Otras miradas

Una solución pactada para sumar

Antonio Antón

Sociólogo y politólogo

De entrada hay que felicitar la iniciativa y la calidad de la investigación de 40dB que facilita una aproximación rigurosa a un tema lleno de controversias, e intereses partidistas, y condicionado por valoraciones poco fundadas en la realidad y mucho en sesgos interpretativos derivados de expectativas unilaterales o deseos voluntaristas. Hace unas semanas, a través de una carta abierta ‘A la atención de Yolanda Díaz’ expresé el diagnóstico y los retos del espacio del cambio, en particular la pugna por la primacía de su orientación política y su liderazgo colectivo con las diferencias entre Yolanda Díaz y la dirección de Podemos, así como sobre qué marco político-organizativo se debería encauzar el proceso de cooperación y ensanchamiento en una agrupación político-electoral compartida. Y avanzaba la necesidad de un enfoque realista y unitario, basado precisamente en esos dos ejes, el principio de realidad y la actitud de cooperación, con una opción: una solución pactada.

El estudio de 40dB analiza los dos escenarios extremos, el de la unidad en una candidatura unitaria de la izquierda del PSOE (con 57 escaños) y el de su división (32 escaños), 25 menos, así como las grandes diferencias de sus efectos políticos. Aunque SUMAR no ha oficializado su carácter -y su sigla- de plataforma político-electoral (y dejando al margen su voluntad de configurarse como movimiento ciudadano), la ciudadanía ya tiene una opinión formada de su papel político-institucional y está definida su intención de voto. Los resultados de la encuesta marcan un terreno más objetivo para analizar la representatividad de cada fuerza política, así como las condiciones razonables de cada parte para avanzar hacia ella y poder sortear las dificultades para avanzar en la unidad. Pero también explica la percepción de la ciudadanía, cuya valoración es imprescindible para legitimar a los distintos actores y sus apuestas, ante las distintas posiciones y responsabilidades.

En particular, expresa las dos situaciones de SUMAR en ambos escenarios. En el dividido, SUMAR sería un grupo político adicional del espacio del cambio, con 23 escaños, es decir el 40% del total, aunque si descontamos los 7 de En Común Podem y 2 de Galicia en Común, que constituyen unas confluencias autónomas podrían quedarse en 14. Además, Podemos tendría 7 escaños, Más País/Compromís 2 e Izquierda Unida 0.

La investigación no ofrece una distribución interna del conjunto de los 57 escaños que cada grupo político conseguiría en el escenario de unidad. Planteo una hipótesis desde una distribución proporcional pura estatal. Así, con la misma proporción de porcentajes que adjudica la encuesta yendo divididos presento la trasposición en el caso de ir juntos, considerando que la unidad es cosa de todos. Los resultados en escaños -con un decimal- se exponen en el gráfico adjunto.

Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia y proporcionalidad pura.
Fuente: 40dB, Barómetro de diciembre de 2022, con elaboración propia y proporcionalidad pura.

Como se sabe, la aplicación real de escaños provinciales, con restricción distributiva en las provincias pequeñas por la ley electoral, sería algo diferente; afecta particularmente, por un lado, a IU (7,1 escaños), que saldría beneficiada con este criterio estrictamente proporcional, y a En Comú Podem (4,1 escaños), que saldría perjudicada por su concentración en Barcelona, mientras se mantienen en una situación intermedia Más País/Compromís (5,6 escaños), que rentabiliza su concentración de voto en Madrid y la Comunidad valenciana pero que su dispersión electoral en el resto del Estado no consigue escaños, y Galicia en Común (1,5 escaños). Pero lo que hay que destacar son las proporciones comparativas entre SUMAR (21,3 escaños), Podemos (17,4) y Más País/Compromís (5,6).

Evidentemente, hay un proceso político por recorrer y distintas variables políticas a considerar, pero este escenario es un punto de partida objetivo de la representatividad de cada grupo político en ese escenario y a falta de otras configuraciones territoriales. Cada formación política busca una doble influencia: contribuir a ampliar el conjunto y mejorar su posición relativa. Es un indicador orientativo para avanzar en una solución unitaria y pactada, para la negociación multilateral de las listas electorales y la composición del grupo parlamentario y, posteriormente, para la adjudicación de las responsabilidades institucionales y gubernamentales. El acuerdo debe atender a ese doble criterio de cooperación y competencia leal para ganar todos en legitimidad y representatividad.

Esta realidad objetiva permite clarificar los distintos discursos. Algunos están basados en expectativas y deseos poco fundados y no son realistas ni unitarios; tampoco se deberían utilizar como instrumento negociador ventajoso en una dinámica corporativa o sectaria. La alternativa es avanzar hacia la unidad.

Por un lado, no contribuye a la unidad la idea de que Yolanda Díaz y su equipo se deben apropiar del conjunto de los resultados del escenario unitario, como si todo fuera debido a su versión de SUMAR. Supone el no reconocimiento de la legitimidad del resto de grupos políticos del espacio del cambio –‘no va de partidos’- en particular, del papel de Podemos. Se ampara en la mayoría de las interpretaciones mediáticas, que avalan su protagonismo y el refuerzo de su hiperliderazgo para revalorizar su autonomía y capacidad de decisión unilateral. Es la idea de su monopolio en la representación y la gestión del nuevo frente amplio, sin la participación de la representación de otras formaciones políticas -salvo negociaciones informales-.

Por otro lado, es poco realista la pretensión de reclamar para la dirección de Podemos un papel mayoritario o determinante en esta nueva etapa, similar al anterior; ahora su representatividad sería, aunque cercana, algo menor que la de SUMAR que, además, tendría un mayor valor simbólico y político por el liderazgo de Yolanda Díaz, liderazgo que han asumido todas las partes. Este hecho hay que reconocerlo, aunque está pendiente de la combinación de su doble papel: como portavoz y líder del conjunto, que es plural y sometido a una dirección colectiva e integradora, y como la dirigente de una plataforma política particular, la más relevante ahora pero que no llega a la mitad de la representatividad de todo el espacio del cambio.

Por tanto, son interesados e irreales dos discursos dominantes que están en confrontación. Por un lado, las posiciones de dar todo el reconocimiento, poder o autonomía decisoria al actual equipo de SUMAR, con el argumento de que posee una legitimidad por su supuesta aportación en este ascenso electoral, marginando la representatividad de Podemos (y demás fuerzas). Por otro lado, es necesaria la aceptación por la dirección de Podemos del hecho de la disminución comparativa de su papel prevalente hasta ahora; es una readecuación costosa, pero basada en su mermada realidad representativa, aunque se valore como injusta por el acoso mediático y de los poderes fácticos, se critique la insolidaridad recibida y se evalúe positivamente la labor histórica aportada.

Desde luego, la reclamación de ‘respeto’ exigida por la dirección de Podemos, rompe con el relato oficial de SUMAR de ser ellos la fuerza hegemónica exclusiva y su proceso constitutivo la dinámica dominante, pero, aparte del tono, sería una apuesta razonable en el marco de una negociación justa de los equilibrios a adoptar. Es lo que reafirman con el asentimiento a la candidatura de Yolanda Díaz a la presidencia del Gobierno, apoyando ese liderazgo, pero con el reconocimiento de la pluralidad de fuerzas políticas implicadas y su representatividad. Ese emplazamiento se ha malinterpretado en muchos ámbitos como una amenaza de división, cuando lo que se exige es una unidad equilibrada, bajo la forma de coalición.

La división, evidentemente, podría producirse, a pesar de que formalmente todas las partes se hacen portavoces de la unidad, mientras la pugna del relato competitivo apunta a echar la responsabilidad de la división en la otra parte para rebajar su legitimidad. Según la encuesta, la responsabilidad estaría repartida entre todos los actores.

Las versiones extremas incompatibles serían: la cerrazón de SUMAR por la imposición de su criterio de no reconocer la representatividad de Podemos (y demás grupos políticos) y tener el monopolio del control del espacio del cambio; la exigencia de Podemos en mantener la primacía en la dirección del nuevo frente amplio. Pero, en ese caso nos adentraríamos en la problemática del escenario de división y sus causantes según la propia encuesta, lo que trataremos en otro lugar.

En definitiva, existen dos niveles distintos para medir la representatividad y la función política de la izquierda transformadora que convendría diferenciar con dos nombres diferentes. Siguiendo la encuesta se puede hablar de SUMAR-Unión de la izquierda, pero también de espacio del cambio, frente amplio e izquierda alternativa, y SUMAR-División de la izquierda, con las distintas opciones.

El factor diferencial decisivo que genera el resultado global más favorable es la unidad de todo el espacio alternativo. No es la aportación de la propia Yolanda Díaz y su equipo, condición necesaria pero no suficiente, sino la propia dinámica de unificación del conjunto, por su impacto político de credibilidad transformadora y capacidad unitaria y representativa, así como por la superación de las restricciones de la normativa electoral.

La conclusión general es nítida: la unidad de esa representación política a la izquierda del Partido Socialista es fundamental. No solo beneficia al conjunto de ese frente amplio, sino que garantiza la viabilidad de un gobierno de progreso en alianza con el PSOE. Lo que se ventila es la consolidación de los avances sociales, democráticos y de cohesión territorial que mejoren la situación de la mayoría social, o bien el riesgo de una fuerte involución social y democrática, derivada de las políticas regresivas y autoritarias que promueven las derechas.

Por tanto, estamos ante una situación delicada de gran trascendencia política e institucional, para las condiciones sociopolíticas de la sociedad y el proyecto progresista de país. La responsabilidad colectiva de la representación política de ese espacio es decisiva para garantizar el escenario unitario que multiplica y evitar el escenario desunido que resta. La opción unitaria queda confirmada como la mejor para el conjunto popular y esa izquierda transformadora, y también para el país y su progreso social y democrático. La polémica se establece sobre cuáles son las mejores condiciones y procesos para construirla.

La disputa de los relatos busca la mayor legitimidad de cada actor para defender sus posiciones políticas y sus intereses particulares en la nueva configuración política, para demostrar que tienen coherencia con esa finalidad unitaria clave y los reequilibrios internos más equitativos. Doy por supuesto que nadie apuesta, de entrada, por la división, aunque se señalen los obstáculos y las condiciones para la unidad. Se abre un proceso dialogador complicado, que empieza por la necesidad de escucha mutua y el reconocimiento de los interlocutores, en un plural marco organizativo deliberativo y decisorio.

Las dificultades son muchas y una de ellas es la adjudicación de las responsabilidades de los actores y las estrategias que faciliten o impidan el avance hacia esa unidad. Este campo de juego afecta a la propia interpretación de los hechos y los resultados demoscópicos. En consecuencia, es preciso el máximo rigor y objetividad en el análisis de la realidad (en ello me detendré más adelante), para definir mejor el camino a recorrer. Es lo que podemos aportar desde las ciencias sociales como contribución a una solución pactada para sumar.