Otras miradas

A propósito de la amenaza de desalojo del CSO La Molinera de Valladolid: ¿por qué es urgente defender al movimiento okupa?

José Sarrión

Profesor de la Universidad de Salamanca

CSO La Molinera de Valladolid.- PÚBLICO

El movimiento okupa nació entre los años 60 y 70, adquiriendo fuerza a mediados de los 80. La criminalización mediática, impulsada conscientemente por grandes grupos empresariales, ha provocado un estado de confusión en la opinión pública. No es lo mismo "ocupar" un edificio que "okuparlo". Ocupar un edificio significa entrar por la fuerza en una propiedad con fines individuales, los cuales pueden ser reprochables o no en función de muchos factores: los fines de los ocupantes, la naturaleza de los mismos y el posible daño que pueda hacerse a los propietarios. No será lo mismo un gran holding empresarial que una vivienda familiar, no será igual que el ocupante sea una familia sin techo que un grupo de delincuencia organizada, no trataremos del mismo modo si el inmueble es una segunda vivienda de una familia o un edificio deshabitado. Dejaremos para otro día este debate.

La cuestión que la opinión pública olvida, tras años de intoxicación mediática, es que la "okupación", es algo muy distinto a la mera ocupación. La introducción de la "k" en "okupa" busca captar ese matiz de diferencia, que los medios principales obvian, y que trata de significar el concepto de squatters ingleses o neerlandeses. Y el principal rasgo de diferencia estriba en que la okupación es una acción colectiva, política en su sentido más amplio, que consiste en la toma de un edificio abandonado, generalmente de algún fondo inmobiliario, con el fin de denunciar políticamente las dificultades de acceso a la vivienda y liberar espacios sociales para el uso de la comunidad.

Para examinar esta cuestión, podemos tomar como objeto de análisis el Centro Social Okupado "La Molinera", de Valladolid, que precisamente ha intentado ser desalojado esta mañana.

Si bien este lunes se ha sorteado el desalojo, la amenaza venía haciéndose presente en los últimos tiempos, y finalmente se ha materializado en la mañana de este lunes 21 de marzo, cuando la policía ha procedido al mismo junto a representantes de los compradores del inmueble, Kelona Invest, vinculada a la entidad especulativa HipoGes Iberia.

Afortunadamente, el desalojo ha podido ser revertido en la mañana de este lunes, debido a que los representantes de los compradores no portaban orden judicial. Pero es seguro que la empresa especuladora no va a renunciar fácilmente a su operación.

En tiempos en que el movimiento de okupación vive sus horas más bajas de popularidad, sería conveniente repasar la historia de este CSO, antes de emitir elementos de juicio en torno al mismo.

Para entender la historia del CSO La Molinera hay que entender la historia del edificio en que se aloja: el antiguo hotel de cinco estrellas Marqués de la Ensenada. Esta historia es un ejemplo más de las relaciones entre el PP y los grandes grupos empresariales de nuestro país.

1. La edificación del hotel privado Marqués de la Ensenada se hizo con fondos públicos

El edificio que acogió al hotel Marqués de la Ensenada primero, y al CSO La Molinera después, era antiguamente la fábrica de harinas "La Perla", construida sobre el Ramal Sur del Canal de Castilla (Bien de Interés Cultural).

Un paquete de fondos públicos, procedente de la Unión Europea y canalizados a través de la Junta de Castilla y León y del Ministerio, permitieron una rehabilitación integral de esta vieja fábrica de harinas, que se destinó a instalar un Hotel privado, inspirado en temática del siglo XVIII y la Ilustración Española, aprovechando el marco singular que es el Canal de Castilla.

León de la Riva, aquel polémico Alcalde de Valladolid famoso por sus salidas de tono machistas, tuvo que modificar el artículo 368 del Plan General de Ordenación Urbana, para permitir su apertura. Es destacable que, tras una denuncia en el Ayuntamiento de Valladolid, quedaron imputadas 12 personas, entre ellas la cúpula de urbanismo del gobierno municipal, en aquella época del PP.

3. En 2017 se produce un cierre sorpresivo del hotel, dejando a la intemperie a la plantilla y a las instalaciones, que se degradaron terriblemente.

Este hotel de cinco estrellas funcionó durante varios años como un alojamiento de lujo, hasta que el 2 de enero de 2017 sucedió algo inesperado: como si de una película de fiestas y resacas se tratara, de pronto el hotel cerró sorpresivamente, para sorpresa de las 14 trabajadoras del mismo e incluso de los huéspedes que se encontraban en él, que salían confundidos de sus habitaciones.

Aquel día, la plantilla del Hotel Marqués de La Ensenada se presentó a su trabajo con normalidad, pero se encontraron con que el hotel había cerrado, sin advertencia o explicación alguna. Las puertas se encontraban cerradas al público y el hotel en proceso de desmontaje. Algo debían olerse, porque desde hacía varios meses se había producido un retraso en el pago de sus salarios. Pero el cierre fue totalmente sorpresivo.

El Sr. Rafael Martínez, administrador único de Vis Invest-Spain SL, propietario mayoritario del hotel, comunicó oralmente a las trabajadoras que dejaban de serlo. Ese día la plantilla comenzó un caminar por el desierto en forma de trámites jurídicos insoportables. La empresa no gestionó la baja en la Seguridad Social de las trabajadoras, de modo que no tenían derecho a paro.

A pesar de mis preguntas parlamentarias, la Junta de Castilla y León (PP) mantuvo silencio absoluto ante el cierre. Poco parecía importarles que el logotipo oficial de la Junta figuraba orgulloso en la placa, testigo de la implicación de la misma en los fondos europeos que habían servido para constuir este edificio.

De las 14 trabajadoras, un grupo inició una demanda colectiva, no sin presiones por parte de la empresa. Contaron con algunos apoyos puntuales, como la eurodiputada de IU Marina Albiol o el medio de comunicación independiente de Valladolid Último Cero (ya tristemente desaparecido) y, humildemente, el que suscribe.

La plantilla terminó ganando los juicios, si bien jamás lograron cobrar la totalidad de lo que se les adeudaba en conceptos de indemnización por despido, finiquitos y nóminas atrasadas. Fue el FOGASA quien tuvo que ocuparse (de una parte). Una vez más, volvimos a pagarle las deudas entre todos al antiguo propietario. A veces ganar en la justicia de los tribunales no significa obtener justicia en el mundo real.

El cierre del hotel significó, además, que esta bella instalación quedara a la intemperie, a merced del vandalismo y el robo. Durante meses, lo que había sido un hotel de cinco estrellas edificado con fondos públicos fue ensuciado, desvalijado, llenado de pintadas y saqueado. Desaparecieron piezas del museo que se encontraba en la planta baja. La sala refrigeradora de la cocina había quedado llena, con lo que kilos y kilos de comida orgánica se pudrieron durante meses, creando un hedor insoportable. El sótano se inundó. Un incendio asoló la primera planta.

Tras estos hechos, el Ayuntamiento de Valladolid fue el único que actuó, tapiando la puerta y las paredes para proteger al edificio de nuevas agresiones. La Junta de Castilla y León guardó silencio.

3. El dinero público invertido en el hotel era opaco. Dos años costó descubrir la cuantía: 306.000 € de fondos públicos.

¿Cuánto dinero público se había invertido en dicho hotel, dejado después al abandono por sus propietarios? Tardé dos años en descubrirlo. Comencé formulando preguntas parlamentarias a la Junta de Castilla y León, que respondía poniéndose de perfil, sin ofrecer datos concretos.

El grupo de IU en el Parlamento Europeo logró, mediante una iniciativa parlamentaria, una confirmación por parte de la UE de que, efectivamente, se había destinado dinero a dicho hotel.

Gracias a esta información, introdujimos una iniciativa parlamentaria en el Congreso preguntando dicho dato al Gobierno, que por fin, tras dos años, nos dio una respuesta: 255.000 euros de fondos europeos, y 51.000 euros de dinero del Estado Español.

Resumiendo: le hemos pagado con dinero de todos un hotel de cinco estrellas a un empresario que terminó actuando fuera de la legalidad, vulnerando los derechos de sus trabajadoras, malvendiendo parte del mobiliario y permitiendo que este edificio se degradara durante meses. Le subvencionamos entre todos un proyecto empresarial, y ni siquiera se le pidieron cuentas.

 4. El nacimiento del CSO La Molinera: rehabilitación del edificio y construcción de un proyecto social para la ciudad de Valladolid

Ante la inacción de las instituciones ante este hotel, pagado entre todos, y que se iba degradando cada día, en 2018 la ciudadanía tomó la palabra.

En mitad de un caluroso verano, un grupo de jóvenes de Valladolid levantaron la tapia de la puerta del hotel, y se dedicaron a restaurarlo por su cuenta. Limpiaron la suciedad acumulada, eliminaron las acciones vandálicas, secaron el sótano, vaciaron y desinfectaron el cuarto de refrigeración, restauraron la electricidad con placas solares, restauraron murales, limpiaron los restos del incendio, pintaron las paredes deterioradas, repararon ventanas rotas, etc.

En pocas semanas, estos jóvenes hicieron lo que debería haber hecho el Estado. Al poco tiempo, el edificio vivió una gran transformación.

El antiguo Hotel Marqués de la Ensenada, hecho con dinero público para un empresario ladrón, pasó a convertirse en el Centro Social Okupado "La Molinera".

Desde entonces, el Centro se encontró totalmente abierto al público. De nuevo podía visitarse el maltrecho museo y las hermosas salas de estar. Los ciudadanos pudimos, por fin, disfrutar de la belleza arquitectónica del edificio, esta vez gratis.

Pero no solo ocurrió esto: el edificio pasó de ser un hotel para ricos a un hogar del pueblo. Se organizaron charlas, conciertos, debates y encuentros en los salones, pensados originariamente como lugar de paso de estrellas de cine y empresarios. Se instalaron placas solares para tener autosuficiencia energética, ayudando así a impulsar la conciencia ecológica entre los visitantes del CSO.

Abrieron sus puertas a cualquier asociación que deseara usarlas, desde elevados debates sobre, por ejemplo, el teatro de Bertold Brecht y Peter Weiss, reuniones de asociaciones variadas, presentaciones de libros o incluso un encuentro de Scouts católicos. Lanzaron campañas de autofinanciación para comprar un pequeño equipo de música que les permitiera organizar conciertos, siempre sin ánimo de lucro.

Un puñado de chavales convirtió un antro de corrupción y despilfarro en un proyecto de esperanza.

5. La oposición de la derecha al CSO La Molinera

El PP, que había mostrado silencio durante los años anteriores, de pronto de mostró profundamente ofendido ante este joven Centro Social.

Consideraron que el Ayuntamiento de Valladolid era demasiado permisivo con el mismo, lanzaban fake news sobre un supuesto enganche de la luz a una farola (la cual pude comprobar por mí mismo que estaba apagada) y les recriminaron no tener permiso de obras.

La mayor desfachatez, a mi juicio, se produjo cuando el PP invitó a los jóvenes impulsores del CSO a "comprar la propiedad". Lo cual tiene su ironía, puesto que años antes le habían regalado un cuarto de millón al anterior propietario. La cultura del esfuerzo para los demás, la cultura de la mamandurria para los amiguetes.

Aquellos que participábamos en sus actividades éramos señalados por la derecha, y sus impulsores intentaron ser criminalizados (con poco éxito, todo sea dicho). A pesar de estos ataques, los impulsores del CSO La Molinera han continuado realizando su excepcional labor hasta el día de hoy: han seguido organizando actividades, han invitado a diversos artistas a realizar murales en las paredes donde no era posible la restauración, y han ido poco a poco habilitando más espacios del hotel para ponerlo a disposición de cualquier asociación o colectivo que los necesite.

 6. La compra del edificio por un fondo inmobiliario, y la actual amenaza de desalojo.

La adquisición del edificio por Kelona Invest, con vínculos con la especuladora inmobiliaria HipoGes Iberia, ha puesto en riesgo este hermoso proyecto que en la actualidad disfrutamos todos y todas. Dicha empresa ha pagado la propiedad del edificio a coste mínimo, dejando en la estacada, por cierto, a los ex proveedores y ex trabajadoras a quienes se les adeudaba un total de unos dos millones de euros.

El intento de desalojo de este lunes puede poner fin a un bello proyecto social que a fuerza de voluntariado ha puesto al servicio del pueblo un edificio que pagamos entre todos.

En mi opinión, el apoyo a este proyecto debe ser una prioridad urgente de la izquierda, a todos los niveles: local, provincial autonómico y estatal. No solo por las razones que he expuesto en este artículo, sino, además, porque proyectos como este son el germen de la sociedad con la que soñamos en un futuro. Como Gramsci vio en los consejos obreros de Turín el germen de la sociedad futura, proyectos como La Molinera son la representación de que ya, en el mundo presente, podemos empezar a construir el futuro que necesitamos.

Y no olvidemos: ni siquiera en tiempos de guerra podemos permitirnos el lujo de perder la capacidad de soñar.