Punto y seguido

Bashar Al Assad, en otra galaxia

Siria se apunta a la moda que avanza en Oriente Próximo: celebrar elecciones presidenciales compaginadas  con la ausencia de libertades fundamentales de asociación, expresión y prensa. Se ha hecho en Irak, Afganistán, Libia y Egipto, y aunque los electores sirios ya en 2002 podían elegir entre Bashar al Assad y Bashar al Assad, ahora gracias a la reforma de la Constitución pueden legitimar su tercer mandato para otros siete años en presencia de dos candidatos como figurantes. La nueva ley garantiza que ningún opositor consiga cuestionar la permanencia del clan Assad en el poder: el candidato, además de haber residido en el país durante los últimos 10 años, debe conseguir el apoyo de al menos 35 parlamentarios.

En  la actual convocatoria, Hassan Abdullah al-Nouri, ex ministro de Asuntos de Desarrollo Administrativo de 54 años, y Maher Abdul-Hafiz Hajjar, un jurista ayer comunista y hoy Pan arabista de 43 años, competirán con el candidato Asad de 48 para mantener el status quo.

El principal objetivo del líder sirio es darse legitimidad de cara a exterior, sobre todo ahora que el señor Brahimi, representante de la ONU para Siria, ha renunciado a su cargo por la falta de voluntad de las partes en resolver el conflicto vía negociación: un golpe fuerte a la posible salida diplomática de la crisis. Este hecho junto con la propia convocatoria electoral, considerada una "provocación" por Occidente y los rebeldes, podrá incrementar la intensidad de la lucha.

EEUU, Francia, Alemania, Bélgica, Australia, Gran Bretaña, Italia, Egipto, Jordania, Qatar o Turquía han obstruido el proceso electoral en sus territorios, impidiendo que los sirios acudan a sus embajadas para votar. ¿De qué tienen miedo? Argumentan que en la guerra, con unos ocho millones de personas desplazadas, y la imposibilidad de celebrarlas con garantías, las elecciones serían un timo. Bueno, el propio Abraham Lincoln se convirtió en presidente durante la guerra civil de 1864 y las elecciones de Irak, Afganistán o Ucrania organizadas en situaciones similares, han sido reconocidas por Occidente porque salió de las urnas la persona deseada. Y en cuanto al posible fraude electoral, suele suceder incluso en las mejores familias: Sarkozi en 2012, o Bush en 2000, cuando su hermano, gobernador de Florida eliminó sin pudor a varios miles de posibles votantes demócratas —negros e hispanos— del censo.

Llaman especialmente la atención las dos varas de medir y la propaganda de guerra en los casos de Siria y Ucrania: a miles de electores sirios que portan pancartas en el apoyo de  Asad no se le ha escapado que su presidente, a pesar de correr el riesgo de tener una terrible muerte parecida a Saddam o Gadafi, ha permanecido en el país para proteger a la nación de la invasión de miles de terroristas llagados de unos 70 países, mientras su homólogo ucraniano, el fugitivo Víktor Yúschenko, les dejó solos ante los compatriotas rebeldes de ideología neonazi.

Lo que sorprende es la postura del Partido Comunista, que respalda a Asad, cayendo en la trampa maniquea (ver Esquisofrenia de la Izquierda occidental): de si las fuerzas reaccionarias intentan derribar a Asad, me opongo a ellas y encima enlazo mi honor y mi suerte con él, un dictador. Lo honesto hubiera sido anunciar al pueblo que a pesar de los graves crímenes y/o errores cometidos por los actuales gobernantes, a causa de  la extrema gravedad de la situación del milenario Estado sirio, es conveniente prestarle apoyo táctico, bajo ciertas condiciones, y dentro de un proyecto político de la salvación nacional.

La impotencia de EEUU

Es un error negar el apoyo que aún recibe el presidente Asad por distintos sectores de la población: unos, comparan la paz y la seguridad de hace cuatro años con el caos actual provocado contra su gobierno. Otros, como las mujeres, las minorías religiosas y las étnicas ya conocen las políticas de  segregación que aplican los islamistas allá donde gobiernan (ver Alauismo: Geopolítica de una religión). Un tercer grupo observa que aún en la Siria en guerra y castigada por las sanciones económicas, la educación y sanidad son casi gratuitas (lo eran también en los gobiernos del despotismo modernizador de Saddam Husein, El Sha de Irán, o Gadafi), servicios que en parte han sido desmantelados en los estados de bienestar europeos.

No se trata de aplicar el refrán conservador español de "más vale malo conocido que bueno por conocer", sino optar por el mal menor en una situación límite. Es responsabilidad de las fuerzas de vanguardia indicar a los ciudadanos  la necesidad de construir una alternativa progresista, real y viable. Mientras, Asad saca provecho de la presencia de yihadistas para debilitar la oposición democrática y comer su espacio.

Siguientes pasos de EEUU

La estrategia de usar el terrorismo religioso para desmontar el último estado secular de Oriente Próximo (ver Al Asad: ¿El último ba’sista?) le ha fallado al gobierno de EEUU una vez más:  la gente asustada de la barbarie de dichos individuos y grupos —incluida la oposición moderada y sensata— se ha puesto del lado del régimen de Asad y lo ha apuntalado.

Si Siria no fuera vecina de Israel, no le hubiera importado a Washington suministrar a estas bandas del terror armamento avanzado (entregó misiles Stinger, portátiles y guiados por láser a los Muyahedines afganos) y destruir Damasco en pocos días. También fue para proteger a Israel que no a los sirios que obligaron a los árabes a entregar sus armas químicas, pues miles de sirios han muerto y mueren por armas convencionales del régimen que Washington, Ankara y Riad proporcionan a los rebeldes (ver Agresión a Siria: el fraude, los 12 objetivos y las 8 consecuencias) y a nadie le había herido su fibra sensible.

Por ello, la Casa Blanca ha optado por seguir armando a los rebeldes, hasta provocar un vacío político en Siria, para luego invitar a la ONU y a sus Cascos Azules y tenerla bajo su tutela. Otra de sus cartas es que Ahmad Tumeh, líder de la "moderada" Coalición Siria de la Oposición (SOC), encabezase el gobierno  provisional, que se establecería en el norte de Siria. Los estadounidenses, al igual que el gobierno de Damasco, están obsesionados por un cambio en la fachada del régimen, que no en el sistema económico político. Barajan nombres como el del vicepresidente (sunita), Farouk as-Shara, para convertirse en el  "Karzai" Sirio (ver Seis propuestas para la paz en Siria y un réquiem por Obama). Lo que de momento no cabe en sus planes es eliminar a Bashar con un ataque terrorista o  un "asesinato selectivo", pues echaría a perder todos los esfuerzos diplomáticos con Irán por su programa nuclear (ver La prioridad de Obama: ¿Siria, Egipto o Irán?). Teherán lo consideraría un paso definitivo hacia una agresión militar a su país y entonces sí que buscaría y utilizaría todos los medios para defenderse, dejando en un juego de niños las guerras que Washington ha emprendido contra unos diez países en los dos últimas décadas.

Es en esta línea que se ha reducido la campaña mediática contra Siria (y también contra Irán). Mientras EEUU destinaba en 2011 unos 50 millones de dólares a los "rebeldes", sólo aprobaba 31 solicitudes de asilo de las 135.000 que recibió en 2013. Debería haber una ley que obligara a los países invasores a acoger a los refugiados que genera su fechoría: así, los cuatro millones de iraquíes, unos cinco millones de afganos, decenas de miles de yemeníes y paquistaníes, libios, y ahora cerca de tres millones de sirios, en vez de estar en los países vecinos, estarían en suelo norteamericano.

 

Asad: un huérfano político

* El hombre fuerte de Siria no cuenta con ningún aliado ideológico. Sabe que Irán y Rusia persiguen sus propios intereses nacionales y/o de sus élites y le dejarían si el coste de permanecer a su lado superase los beneficios. Ambos países cuentan con una agenda para la era postAsad y lo cierto es que para Teherán, en estos momentos, la prioridad es mantener la alianza con el Hezbolá libanés que con él.

* Al no poder derrotar a sus enemigos internos y externos solo y por sus propios medios, estará a merced de las decisiones finales de otros.

* Es una pieza quemada en la política siria: no podrá dirigir un proyecto de renacimiento nacional, aunque tenga un plan.

*Carece de un programa viable que no sea más de lo mismo que lo que su familia ha venido aplicando desde hace décadas: aunque gane la guerra, no podrá ganar la paz social.

* No posee recursos naturales suficientes para sobrevivir como una autarquía a espaldas del mundo.

* Piensa que la tormenta ya ha pasado y se cuelga medallas por los últimos logros militares que, en realidad, son resultado del sacrificio de los militares, la desgana de EEUU en intervenir con todas sus fuerzas y la ayuda inestimable de Irán y Rusia.

 

Posibles escenarios

* Que se alargue la guerra sería la mejor opción para EEUU hasta que encuentre este "karzai sirio" (ver Siria es una trampa).

* Que la actual desintegración del país se consolide y Siria se divida en mini-Estados  kurdos, sunnitas y chiitas, tutelados por EEUU.

* Que el conflicto se extienda a otros países de la región y reanime el proyecto americano del Nuevo Oriente Medio, con el cambio de regímenes y de fronteras incluidos.

* El caos generalizado durante años, donde los  señores de guerra, jefes de grupos armados y delincuentes dominen el escenario.

Asad parece no haber captado el mensaje emitido por las operaciones de la OTAN en el mundo: hasta Irán, con todo su poderío, ha tenido que ceder (vale, con dignidad e inteligencia) ante el asedio económico y las amenazas militares de EEUU.

Ambos bandos y sus apoyos extranjeros torpedean cualquier salida pacífica y democrática al conflicto, que se ha degenerado, a nivel interno, en la batalla entre los yihadistas y shabiha (fantasmas, matones paramilitares del gobierno). Los señores de guerra de unos y de otros dominan la vida de la gente y ya operan de forma autónoma.

Que un político llevase tantos años en el poder no sólo es una exhibición de su enfermizo narcisismo y de hasta qué punto  menosprecia  la inteligencia y el talento de otros ciudadanos, sino que su sistema estéril ha sido incapaz de generar nuevos cuadros.

En vez de la pantomima de las elecciones, las autoridades de Siria y sus valedores extranjeros deberían ser realistas y, convocar, por ejemplo, una conferencia de los representantes de los ciudadanos sirios con los países de la región como la que se organizó en 1989 para poner fin a la guerra del Líbano, basado en un nuevo pacto social.