Valores eternos

En España se han celebrado manifestaciones, reprimidas con porras, ante la bárbara matanza de focas en Canadá, lo que ha llevado a la Unión Europea a prohibir la importación de los productos de esa salvajada. Dada la triste similitud que esas imágenes tienen con la actuación de la Policía catalana contra los estudiantes, se ha sugerido que no sólo lleven un brazalete identificativo los periodistas, sino también los manifestantes, con la advertencia de “ciudadano”, a fin de que los delegados por la autoridad no les traten como en Canadá hacen con las focas. De lo contrario, es probable que pronto volvamos a ver manifestaciones internacionales contra el maltrato, no sólo de las focas, sino, como en los tiempos del franquismo, de los ciudadanos españoles.
M. LLOPIS PIFERRER BARCELONA
En Estrasburgo, la policía lo explicó con toda claridad: nosotros estamos aquí para proteger a los poderosos y la seguridad de los manifestantes nos trae sin cuidado. El que avisa no es traidor. Eso dijeron: luego se pusieron a dar candela a mansalva, creo que detuvieron a unos cien tíos, incluidos unos pacifistas de Albacete. En Londres o París sucede lo mismo. Esto significa un gran avance: por fin tenemos una Policía europea. Claro que, como se sabe, Barcelona siempre ha sido más europea que Madrid.

En conjunto, a mí me parece que lo que se acaba es esa incómoda ambigüedad posmoderna. Vuelven por fin tiempos fuertes, míticos, en blanco y negro; y al pan, pan; y al vino, vino. Ya estábamos cansados de disimulo, de que la Policía estuviera al servicio del ciudadano, de que el Ejército fuera una fuerza de paz, de que los del PSOE fueran empresarios y de que los del PP defendieran a los trabajadores.

Ahora por fin la Policía es un cuerpo represivo que reparte estopa. Los católicos son trogloditas que creen que los condones expanden el sida. Los políticos, unos chorizos sin escrúpulos. El presidente de EEUU manda y los demás obedecemos y enviamos tropas donde diga el señorito. Los banqueros son golfos apandadores y pronto volverán a llevar chistera y puro. Los actores y los intelectuales son pesebristas, titiriteros a sueldo de Moscú o pancarteros histéricos. Como decía el anuncio: ¡vuelve el hombre!