Otras miradas

Un año, nuevos retos

Nagua Alba
Secretaria General de Podemos Euskadi

Recuerdo haber estudiado que el primer año tras el nacimiento condiciona el desarrollo de una persona a lo largo del resto de su vida, y que, por ello, es un año fundamental. Esta semana, la dirección de Podemos Euskadi y yo misma como secretaria general, cumplimos nuestro primer año. No así Podemos Euskadi, ciertamente, que venía de un 2014 de intenso trabajo de formación y de un 2015 atravesado por algunas de las tensiones propias del crecimiento de Podemos en todo el Estado, así como por la coyuntura preelectoral.

Llegamos en un momento difícil, con una dirección recién dimitida y una campaña electoral en ciernes. Ya entonces la organización estuvo a la altura del reto de las históricas elecciones de diciembre. En la misma línea, desde que fuimos elegidos unos meses más tarde, hemos hecho un esfuerzo sostenido y exitoso por tejer, fortalecer y normalizar, por abrir los espacios de trabajo a toda la militancia, por ampliar Podemos Euskadi y por dotar a la organización de cauces de trabajo y de comunicación que no existían.

Hace un año, treinta y cinco personas asumieron la dirección de Euskadi: personas diversas, con trayectorias muy diferentes, pero que si algo compartíamos era la valentía y la ilusión. Valentía para abordar cuestiones complejas que la ciudadanía demandaba y para ir más allá de los ejes tradicionales en torno a los cuales giraba la política vasca. Ilusión por formar parte de un proyecto que, pese a algunos vaticinios interesados y a los análisis que consideraban a Podemos algo esencialmente ajeno a Euskadi, también estaba llamado a ser protagonista de la vida política vasca.

Desde entonces nos hemos atrevido a poner encima de la mesa posiciones novedosas en materia de autogobierno. Hemos entendido y plasmaremos en nuestra ponencia que no tiene sentido hablar de un nuevo estatus sin ligarlo a una férrea defensa y blindaje de los derechos sociales, sin convertirlo en una herramienta contra la desigualdad, en un sistema de garantía de oportunidades, y, por último, en una arquitectura de instituciones cercanas, participativas y transparentes. No se trata únicamente de solicitar un techo competencial mayor o de que este cuente con las debidas garantías de cumplimiento, cuestiones con las que estamos de acuerdo. Se trata también de pensar el para qué de esas competencias, para qué pacto social y ante qué retos. Es ahí donde surgen los desacuerdos con el PNV.

Defendemos un acuerdo entre vascos y vascas que asuma el derecho a decidir de todas las personas que vivimos en esta tierra y que la capacidad de decisión de que nos dotemos alcance a todas las cuestiones que afectan a nuestra vida, no solamente a una como propone el PNV. Se trata de decidir para vivir mejor. Por eso el estatus que decidamos ha de consistir en mucho más que el encaje o no en el Estado y cómo se da.

Cuando hablamos de "pluralismo", nos referimos a una elaboración más profunda que el simple hecho de reconocer la pluralidad de sentimientos y de hechos identitarios existentes en nuestra sociedad. La pluralidad y la diversidad son esencialmente vascas, y es imprescindible que nos comprometamos a trabajar por preservarlas. Esta forma de entendernos tiene implicaciones profundas a la hora de abordar los pactos de convivencia que debemos renovar en los próximos años.

Dichos pactos deben partir de que todos los proyectos políticos puedan llevarse a cabo y de que tengan como fundamento el respeto de los derechos humanos y la democracia. Esto es, asumiendo que la voluntad inequívoca de convivir entre diferentes, pero iguales, y que nuestra capacidad de decidir debe caminar de la mano.

También, cuando hablamos de paz y convivencia, hemos apostado por modelos transversales que garanticen que todas las identidades y experiencias tengan cabida. Afortunadamente, el futuro de la sociedad vasca ya no coincide con su pasado, pero solamente seremos una sociedad más abierta, fuerte y democrática si somos capaces, con nuestro pasado, de ayudar a construir el futuro. Siempre lo hemos dicho, pero conviene recordarlo: en este aspecto, Podemos Euskadi debe desempeñar un papel fundamental. En los próximos años tenemos el reto social de sentar las bases de una convivencia con memoria y de un país que no excluya y no deje a nadie atrás.

Además, la ciudadanía vasca señala una y otra vez que la precariedad y el empleo constituyen sus principales preocupaciones. En ese sentido, hemos mostrado firmeza en la defensa de un modelo social y económico alternativo, pero sin renunciar a llegar a acuerdos. En política es tan importante el "para qué" como el "cómo", y pesa tanto el objetivo como el mientras tanto. Y es que la ciudadanía demanda que los partidos seamos capaces de llegar a acuerdos, sin duda, pero reclama que esos acuerdos den respuesta a sus necesidades cotidianas y que sirvan para mejorar sus condiciones de vida. Por ello, en Podemos Euskadi hemos apostado por la construcción de espacios sociales de integración, pluralidad y blindaje de los derechos sociales.

Todo esto, lo que ha salido bien y lo que no, lo hemos hecho con recursos limitados y con el esfuerzo generoso de muchísima gente. Somos la fuerza política que de largo menos dinero ha gastado en sus campañas electorales, ahorrando dinero a toda la ciudadanía vasca en subvenciones. No hemos pedido, tampoco en Euskadi, un solo crédito, y hemos aprovechado el excedente de los salarios de nuestros cargos públicos para apoyar proyectos sociales arraigados en nuestros municipios.

Las expectativas eran muy altas hace un año, y navegar las expectativas es una de las tareas políticas más difíciles que conozco, más si cabe en un año de elecciones. En política casi nunca las cosas son a todo o nada, pero siempre se juega algo. Aunque nos esperan muchísimas experiencias, sorpresas y encrucijadas aún, me alegra comprobar a diario que nuestra capacidad para participar del futuro de Euskadi es muy importante, que nuestra presencia en todos los ámbitos sociales e institucionales se ha incrementado, que nuestra incidencia política es más alta, que tenemos mayor capacidad de interlocución y que disponemos de cauces abiertos con el resto de fuerzas vascas, con los sindicatos, asociaciones, movimientos y, en general, con la sociedad civil vasca. Quizá todo esto sea, en cierto sentido, lo que mejor mide el trabajo realizado.

Dicen quienes saben de fútbol que el año verdaderamente importante para una promesa no es el del debut, sino el segundo, porque es cuando se consolida una trayectoria. Los retos que vienen ahora son diferentes, quizá más difíciles y más de fondo, pero los afrontaremos en común y con la pasión de siempre. Precisamente porque pensamos que nuestro proyecto para Euskadi es importante, necesario y duradero, tenemos la obligación, todos los días de la semana, de salir a ganar.