Otras miradas

Son los impuestos

María Guijarro

Diputada del PSE-EE Bizkaia en el Congreso de los Diputados

Un empleado público durante su jornada laboral, en la oficina de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria. -Gustavo Valiente / Europa Press
Un empleado público durante su jornada laboral, en la oficina de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria. -Gustavo Valiente / Europa Press

A pesar de que no estamos aún en campaña electoral (¿o sí?) ha comenzado de manera burda y simplista el debate fiscal. Únicamente se habla de rebajas fiscales en modo "mercado persa".

Sin caretas. Sin complejos. Un debate que la derecha plantea desde la premisa falsa de que rebajar impuestos atrae inversión y aumenta la recaudación y que el Gobierno "se forra" a costa de nuestros impuestos.

A ver si nos quedan claras algunas cuestiones básicas. La recaudación procede de la ciudadanía y repercute también en la ciudadanía. La Administración no se queda con ese dinero como se empeñan algunos en decir y falsear. Es tramposo, que se diga "ustedes se están forrando con los impuestos" refiriéndose al Gobierno.

Nuestros impuestos se invierten en sanidad pública y en quien la ejercen. Un respeto a la educación pública y a quien la ejercen. Un respeto al funcionariado en toda su extensión.

Ahí se invierten nuestros impuestos. Los de todas y todos.

Las medidas fiscales, desde el punto de vista progresista, parten de la convicción de que tienen que proteger a la clase media y trabajadora y también a las personas más vulnerables y eso se garantiza con un reparto justo de las cargas.

Este mercado persa en el que los que se definen como "más patriotas que nadie", enfrentan a unos territorios con otros bajando impuestos a los que más tienen y dejando atrás a los que más necesitan nuestra ayuda. ¿Eso es "marca país"? ¿Reducir ingresos, reducir recursos que sustentan los servicios públicos que necesitamos la población?

Seamos serios. No es lo mismo que gobierne la izquierda a que lo haga la derecha.

Nunca lo ha sido, pero menos cuando la gente necesita la política para atender necesidades básicas. Cuando se necesita la fortaleza de los servicios públicos.  Ahí debe estar el Estado, un Estado justo y restaurativo.

Igual hay que volver a explicar que los impuestos no son un fin en sí mismo sino un medio que ha de permitirnos construir sociedades más justas.

El objetivo de la fiscalidad no es engordar al Estado tanto como se pueda, sino poder elaborar y ejecutar políticas redistributivas a través de lo recaudado.

Porque no hay justicia social sin justicia fiscal y no hay justicia social sin armonización ni corresponsabilidad fiscal. Los criterios de justicia y progresividad son los que nos van a permitir redistribuir riqueza y repartir los costes de la crisis de una manera justa.

El concepto de comunidad es uno de los más poderosos. Y en este asunto de la fiscalidad y su concepto de equidad nos marca el modelo de sociedad que como ciudadanía queremos configurar. Debemos hacerlo con un modelo de recaudación y redistribución mucho más proporcional, progresivo y solidario, y no olvidemos, garantizando el pago de los impuestos ya existentes y acabando con el fraude fiscal. No valen las dobles varas en una sociedad basada en la equidad.

Y no estaría de más una buena educación cívica y ciudadana para formar a nuestra infancia y adolescencia en la materia. Deberían conocer (también los adultos) el coste que tienen los servicios de los que hacemos uso. Si conociéramos las cifras reales nos sorprenderían y seríamos más conscientes de la importancia de pagar justamente.

Debemos enseñar y aprender principios tan importantes como los de responsabilidad y de justicia fiscal y  comprenderemos que los impuestos justos son los que construyen un Estado de Derecho para todas y para todos.