Opinion · El repartidor de periódicos

Periódicos mojados

Por si hay nuevas elecciones, ha comenzado la campaña mediática de engorde de Ciudadanos, partido al que el PP ha dejado en la piara de lo alimenticio. El Mundo está entregado. Otorgaba el viernes la noticia principal de portada especulando con el poderío decisor de la formación naranja: «Rivera presiona al PSOE para ir a elecciones en Murcia». Al día siguiente, sucumbía el tronío ciudadano y la conclusión de la noticia bajaba a un escalón mucho menos significante de la primera plana: «El PSOE se adelanta a C´s y presenta una moción en Murcia». Esto de dar más valor informativo a las especulaciones o futuribles que a los hechos siempre es síntoma de una clara toma de partido. Si a Mariano Rajoy se le ocurre adelantar elecciones, hay cierto miedo a los imprevistos. Ya no está tan claro que el PP pueda salir reforzado si su muleta progre pierde pie.

El País ni otorga a la historia portada y la deja en pataleta interior titulando en su página 20 que «El PSOE y Ciudadanos chocan por la moción de censura al presidente de Murcia». En ABC tienen más clara la cosa: «Rivera deberá elegir entre el PP y un gobierno que dependa de Podemos». O sea, el orden marianista o el caos con coleta. La Razón considera al líder de Ciudadanos «promotor de todo este desatino para colgarse no sabemos qué medalla». El pequeño detalle de las imputaciones y la corrupción es tan aleve que no merece ni comentario.

Albert Rivera se ha convertido en un actor sin papel. El PP ha decidido que ya no necesita marca blanca para caminar rápido o correr despacio. Y su troupe mediática comparte la idea. Salvo El Mundo, que también fue baluarte de UPyD en su afán de hacerse un lugar en el cielo que no huela demasiado a gaviota. Tan desfondado se ha quedado el proyecto de Rivera, que ya ni siquiera alguien le honra considerándolo enemigo. Ya no es simpático ni antipático. Ni útil ni inútil. Ni ruido ni nuez. Mariano Rajoy, mientras, observa otro cadáver flotando por el río. Pierda o no pierda el gobierno de Murcia. Eso le importa poco. Su baza son las generales que podría convocar a partir de mayo.

Otra cosa es Pedro Sánchez. Desde su conversión al socialismo, este hombre se ha convertido en el enemigo número uno de los kioscos. Hoy mismo La Razón arroja sobre él un informe que os viene a decir que Putin le está haciendo la campaña en las redes sociales. Dicho informe, graciosamente apócrifo, sin firma ni partida de nacimiento, asegura que el candidato está engordando su perfil tuitero de forma torticera. Y para más escándalo «de sus últimos 15.000 seguidores solo el 3,7% vive en Europa Occidental». Ojo a la velada alusión al Telón de Acero. Que esta historia del informe de un cuñao acerca de esa chorrada llamada twitter merezca doble página al arranque de la sección de España nos retrotrae al Marhuenda más lisérgico. Con la cantidad de datos y BOEs que pueden servir para desmontar a Sánchez sin inventarse informes.

A Sánchez es que ya ni siquiera le dejan pedir limosna en las puertas de las iglesias. La gestora ha decidido dejarle sin crowdfunding. Y la bancada popular del Congreso regala un aplauso operístico y unánime a su Judas particular, Antonio Hernando.

Las distintas situaciones que están viviendo Rivera y Sánchez nos desvelan hasta qué punto la voz de la prensa es cada vez menos influyente. A Sánchez lo están apaleando tanto que posiblemente vaya a revolucionar el PSOE y España. De momento, las encuestas lo colocan muy por encima de La Sultana. A Rivera lo han matado los medios de empacho de glucosa: enaltecieron tanto su figura renovadora, que ahora que no ha renovado nada se está diluyendo en niebla como fantasma que nunca existió. Poor butterfly.