Otras miradas

Cómo lo siento, Juana

Andrea Momoitio

Periodista

Imagen de archivo de Juana Rivas. EFE
Imagen de archivo de Juana Rivas. EFE

"Este ha sido un castigo ejemplarizante", declaraba María Salmerón al salir de prisión. Tuvo que cumplir  nueve meses de cárcel por negarse a aplicar el régimen de visitas de Miriam Ruiz, su hija, con su padre. Acusada de "desobediencia a la autoridad", Salmerón trató de evitar que Miriam tuviera que relacionarse con su maltratador. A pesar de los esfuerzos, nada pudo evitar que tuviera que ingresar en la cárcel. A nada que tengas un poquito de conciencia y sensibilidad, se te revuelven las tripas pensando en el daño que han sufrido ambas.

 María del Carmen García quemó al agresor de su hija. El 17 de octubre de 1988, Antonio Cosme Velasco, conocido como «Pincelito», violó a Verónica. Tenía trece años y vivía en Benejúzar (Alicante). La periodista Gema Peñalosa ha reconstruido el caso en Fuego (Libros del KO), en un ejercicio periodístico que busca entender por qué las mujeres seguimos sufriendo tanta violencia y sirve de denuncia de los mecanismos de represión que, lejos de proteger a las mujeres, nos dejan en una situación atroz de vulnerabilidad y desprotección.

María Sevilla, expresidenta de Infancia Libre, ha afirmado que "ha quedado claro que fue una trama orquestada por la Policía". Fueron acusadas de poner denuncias falsas con el objetivo de quitar custodias a los padres.  Ha quedado claro que fue un montaje, bien, pero el daño será difícil de reparar. El caso supuso, según la periodista Meritxell Guàrdia i Serentill, un "punto de inflexión en la visibilización de la violencia institucional que sufren muchas madres y sus criaturas inmersas en procesos judiciales con el padre por casos de violencia de género y abusos a menores".

Elena Lang denunció por activa y por pasiva, que la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA) le habían retirado la custodia de sus hijas de forma "surrealista". El grito de auxilio de Irune Costumero aún resuena y se cuentan por cientos los casos de mujeres que denuncian verse atadas, de pies y manos, ante una justicia que sigue anclada en los valores más rancios y patriarcales; una justicia que nos desprotege. La investigadora Bárbara Tardón asegura que "los tribunales son una puerta de acero para las mujeres, las niñas y niños. El patriarcado, simbólicamente, es como el monstruo de ‘Stranger Things’. Todo el día luchando contra él pero se vuelve a reproducir. El sistema judicial es un infierno para las mujeres".

Tremendo, tremendo, tremendo.

Que se lo digan a Juana Rivas. Ella, que durante unos días logró acaparar la atención mediática de todo el país, que despertó la empatía de una sociedad que parecía no haberse enterado hasta entonces que hay hombres que utilizan a sus hijos e hijas para hacer daño a su exparejas, tuvo que enfrentarse después al escarnio y al cuestionamiento más salvaje. En el informe ‘Contar sin legitimar. Violencias machistas en los medios de comunicación’ se recoge que su caso "puede servir de paradigma sobre cómo múltiples medios de comunicación cuestionan el relato de la mujer que denuncia basándose en el testimonio de su expareja y en rumores y no en hechos probados. Amparándose en la presunción de inocencia del agresor, el discurso mediático derivó hacia una presunción de falsedad del relato de ella".

Lo que tuvo que sufrir Rivas, no me lo puedo ni imaginar.

Pero nunca es suficiente.

Ahora, la Corte civil italiana da la custodia del hijo menor de Juana Rivas a Francesco Arcuri, el padre, mientras el Fiscal General lo investiga por maltrato. Marisa Kohan explica en este periódico que el proceso judicial "es un galimatías difícil de concebir" porque existen dos procedimientos abiertos: uno civil por la custodia y otro penal "para determinar la posible violencia de Arcuri contra sus hijos". La defensa de  Juana Rivas denuncia que es "impensable que el procedimiento civil pueda cerrarse antes de que lo haga el penal, cosa que iría en contra de los tratados internacionales firmados tanto por Italia como por España, como el Convenio de Estambul".

El estudio ‘Violencia vicaria: un golpe irreversible contra las madres’ ha demostrado que la violencia ejercida sobre las hijas e hijos para dañar a la madre está aumentando de forma significativa. Entre otras cosas, tras analizar más de 400 sentencias judiciales relacionadas con la violencia hacia las mujeres o hacia las y los menores entre 2000 y 2021, que el "74 por ciento de la muestra el agresor ha ejercido violencia de género previa contra la mujer madre de los/as niños/as, si bien la mayoría de ellas no habían denunciado los hecho".

Nos está costando demasiado cambiar el marco y proteger a las nuestras. Poco a poco, pero estamos en ello. Lo que siento, Juana, es que para ti, para ti también, llegamos tarde. Ante la pasividad social y los movimientos lentos de las instituciones, el feminismo sigue elaborando el cambio de paradigma que necesitamos para protegernos entre nosotras.

Más Noticias