Cargarse de razón

Ahora que comienza el curso me ha venido la idea de hablar de lo que pienso sobre el mismo. Hay muchas opiniones sobre la conveniencia o no de imponer uniformes escolares. La Junta de Andalucía se ha pronunciado también sobre este tema diciendo que “sería conveniente que cada centro, de común acuerdo con los padres decidiera poner uniformes”. Y, es que desde todos los puntos de vista que lo mires resulta positivo. Con ello se evita que muchos niños y niñas compitan a ver qué modelos y marcas van a lucir a diario, pues a menudo, surgen peleas por el tipo de ropa que llevan. El uniforme sería muy conveniente porque con ello se ayudaría a la disciplina escolar. En definitiva; el uniforme es económico y disciplinario, y se acostumbra al niño desde pequeño a cumplir unas normas que luego repercuten en otros comportamientos. 

ANA CARMEN TRUJILLANO. MÁLAGA

Afirma que “hay muchas opiniones” y la Junta es partidaria de que llegar a acuerdos. ¿Para qué, si “desde todos los puntos de vista que lo mires resulta positivo”? Esas otras “muchas opiniones” ¿qué son? ¿Sandeces? ¿Maldad deliberada? ¿Oyen voces en su interior y obedecen sin saber por qué?

¿Qué razones aducen los que no están de acuerdo? Me gustaría conocerlas. ¿No hubiera sido útil referirse a ellas? ¿O es mejor suprimirlas que discutirlas? ¿O ni siquiera tienen razones, sólo intereses espurios? Para pensar sobre un asunto hay que pensar también en contra de uno mismo, intentar comprender el otro punto de vista.

Soy partidario del uniforme escolar. Sin embargo, puesto que “hay muchas opiniones”, también soy partidario de escucharlas, aunque sólo sea para intentar rebatirlas. Si viene impuesto de esta forma tan despótica, casi me lo voy a pensar otra vez. Si el uniforme es el correlato indumentario de esa forzosa uniformidad cerebral que impide incluso conocer otras opiniones, igual ya no me convence tanto. Económico no sé si será, pero parece claro que usted quiere que sea disciplinario. Hay cosas en las que no vale la pena ahorrar: no escatimemos ni un duro en diálogo, atención a los argumentos de los otros o búsqueda de acuerdos. No trae cuenta.