Punto y seguido

Juzestán: De tierra de Oro Negro y Azul al cataclismo medioambiental

Oh Ahura Mazda! Protege este país de dos monstruos: ¡la sequía y los hipócritas!" pidió el emperador Darío El Grande a Dios inmortalizado en una de las inscripciones de Persépolis. Ahura le ignoró, y hoy Irán está secuestrado por ambos males.

Enviadnos tanques de agua no tanques de guerra!" es lo que demanda, 2.500 años después, la población indignada de Juzestán a los sacerdotes de la República Islámica (RI), mientras las redes sociales bromean con la promesa de Jomeini en 1978 de que "Tendréis agua y electricidad gratuitas" cuando hoy decenas de millones de iraníes incluso carecen de acceso sostenible ambos bienes.

El 15 de julio Juzestán estalló: los continuos cortes de agua y de la electricidad combinadas con las temperaturas de 55-57 grados, fueron la gota que colmó su paciencia. Las protestas pacíficas  fueron aplastadas: al menos diez personas asesinadas por los antidisturbios y cientos arrestados y en paradero desconocido.

Después de un extraño silencio de cinco días, el caudillo de la teocracia chiita, Ayatolá Jamenei, por fin habló: "La gente expresa su insatisfacción y no se les puede culpar en absoluto -dijo. El agua no es un problema menor, especialmente en el clima árido de Juzestán", y mientras culpaba a los funcionarios por la desatención, desde su confortable residencia, llamó "agitadores" a los manifestantes desesperados, legitimando los disparos de los Guardianes Islámicos. Postura que además de radicalizar las protestas atomizó aún más a la extremaderecha gobernante: "Ninguna entidad política, de seguridad, militar o policial tiene derecho a enfrentar las protestas del pueblo con violencia, armas o balas con la excusa de contrarrestar el caos", advirtió el ex presidente Mohammad Jatami, a la vez que colega Ahamdineyad reveló la existencia de un plan en el Consejo Superior de Seguridad islámica para mantener subdesarrollada la región "roja" de Juzestán, la principal caudal de petróleo y gas del país, y centro tradicional de la lucha de la clase obrera iraní.

La solidaridad con Juzestán recorre el país en pequeñas y fugaces manifestaciones, en medio del descomunal propagación del Covid19 y el fin de la ingenua esperanza de los ayatolás en el regreso de EEUU al acuerdo nuclear y el levantamiento de las sanciones sobre el petróleo y la banca iraníes.

Unas 7.000 localidades del país ni siquiera disponen de tubería de agua en uno de los países más ricos del planeta. Los camiones cisterna que reparten algo agua a las familias, no han impedido, obviamente, la muerte de miles de búfalos, vacas y ovejas de los ganaderos ni la destrucción de sus cultivos. Sólo en Juzestán, un millón de palmeras se han secado, privando al mundo de sus deliciosos dátiles y a los agricultores de poder alimentar a sus familias.

Ubicación de la provincia iraní de Juzestán.
Ubicación de la provincia iraní de Juzestán.

Las palmeras de Juzestán

A pesar de que el Golfo Pérsico vive las temperaturas más extremas sobre la Tierra e Irán está padeciendo una sequía prolongada desde principios del siglo XXI, las autoridades ni siquiera hablan del agua. En los recientes debates electorales, por ejemplo, los candidatos (incluido el "ganador" de las elecciones Ebrahim Raisí) no dedicaron ni un solo minuto al problema. La prioridad del clérigo es exportar el islam chiita por el mundo, y todos los recursos humanos y naturales deben estar al servicio de este supremo fin, aunque sea martirizando a los ciudadanos.

Irán muere de sed. Sur ríos, pantanos y hasta las reservas subterráneas -los Qanat «canales »- se han secado y las tormentas de polvo, inundaciones, y nevadas en las áreas cálidas se han vuelto habituales. Los expertos prevén que, unos 50 millones de iraníes emigrarán del país en los próximos años, poniendo en peligro la mismísima existencia de su milenario país.

Ejemplo de una gestión catastrófica

Juzestán «hábitat de los juzíes», la provincia suroccidental de Irán es la cuna de diferentes civilizaciones, como la elamita (5000 a.C.), y el hogar de unos 4,5 millones de iraníes juzíes en su mayoría árabes-sunnita pero también con minorías kurda, lor, turcomana, qashgai, afroiraní y persa. Según las leyendas, fue en allí donde el invasor Alejandro Magno organizó, el año 324, la boda de 10.000 soldados griegos con igual número de mujeres persas y él mismo forzó a las princesas aqueménidas Estatira ("Estella") y Parysatis a casarse con él y así formar parte de la aristocracia.

Siglos después, en Juzestán se perforó el primer pozo de petróleo de Oriente Próximo (1908), y hoy cerca del 80% de los ingresos procedentes del Oro Negro del país proceden sus tierra, que también ha sido el principal caudal del agua de la nación, -albergando un tercio de los ríos y aguas superficiales del país, el principal proveedor de la electricidad (el 70%)-, y también el principal granero de Irán. Sin embargo, la mitad de los jóvenes árabes juzestaníes estén desempleados debido al "racismo" institucional, decenas de miles de sus niños no estén escolarizados, y como revela el Relator Especial de la ONU sobre vivienda adecuada que visitó Irán en 2005, miles de sus habitantes vivían (y viven) con alcantarillado abierto, sin saneamiento, sin acceso regular a agua, electricidad y suministro de gas, etc.

La sequía ha provocado pérdidas por valor de miles de millones de euros en el sector agrícola.

La hidropolítica de los ayatolás

La situación actual no se debe a una "crisis de agua": las crisis suelen ser cíclicas y dejan la posibilidad de una recuperación, mientras el cúmulo de los despropósitos ya han convertido los cambios cuantitativos en esta región en una situación transformada cualitativamente e irreversible en el marco del actual sistema político: hace años que la cantidad del agua utilizada supera las reservas del agua renovable en todo el territorio nacional.

"Obtener el máximo beneficio en poco tiempo" no es solo la consigna de un capitalismo miope también lo es de un clérigo cuya máxima ilusión, como reflejan los libros sagrados, es disfrutar de un bienestar sin límite, sin trabajar, ni preocuparse por las consecuencias de un consumo ilimitado, eterno e insostenible, que sólo es posible en el paraíso del "otro mundo" o en las diminutas islas paradisiacas en éste mismo, ocupadas por unos cuantos billonarios parásitos.

Con esta mirada, el resultado de la gestión de los ayatolás, - salidos de las madrazas, -donde se estudia año tras año y desde hace siglos la situación de Arabia de Mahoma en el s. VII-, ha sido más que desastrosa:

El profesor y activista medioambiental Kavous Seyed-Emami. AI
El profesor y activista medioambiental Kavous Seyed-Emami. AI
  • Prohibieron todos los partidos, sindicatos y organizaciones progresistas, incluidas las ecologistas. El primer Departamento de Medioambiente iraní, uno de los pioneros del mundo, y dirigido por el padre del conservacionismo iraní, Eskandar Firuz (1926-2020) se inauguró en 1971. La Convención de Ramsar consiguió salvar los humedales, crear parques nacionales, reservas naturales, e incluso prohibir el uso de las tierras protegidas para fines militares. Con la teocracia chiita, Firuz fue condenado a muerte y pasó cerca de siete años en la cárcel. Para los Guardianes islámicos, que por un lado, instalan sus bases en cualquier rincón del país y por otro, como gremio se adueñan de zonas fértiles para sus negocios privados, los ecologistas molestan. En 2011, un centenar de manifestantes fueron encarcelado por protestar contra las políticas de la RI que secó el lago Urmia, de 5.200 km., el más grande de Irán. En 2018 detuvieron a nueve conservacionistas, y días después mataron a uno de ellos, profesor Kavous Seyed-Emami de 65 años, bajo la tortura, acusándoles de «Espionaje y propagar la corrupción en la Tierra».
  • Castigaron el uso de los anticonceptivos, elevando el número de habitantes de 33 millones en 1978 a 81 millones de hoy, sin ninguna previsión para proporcionarles agua, comida, trabajo o vivienda.
  • Se pusieron a construir presas y represas, como "símbolo del desarrollo" y también otra fuente de renta en el negocio del ladrillo. Construcciones que contribuyen a la evaporación de las reservas de agua renovables. La presa Gotvand de Juzestán, siendo la más alta en de todo Oriente Próximo, representa el escándalo de ingeniería, no solo porque la luz vertical del sol provoca la evaporación, efecto invernadero y calor extremo, sino también debido a que está construida sobre un domo de sal, que contamina el agua dulce que recibe. Su agua, ya salada, en su recorrido destruyó cultivos, así como la mitad de los árboles de la provincia. Las autoridades islámicas volvieron a ignorar la advertencia de los intrépidos expertos y "remediaron" aquel desastre con otro: cubrieron la presa con una manta de arcilla, que se rompió poco después por la deshidratación.
  • A pesar de que el agua almacenada en las represas de la provincia se ha reducido en 5.000 millones de metros cúbicos en comparación con hace un año, siguen con la construcción de otras 62 presas más.
Vista de la presa Gotvand, en el río Karun, en Juzestán (Irán).
Vista de la presa Gotvand, en el río Karun, en Juzestán (Irán).

A estas políticas, que van más allá de la incompetencia, se han sumado otras que revelan una inquietante intencionalidad para cambiar el mapa del país:

  • No contratar a los nativos árabes-sunnitas para las obras de infraestructura de la provincia, forzando a unos 250.000 compatriotas árabes a emigrar (genocidio étnico), y de forma paralela, ha construido nuevas ciudades como Shirinshahr y las ha llenado de familias leales ofreciéndoles pisos accesibles y trabajo. En el abril de 2005, se filtró una carta del gobierno de Ahmadineyad, en la que detallaba cómo trasladar a dos tercios de los árabes a otras zonas del país. Dos son las bases de esta actitud de la RI hacia las minorías nacionales-religiosas iraníes, que componen nada menos que el 60% de la población del país:
      • En la "Umma" «comunidad chiita» de la RI, un terrateniente chiita libanés es más hermano que un trabajador kurdo, persa o árabe iraní, y
      • Tras el fin de la guerra Irak-Irán (1980-1988), salvar la primera teocracia clerical chiita se convirtió en la prioridad absoluta de la RI. Entre las medidas tomadas están la formación de las milicias derechistas de esta fe en otros países de la zona; cambiar la composición étnica de las provincias fronterizas y condenarlas al subdesarrollo para poder controlar a su gente; trasladar sus industrias al desierto central del país con la idea de protegerlas de un posible ataque de misiles enemigos, para el que desviaron el cauce de varios ríos hacia esta zona (como a Yazd, Arak o Qom). Fue en vano: aquellas instalaciones han sido atacadas no por misiles sino por los virus informáticos de Israel y EEUU, al tiempo que aquella valiosa agua simplemente se vaporizó.
  • Cultivar productos inadecuados como caña de azúcar,  promovido por el clan Rafsenyani, millonaria familia del expresidente fallecido. No ha habido un "modelo de desarrollo" en Irán ni una "planificación espacial" que estudie la ventaja comparativa de diferentes regiones para distintos productos.

Lo cual se ha traducido en altos precios de los alimentos básicos como el pan, sinónimo de la inseguridad alimentaria, además de un desempleo estructural, y una guerra por el agua, ya iniciada, entre varios pueblos y ciudades del Estado que promete ser disfrazada de "guerra civil entre grupos nacionales y religiosos".