Me llamo Miguel, tengo 23 años, soy de Madrid y soy estudiante de Medicina. Me gusta mucho leer, al igual que escribir, sobre todo, tengo un cierto amor por escribir poesía, aunque me atrevo con absolutamente todo. Incluso estaba pensando en la publicación de un libro sobre mi biografía. El problema es que, como nunca me atrevo a enseñar lo que escribo, por vergüenza, o porque la poesía a mi novia no le gusta, siempre mis textos terminan perdiéndose o jamás se leen. Pienso que la poesía que escribo puede estar bien, siempre me viene la inspiración cuando estoy triste o cuando estoy enamorado.

 

MIGUEL HERVÁS CASADO MADRID

Hombre, Miguel, salvo que sea uno Obama (o Billy el Niño), 23 años parece una edad algo prematura para un libro de memorias. Si le gusta escribir, el único consejo que puedo darle es que lea. ¿De dónde va uno a copiar si no? También puede acudir a algún curso de escritura. Mucha gente se asombra de que haya cursos para enseñar a escribir literatura. ¿Acaso se puede enseñar a escribir?, preguntan con cierto escándalo. Lo que a mí me asombra es que suele ser el mismo tipo de persona que acepta con naturalidad que haya “cursos de parto”: ¡incluso dirigidos a los hombres! Parir, tengo entendido, es un acto natural, y aun así hay mujeres (y hombres, no se lo pierda) que reciben clases de parto. Nada menos natural que escribir un poema, pero eso en cambio, dicen, no se puede aprender. Los talleres de lectura y escritura los encontrará gratis en bibliotecas y centros culturales.

Escribir, me dijo una vez Paloma Díaz-Mas, es como cocinar. Tú guisas y luego hay que dejarlo enfriar. Cuando está frío, la grasa sube, y entonces la puedes quitar sin dificultad con una cuchara. Escriba, le diría, con la cazuela al fuego (del amor, de la tristeza, de lo que le dé la gana), pero déjelo enfriar y ya verá qué bien ve los pegotes de grasa que sobran. La inspiración existe, pero se suele decir que conviene que, cuando llegue, te pille ya trabajando, por si acaso.

Y consiga que le lean. Hay un truco que no falla: tráguese sin rechistar lo que escriban sus amigos y se verán obligados a corresponder, ya verá. Para eso tiene que agenciarse sin pérdida de tiempo unos cuantos amigos que tengan la misma inclinación a escribir que usted. No le será difícil. Puede que los encuentre también en bibliotecas y centros culturales, pero yo probaría primero con una buena ronda de bares. Suerte, amigo.