Carta con respuesta

Universidad

Cuando empezó los estudios, ella pensaba que al terminar encontraría con mayor facilidad algún trabajo y que, lógicamente, estaría relacionado con aquello que había aprendido. Y acabó. Sin embargo, pasaba el tiempo y lo que encontraba eran trabajos precarios sustentados en contratos basura que nada tenían que ver con la profesión elegida. Entre periodos en paro y otros de alienación laboral mal pagada fue transcurriendo el tiempo, hasta que le sobrevino la crisis de angustia en la que todavía hoy se encuentra. Esta historia, que no narra ningún caso concreto, puede convertirse en algo frecuente, si los sindicatos no despiertan de su sopor y nuestras autoridades dejan de esconder la cabeza debajo del despacho ante el caos existente en el mercado laboral.

ENRIQUE CHICOTE SERNA ARGANDA DEL REY (MADRID)

Tal y como lo veo, hay dos concepciones. Dicho a brochazos: en una la universidad se ajusta a las necesidades del mercado laboral, es decir, la oferta de licenciaturas, el número de plazas, los contenidos, etc. se diseñan a medida de la demanda del mercado. Dos: la universidad es en lo esencial independiente del mercado, sigue habiendo, pongamos, una titulación en arameo coloquial, aunque no haya puestos de trabajo.

Si la universidad se adapta al mercado, será éste el que defina sus dimensiones y su orientación: no puede haber tantos licenciados en algo si no hay igual número de empleos. Y, claro, al final, la investigación científica, por ejemplo, será la que las farmacéuticas, la NASA o la industria militar necesiten y no otra. Y, por supuesto, el acceso a la universidad sería muy limitado, de acuerdo con las necesidades de personal de las empresas: sólo podría estudiar cierto número de alumnos al año. Si elegimos la opción B, ¿qué se hace con treinta expertos en arameo coloquial? Algunos serán reabsorbidos por la propia universidad, un puñado podrá trabajar de guía turístico (aún se habla algo de arameo) o en exóticas academias de idiomas y otros tendrán que ser subvencionados por el CSIC o meterse en el CNI. ¿Y el resto? Pues buscará un trabajo que, "lógicamente", no estará "relacionado con aquello que había aprendido".

Podemos dejar la universidad en manos de la empresa (plan Bolonia) y el resultado implicará: restricción de acceso (o bien privatización: devaluación de la licenciatura a favor del máster de pago) y planes de estudio dictados por las empresas. También podemos profundizar en una universidad pública, crítica y exigente, pero entonces, ¿quién impide la frustración de la niña de Rajoy? En cuanto al "caos en el mercado laboral", yo creo que se llama capitalismo, pero no pienso que las autoridades (¡ni estos sindicatos!) se vayan a poner a arreglarlo. Es cosa nuestra.