluso adicción.

El Parlamento de Galicia aprobó por unanimidad el pasado pleno una propuesta por parte del grupo socialista para implantar un Programa de medidas para prevenir el uso problemático de internet sobre menores y adolescentes. Una cuestión que tiene que ir de la mano de los equipos expertos de la universidad pública de Galicia, reconocidos a nivel nacional por estudios importantes en este campo.

Partimos de que las nuevas tecnologías tienen muchos beneficios a nivel social, afectivo, empresarial, de comunicación, etc, sin embargo el uso problemático de las mismas puede llevar a riesgos para los menores, tal y como detallan diversos estudios como el elaborado por UNICEF España desarrollado en alianza con la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería en Informática de España. En el mismo indican que más del 22% de las familias asegura tener discusiones entre padres e hijos, al menos una vez a la semana debido al uso de internet y videojuegos, lo cual indica que no sólo se trata de un problema de salud pública sino además de un problema de convivencia familiar. Cuando la evidencia muestra datos preocupantes, cuando profesionales hablan de dismorfia del selfie, de los Tic Tok Tics, del acceso de menores a contenido pornográfico, de malos hábitos en la alimentación e incluso trastornos del sueño y problemas de conducta en menores, hay que tomar medidas de calado, con carácter transversal y multisectorial.

No sólo es una cuestión que afecta a menores y sus familias, sino al conjunto de la sociedad. Es evidente que el control parental es un tema central en esta cuestión, pero el conjunto de la sociedad puede contribuir a minimizar los riesgos rompiendo el tabú y trasladando el debate a la opinión pública. Es evidente que la mayoría de padres, madres o tutores desean lo mejor para sus hijos e hijas, al igual que los padres de los años 70 u 80 no conocían hasta qué punto era perjudicial el tabaco por ejemplo. Lo cierto es que hay que preguntarse el por qué de la necesidad de poner una pantalla delante de niños muy pequeños o incluso bebés, ¿acaso son los padres los únicos responsables?. Porque estamos ante una generación de progenitores mucho más ocupados, pero también juega un papel fundamental la presión social que ejercen aquellas personas a las que les "molestan" los niños en un restaurante o cafetería por ejemplo, si se mueven, ríen o gritan en un momento dado, o lugares en los que se prohíbe el acceso a menores a ciertos restaurantes u hoteles por ejemplo. Los niños y niñas por naturaleza juegan, son inquietos, ríen, lloran, etc, no podemos cambiar su esencia. Las pantallas pueden invernar esa forma de ser, pero a costa de un alto precio. El sedentarismo o la adicción a las pantallas son alguna de las consecuencias más negativas para los menores.

Allá donde tengamos un altavoz tenemos que poner el debate sobre la mesa. Por todo ello  es urgente trabajar al lado de experto/as en la cuestión, Universidad, administración, agentes sociales, ámbito educativo, salud mental, familias, menores, etc, para prevenir las consecuencias negativas de las TRIC para la salud en menores y adolescentes.

Que la autoestima de nuestros menores no dependa nunca del número de seguidores, likes o incluso de la comparativa irreal e inalcanzable que las redes sociales ofrecen de sus iguales. La frustración y la baja autoestima son algunas de las consecuencias directas de un mal uso de las redes. La responsabilidad es compartida, no sólo de los padres, que también, sino del conjunto de la sociedad allá donde podamos ofrecer prevención y soluciones.

La prevención sobre la salud de la infancia siempre será la inversión más justa e inteligente que pueda hacer una sociedad avanzada.