Otras miradas

Violencia de género

Laura Berja

Portavoz de Igualdad en el Congreso por el Grupo Parlamentario Socialista

Un momento de la concentración que se ha celebrado hoy martes en la Plaza de España de Cuenca, convocada por la plataforma "123EducaFem", en repulsa por el crimen machista cometido en la pedanía conquense de Nohales. EFE/ José del Olmo.

La filosofa española Celia Amorós nos decía que para politizar hay que conceptualizar. Esto tiene aún más sentido en las cuestiones que tienen que ver con la igualdad entre mujeres y hombres, puesto que obviarlas y no teorizar sobre ellas ha contribuido a perpetuar la desigualdad.

El género es la categoría analítica que las feministas conceptualizaron para medir cómo las cuestiones socioculturales sostenían el sistema que perpetuaba el machismo. El feminismo estudió la violencia contra las mujeres y concluyó que es sistemática y que tiene un fin: garantizar la obediencia de las mujeres a través del miedo. Llamamos violencia de género a la violencia específica y estructural que sufrimos las mujeres por ser mujeres y que es fruto de la desigualdad entre mujeres y hombres.

Gracias al trabajo de las asociaciones de mujeres, al movimiento feminista y también a las políticas públicas de igualdad, la sociedad española se ha sensibilizado contra la violencia de género. Desde la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, es mucho lo que hemos avanzado en materia de prevención de la violencia y de respuesta integral a disposición de las víctimas. Todo este esfuerzo nos sitúa en un lugar mejor para prevenir la violencia y proteger a las víctimas.

Sin embargo, una violencia que es estructural, cuya erradicación depende de la educación igualitaria entre mujeres y hombres, no cesa de un día para otro. Lo que ocurre por sistema, el mismo sistema intenta poner trabas para que deje de ocurrir. La reacción machista ante los avances en materia de lucha contra la violencia de género no se hizo esperar. Surgieron los discursos en torno a las mentiras. Todos y todas recordamos aquello de las denuncias falsas, de las terribles mujeres que querían destrozar a sus maridos y que los denunciaban para arruinarles la vida, aquello de que las mujeres también maltratan a los hombres. Tuvimos que desmontar una por una cada mentira. Por poner un ejemplo, en el año 2020 se interpusieron un total de 150.785 denuncias por violencia de género, según los datos aportados por la Fiscalía General del Estado (FGE) en su memoria anual, no se ha demostrado que ninguna de ellas fuera falsa.

Nos siguen asesinando, a las mujeres y a nuestros hijos e hijas. Y como sabemos, solo es la punta de un iceberg que oculta la mayor parte de la violencia contra las mujeres, distintas manifestaciones de una violencia psicológica, física, sexual y económica que sufren miles y miles de mujeres y que les destroza la vida. Según la macroencuesta de Violencia contra la mujer, realizada con los datos recogidos durante el año 2019, una de cada dos mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista en España. Una de cada dos. Estos datos evidencian la sistematicidad de esta forma de violencia.

Reafirmar nuestro compromiso con la lucha contra la violencia de género debe interpelarnos a todos y a todas. Combatir el discurso negacionista de la desigualdad y de la violencia contra las mujeres es un deber si queremos acabar con uno de los mayores problemas de nuestro país, un grave problema de seguridad pública y de salud pública.

Para ello es imprescindible invertir recursos públicos con cuantías que hagan justicia a la dimensión que tiene este grave problema. Cuestionar los fondos destinados a erradicar la violencia y a promocionar la igualdad se convierte en una forma de blanquear a los maltratadores.

Mantener equidistancia y no implicarse en desmontar discursos que dicen que todas las violencias son iguales, o que la violencia no tiene género, te coloca a ti también en una posición de riesgo. La violencia de género no hace excepciones, nuestras hijas pueden ser las próximas víctimas.

La democracia es incompatible con el miedo, estoy segura de la convicción de la sociedad española en querer una vida mejor para todas y todos, una vida libre de violencia contra las mujeres. No permitamos retrocesos que se traducirán en vidas arrebatadas, no paremos la rueda que avanza hacia una sociedad más igualitaria y más libre.