Acerbos tiempos

Leo que la revista ‘Alfa y Omega’, editada por el Arzobispado de Madrid, considera que el abuso y la violación de niños no es comparable con el aborto y cuestiona la penalización de la violación en una sociedad de lujuria y desenfreno, donde el gozo y el disfrute es el fin de la relación sexual. Frivolizar sobre un acto tan deplorable como la violación representa una ofensa para cualquier persona que crea en los derechos humanos y puede ser un ingrediente para la confusión o la coartada intelectual de los que no distinguen entre el placer y el horror.

ALEJANDRO A. PRIETO ORVIZ GIJÓN (ASTURIAS)

Qué obsesión por llamarse a agravio. ¿Tanto trabajo cuesta leer el artículo del que se habla? Ese individuo, un tal Ricardo Benjumea de la Vega, mantiene que el sexo es trascendental y arremete contra la idea de que puedan mantenerse relaciones sexuales sólo por diversión o por placer. Si fuera sólo una diversión, aduce, violar a alguien sería parecido a obligarle a escuchar música o a ver una película, y no debería estar tan penalizado. Esta aberración (así la llama) prueba, en su opinión, lo lejos que está el sexo de ser un simple pasatiempo.

Es el argumento propio de una sátira. Quizá recuerde la modesta proposición de Swift: vender a los niños pobres como carne para los ricos. Se puede desmontar lo que dice (el tipo es hábil, pero tampoco es Swift): lo que no vale es ni siquiera entenderlo. En mi opinión, tampoco vale acogerse a sagrado: ¡cómo se atreve a hacer bromas con la violación!, etc. ¿Y con los niños pobres para salchichas sí se puede frivolizar, en cambio? Será de pésimo gusto, pero yo defiendo (también) la libertad de expresión para el mal gusto, sea una portada de El Jueves o la opinión de un meapilas.

La opción B es tomar una sátira ad pedem litterae para poder rasgarse las vestiduras y darse por ofendido y llamarse a agravio. Usted mismo, pero así ni se contesta ni se desmonta lo que está diciendo. Suerte tuvo Johnatan Swift al fallecer antes de que le acusaran, a cuatro columnas y con santa indignación, de apología del canibalismo o de frivolizar el asesinato de niños (pobres, encima).