Otras miradas

De impuestos, PSOE y gotas malayas

Luis Ángel Hierro

Militante socialista, ponente de economía en el 39 Congreso Federal del PSOE y Catedrático de Economía Pública

El president de la Generalitat valenciana, Ximo Puig. -Rober Solsona / Europa Press
El president de la Generalitat valenciana, Ximo Puig. -Rober Solsona / Europa Press

A comienzos de los 80 las teorías económicas que sustentaban el nuevo movimiento neoliberal y sus promotores políticos, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, lanzaron una de sus consignas de mayor calado: "reducir impuestos para crecer más". Las justificaciones fueron variopintas: desgravar el ahorro aumentaba la inversión, reducir los tipos del impuesto sobre la renta hacía que los trabajadores estuvieran dispuestos a trabajar más, eliminar la imposición a las rentas transnacionales promovía la inversión extrajera; o simplemente, como dijo el Nobel Friedman, reducir impuestos dejaba el dinero en manos de los ciudadanos que saben gestionarlo mejor que el Estado.

La publicidad de este nuevo dogma fue intensa, pero tenía un agujero negro que generaba inquietud en la ciudadanía. Bajar impuestos implicaba recaudar menos y cuando se reduce la recaudación los servicios públicos fundamentales como educación, sanidad, asistencia social o vivienda también se reducen o pierden calidad. Fue Arthur Laffer, asesor de Ronald Regan, quien, con su famosa curva, dio un argumento para esconder ese agujero negro: cuando los tipos impositivos son muy altos, si los disminuimos aumentamos el crecimiento económico sustancialmente y eso hace que al final se recaude más. Laffer había conseguido la "cuadratura del círculo", la "piedra filosofal": bajando tipos impositivos se recaudaba más. Como no podía ser de otra forma los estudios empíricos para intentar demostrar su curva fueron un rotundo fracaso, sin embargo, los políticos neoliberales aplicaron la teoría de Goebbels de que repitiendo sistemáticamente una mentira se convertía en realidad. Y ahí tenemos a Moreno Bonilla, 40 años después, soltando la cantinela de que "bajando impuestos recaudaremos más", como si estuviese diciendo que el sol sale todos los días, cuando sabe fehacientemente que es una patochada pseudoeconómica, una mentira.

Treinta años de "gota malaya neoliberal" tuvieron sus frutos y fueron imponiendo el marco de pensamiento de que bajar impuestos era lo correcto económicamente. Tan bien lo hicieron los lobbies neoliberales que el argumento llegó a calar hasta entre los dirigentes socialistas, en especial entre los promotores de la "tercera vía", social-liberal, como Blair o Schröder, e incluso en socialdemócratas natos como Zapatero, quien en una acción contra natura llegó a eliminar el impuesto sobre el patrimonio y dijo que bajar impuestos era de izquierdas.

El daño hecho por esa "gota malaya" en la coherencia ideológica del PSOE sigue estando presente y se ha manifestado recientemente: primero, con la propuesta de deflactación de los tipos del IRPF, hecha por Ximo Puig en Valencia, dándole igual que el PSOE y el Gobierno estuvieran embarcados en la crítica a Moreno Bonilla por sumarse a la eliminación del impuesto sobre el patrimonio; y después, paradójicamente, con la decisión del Gobierno de aplicar una rebaja múltiple de impuestos, en especial en el IRPF y el impuesto de sociedades, los dos principales impuestos directos.

Y, claro, uno se queda perplejo ¿Cómo es posible que cuando desde Europa tenemos por primera vez el viento a favor de subir impuestos a los ricos, cuando el FMI se muestra contrario de bajar impuestos, y cuando teníamos acorralado al PP por la metedura de pata de Moreno Bonilla de quitarle impuestos a los ricos (lo mismo que lo está el gobierno conservador de Liz Truss en Reino Unido) llegamos nosotros y, como dirían en Portugal, montamos una jeringonza con los impuestos, aplicamos la receta neoliberal de bajar impuestos y salvamos a Bonilla y al PP? "Están locos, estos romanos", diría Obelix.

Con independencia de la inoportunidad política, que es manifiesta, y dado que parece que hay dudas de que bajar impuestos no es de izquierdas, intentaré estructurar los argumentos, a ver si puedo disipar esas dudas. Para que una reforma fiscal pueda ser considerada de izquierdas debe cumplir dos condiciones: primero, que la recaudación aumente o al menos no baje, es decir, que la relación ingresos tributarios/PIB, descontando el efecto del ciclo económico en la recaudación, se mantenga o aumente; y segundo, que la progresividad del sistema aumente o al menos se mantenga, es decir, que tras la reforma los ricos hayan aumentado su porcentaje en los pagos tributarios y/o los pobres los hayan reducido. Con la primera condición se mantiene o aumenta el papel de lo público en el sistema y con la segunda se hace que paguen relativamente más los que más tienen. Si una reforma fiscal no cumple esas dos condiciones no puede ser considerada de izquierdas, de ahí que la deflactación de Ximo Puig nunca pueda ser de izquierdas y que la reforma tributaria del Ministerio de Hacienda tampoco.

Y explico lo segundo, porque puede haber más dudas. En la reforma del IRPF hay subidas y bajadas del impuesto, pero las bajadas afectan a más contribuyentes, el 50% con menos renta, por eso es previsible que al final el IRPF recaude menos en relación al PIB. Por su parte en la reforma del impuesto de sociedades solo hay bajada y es regresiva por ser un impuesto directo. El Gobierno puede argumentar que los impuestos a los beneficios extraordinarios de bancos y energéticas y a las grandes fortunas, demandas de Unidas Podemos, van a aumentar la recaudación, pero claro, hay que ver lo que se pierde por un lado y lo que se gana por otro. No obstante, la transitoriedad de los nuevos impuestos hace inevitable que en tres años la reforma reduzca la recaudación y por tanto incumplirá en su conjunto la primera condición. Conclusión, la reforma no puede ser de izquierdas. Pero además, refuerza el discurso de la derecha de que bajar impuestos es bueno, con lo que al final, en términos de votos, hacemos un pan como unas tortas.

¿Qué nos ha pasado a los/as socialistas para acabar haciendo estas cosas? Pues muy fácil, que hace mucho tiempo que no disponemos de un proyecto económico socialdemócrata que defina sus rasgos básicos a largo plazo, ni tenemos un sistema que articule el cumplimiento de ese proyecto y la coordinación política necesaria.

Desde hace mucho tiempo, en política económica y fiscal, el PSOE está navegado según los vientos. En los congresos, el partido se emplea en intensos debates sobre las resoluciones económicas, pero después son muchas las que no se trasladan a los programas electorales. Como, además, cada 4 años hay un nuevo congreso y se hace un nuevo documento de resoluciones, éstas van cambiando y el resultado es que no existen unos principios de política económica y fiscal socialista estables y definidos a largo plazo.

Por otra parte, desde que Felipe González impuso la separación de partido y Gobierno, ha sido habitual que los gobiernos socialistas hayan actuado al margen de resoluciones y programas electorales, unas veces, las menos, empujados por la regulación liberal de la Unión Europea, y otras, las más, porque los/as ministros/as, algunos/as ni tan siquiera militantes socialistas, asumen una posición preminente que les permite actuar según su propio criterio, incluso aunque sea contrario a las resoluciones del partido. De hecho, cuando el PSOE asume el gobierno, el partido pasa al ostracismo. La Ejecutiva Federal enmudece, ya que lo importante es gobernar, de forma que el órgano garante de la aplicación de resoluciones y programas termina siendo correa de transmisión del Gobierno. Además, como el PSOE no sienta en su Ejecutiva Federal a los Secretarios Generales de CC.AA. el resultado es que la Ejecutiva deja de ser un órgano de coordinación efectivo y cada territorio acaba yendo, también en tema de impuestos, por su cuenta y riesgo.

En fin, ojalá algún día nos enteremos de que bajar impuestos no es de izquierdas, lo dejemos claro en nuestros principios políticos y lo cumplamos. Lo mismo así dejamos de alimentar el voto de derechas y empezamos a recuperar la confianza y el voto de los y las nuestras.