Otras miradas

¡Moderación sí, por supuesto!

Alicia Valdés

(I-D) La vicepresidenta primera y ministra de Economía y Transformación Digital, Nadia Calviño; la ministra Portavoz, Isabel Rodríguez; y la ministra de Igualdad, Irene Montero, a su llegada a una comparecencia tras la reunión del Consejo de Ministros en Moncloa, a 27 de junio de 2022, en Madrid (España). El Gobierno ha aprobado hoy la Ley Trans y de Derechos de las personas LGTBI. Eduardo Parra / Europa Press 27/6/2022

En 1979 Aviador Dro grabaría el ya clásico "Nuclear sí, (por supuesto)". La canción cuya letra avanza escenarios distópicos nucleares, se representaría más tarde en los escenarios con los componentes del grupo vestidos con imitaciones de trajes antinucleares y con el lanzamiento de panfletos que presentaban las bases ideológicas para la llamada Revolución Dinámica contra el fascismo, la iglesia o la superstición. El debate sobre la repercusión de esta canción es algo que no incumbe a esta columna. Sin embargo, parece que los partidos políticos actuales pretenden no una revolución dinámica, sino un retroceso ideológico al apuntarse a eso de moderación, sí, por supuesto.

Desde la cruda sustitución de Pablo casado Por Núñez Feijóo como presidente del Partido Popular, la palabra moderación ha sido el significante que ha gobernado y construido el relato en torno al supuesto giro ideológico y separación de VOX por parte del PP. Quizás, lo más interesante de la entrada de ‘moderación’ como la palabra central del discurso político (no hay más que pararse a escuchar los discursos tras la victoria del PP en Andalucía) es precisamente cómo esta comienza a configurar u ordenar el paisaje político.

Moderar implica, según la RAE, "templar, ajustar o arreglar algo, evitando el exceso". Es decir, la moderación ha de estar siempre contextualizada.  Es decir, la lucha política no solo tiene que ver con la batalla por el relato, sino que también tiene que ver con las coordenadas en las que ese relato se desarrolla. La entrada de Vox en la primera plana política supuso el desplazamiento a la derecha de lo que se consideró hasta entonces el centro del espectro ideológico. Esto ha quedado patente en las estrategias del PP, el cual, principalmente a través de la figura de Ayuso, viró hacia una derecha explícitamente violenta con posiciones cada vez más opuestas hacia el feminismo, la lucha contra la violencia de género, los servicios públicos y los derechos LGTBIQA+. Sin embargo, el desplazamiento hacia la derecha no se produce únicamente en el nivel discursivo. La entrada de Vox en el gobierno de Castilla-León demuestra, una vez más, cómo el discurso tiene siempre implicaciones materiales y tangibles. Entonces bien, ¿implica una supuesta separación entre el PP y VOX un giro a la moderación por parte del PP? Si tenemos en cuenta el contexto y su cambio en los últimos meses, podemos afirmar que no.

La entrada de Vox supuso un desplazamiento hacia la derecha del centro del espectro ideológico, un espectro que, como hemos podido ver, no está teniendo un efecto bumerán que produzca ahora un desplazamiento a la izquierda capaz de neutralizar el destrozo causado por VOX. La moderación, el centro, se encuentra hoy en poder hablar de violencia de género, es no incluir a la extrema derecha en el gobierno, es concebir que la lucha política que plantea el PP se basa en una batalla ideológica por quién tiene playa. Este panorama desolador parece entonces afirmar que solo la moderación puede acabar con la extrema derecha, ensalzando así al PP como el abanderado de un frente antifascista y dibujando, una vez más, un horizonte en el que la izquierda nunca es una opción. Estrategia en la que cabe resaltar de nuevo el papel que el poder mediático ostenta sobre las posibilidades políticas. El desplazamiento hacia la derecha ha sido alimentado y azuzado a su vez por los principales medios de comunicación, no solo de la derecha, sino por espacios como la Sexta Noche, en la que se han permitido afirmaciones falsas, bulos y frases que inflan a la extrema derecha.

Ahora bien, hace meses que la izquierda reivindica no comprar el marco de relato presentado por la extrema derecha para los debates. En este sentido, las fuerzas de izquierda deben tener el mismo cuidado para no caer en el marco de una moderación que solo refuerza un espectro político que nos sitúa cada vez más fuera de cualquier horizonte político deseable.  La izquierda no debe caer en la trampa de la moderación, o acabaría actuando de la manera contradictoria de desarrollar un discurso moderado, a la vez que lanzan panfletos de izquierdas que nunca llegan a un electorado cada vez más confuso y que se enfrenta a una realidad política que dibuja al PP, o quizás al PSOE, como única solución.

La izquierda no puede venderse al discurso de la moderación, porque este niega radicalmente la posibilidad de una alternativa de izquierdas al dejar esta opción fuera del espectro ideológico de lo deseable. El primer día en clase, siempre le digo al estudiantado que mis clases se harán desde la perspectiva feminista y libertaria, y que eso hay que explicitarlo para no caer en la trampa de construirnos como sujetos neutrales u objetivos y engañar a quien escucha. Aquel que niega hablar de política o religión es precisamente el que más embadurna su discurso con esos elementos.

La izquierda debe ser de izquierdas, lo que no debe ser es narcisista, arrogantes, creerse moralmente superior o intelectualmente más avanzada. La estrategia para llegar al electorado no es la de la moderación, es la de dejar de situaros por encima del mismo.