Otras miradas

Iguala: El ranking de vulnerabilidad del ayuntamiento que no debería darnos igual

Paola Leenhouts González-Espejo

Investigadora en estudios urbanos

Begoña Villacís en una imagen de archivo.- Eduardo Parra / Europa Press

Cuando Jacob Riis llegó de Dinamarca a Nueva York en el siglo XIX, estuvo mucho tiempo desempleado y sin hogar, deambulando por las calles de la gran manzana. Tras conseguir un empleo como reportero policial, decidió utilizar las herramientas del periodismo y la fotografía para mostrar a las clases pudientes neoyorquinas la falta de recursos, servicios e infraestructuras que sufrían las personas que habitaban el Lower East Side de Manhattan. A través de su obra reportaje, "Cómo vive la otra mitad: estudios entre las casas de vecindad de Nueva York", hizo visible la vulnerabilidad presente en aquel barrio donde vivían mayoritariamente inmigrantes europeos de clase trabajadora. Su trabajo fue importante no sólo por utilizar unas técnicas relativamente novedosas de flash fotográfico, sino por el calado social que hicieron de Riis, en palabras del mismo Theodore Roosevelt, "el ciudadano más útil de Nueva York".

Hoy en día, contamos con muchas herramientas para medir las condiciones de vida en los territorios que habitamos. Sin embargo, y a pesar del avance de las nuevas tecnologías para la generación, recogida y procesamiento de datos —sobre todo cuantitativos— a escala urbana, las ciudades siguen siendo focos de desigualdades y fuertes contrastes. Madrid no es ninguna excepción. En una brillante intervención en TEDx, Tricia Wang, una reconocida etnógrafa digital, constataba que, en nuestras sociedades, el tener una mejor tecnología a nuestro alcance no ha conllevado la toma de mejores decisiones. Una paradoja que ella resume así: "Apoyarse únicamente en el big data aumenta las posibilidades de que nos perdamos algo, a la vez que genera la ilusión de saberlo todo".

El pasado mes de marzo, la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, presentaba IGUALA, la nueva herramienta de inteligencia artificial (IA) que el ayuntamiento quiere utilizar para el "diagnóstico de múltiples riesgos presentes en distintos territorios" y "la asignación de fondos presupuestarios para el desarrollo de la ciudad". La IA de IGUALA ha sido diseñada por la consultora multinacional Accenture y viene a reemplazar el Índice de Vulnerabilidad Territorial (IVT) elaborado en 2017 por la Universidad Carlos III de Madrid, so pretexto de tratarse de un índice estático. A diferencia del IVT, IGUALA pretende ser un índice dinámico, teniendo en cuenta la vulnerabilidad "de manera transversal" y alimentándose únicamente de datos cuya competencia sea del ayuntamiento. Un total de 36 indicadores categorizados en 5 dimensiones (Bienestar social e Igualdad; Medio Ambiente Urbano y Movilidad; Educación y Cultura; Economía y Empleo; Salud) ordenan en la plataforma, de manera jerárquica, la vulnerabilidad territorial presente en cada uno de los barrios y distritos madrileños.

Ha llamado la atención que los resultados de ambos índices hayan sido notablemente dispares. Según IGUALA, el barrio más vulnerable de la capital es Ibiza, en el distrito Retiro, seguido por Sol (Centro) y, en tercer lugar, San Diego (Puente de Vallecas). Encabeza la lista un barrio cuyos distritos censales, según el INE, presentan una renta media por hogar entre 33,299.61€ y 55,503.65€ anuales. El Ayuntamiento ha aclarado que este resultado se debe a la consideración de la dimensión medioambiental y, en concreto, al "número de áreas infantiles, de puntos limpios o de alumbrado". Aun así, como indicaba la periodista Analía Plaza se tardan menos de 14 minutos andando al Parque del Retiro y sus zonas infantiles desde el punto más alejado del barrio. Ibiza podría servir como barrio ejemplar del modelo urbano de la ciudad de los 15 minutos —tan de moda tras la pandemia. Partiendo de datos del mismo año que los de IGUALA, 2020, los resultados se contradicen con otros informes realizados por el mismo consistorio, como el de "MADRID 2020: DIAGNÓSTICO SOCIAL DE LA CRISIS POR COVID-19", donde se menciona que en términos de vulnerabilidad sociosanitaria y económica: "la emergencia se concentró sobre todo en el sur y sur-este de la ciudad (distritos de Latina, Carabanchel, Usera, Puente y Villa de Vallecas, o Vicálvaro). […] Pero junto a las zonas tradicionales, también surgen nuevas bolsas de vulnerabilidad, sobre todo dentro de la M-30 en Centro, Tetuán, Ciudad Lineal y San Blas-Canillejas."

El sistema "inteligente" ha generado unos resultados sobre la vulnerabilidad de Madrid controvertidos y esto se debe a la trampa-paradoja del big data de la que nos advertía Wang. En primer lugar, los indicadores propuestos miden cuantitativamente lo que hay en un barrio, como, por ejemplo, el número de árboles, de zonas verdes o de centros culturales, o la frecuencia de las líneas de autobús y el tiempo de respuesta de los bomberos. Aun así, la frecuencia o el número fallan en identificar lo verdaderamente relevante: el grado de acceso o su uso. Existen informes y estudios que demuestran cómo los niveles de vulnerabilidad socioeconómica son determinantes clave para el acceso o uso que se hace de los servicios, equipamientos o infraestructuras en determinados territorios. Por ello, el análisis de IGUALA está midiendo qué hace el ayuntamiento, pero no qué necesidades reales tienen los barrios y sus habitantes. Un ejemplo ilustrativo es el acceso a internet de los hogares. Un hogar puede tener contratado el wifi, por lo que en los datos aparecería como que no está afectado por la brecha digital. Sin embargo, y como sucede en muchos casos, el hogar dispone de un único dispositivo con el cual acceder a internet. En un informe del ayuntamiento de Barcelona y la Fundación Bit observaban precisamente eso. Algunas ciudades han identificado la ceguera que conlleva hacer una lectura estrictamente cuantitativa de cualquier problemática urbana por no contemplar ni el uso ni la accesibilidad. Washington D.C. ha actualizado recientemente su índice de "caminabilidad" en base a esta simple idea: el hecho de que se pueda andar por un lugar no significa que la gente lo haga, ya que también influyen factores como la inseguridad o que resulte un sitio desagradable.

Otra línea problemática es que el modelo de vulnerabilidad se ha construido únicamente con aquellos datos sobre los cuales se tienen competencias. Cuando sólo se incluyen estos, se está coartando la posibilidad de cooperar entre distintas administraciones. Si las instituciones quieren mejorar y encontrar métodos innovadores para afrontar los desequilibrios territoriales de manera transversal, uno de los principales objetivos debe ser la suma de esfuerzos en inversión y el co-diseño de políticas públicas que refuercen la coordinación entre escalas políticas. En el caso de IGUALA, para la dimensión de educación y cultura se ha contado con el nivel de absentismo escolar sin tener en cuenta la ratio del profesorado y alumnado en las aulas, o el número y naturaleza (públicos, privados o concertados) de centros escolares. Todo esto resulta en un análisis parcial de la situación educativa en los barrios, aunque estos sean competencia de la Comunidad de Madrid.

Si aquello que informa las políticas públicas y la asignación de presupuestos acaba recayendo solamente en el big data, estaremos contabilizando servicios e infraestructuras sin contar con aquellos que los usan, habitan o precisan. También existe todo un corpus de recomendaciones e iniciativas que pueden ayudar en este aspecto, como el citizen science o la ciencia ciudadana, que hacen a la ciudadanía partícipe de la recogida y procesamiento de datos, siempre de manera informada y consensuada. Además, faltan personas como Tricia Wang o como Jacob Riis en las instituciones — y quizás en las consultoras también. Personas que se dediquen a aportar datos cualitativos y que aboguen porque estos no queden relegados a un segundo plano. IGUALA por sí sola no podrá ser la ciudadana más útil de Madrid, pero sí limitarse a ser una herramienta con fines utilitaristas si no consigue poner a la ciudadanía en el centro.