El repartidor de periódicos

Casado, un tonto y un lápiz

Hay un dicho muy español que nunca había entendido demasiado bien, hasta ahora: "Le gusta más que a un tonto un lápiz". Pues mira, para algo ha servido la moción de censura de Vox. Ya lo entiendo. En España, le das a un tonto un lápiz y enseguida te gana el premio Cervantes por aclamación popular. Es lo que le ha pasado esta semana a Pablo Casado, a quien incluso su tocayo Pablo Iglesias ha comparado con Cánovas del Castillo, el ideólogo español de la derecha cuyo primer principio político era la negación de lo posible: no podemos hacer lo que queremos, sino lo que nos dejan. Pues vaya, o sea.

Al canovista Pablo Casado lo han convertido los medios tradicionales españoles en un héroe de la oratoria por insinuar, con disimulo, que un facha es facha, que un racista es racista y que un nazi es nazi. Joder para el tonto con el lápiz. Algún cronista, esnifado de incienso y wikipedia,  ha llegado a asegurar que Casado es, sin duda, el más brillante parlamentario español. Que alguien les ponga a estos analistas una enciclopedia mojada en agua fría sobre la frente, para bajarles la temperatura. No son, en absoluto, asintomáticos.

Casado no es en absoluto un tonto con un lápiz, y ha entendido perfectamente cómo conseguir que los verdaderos tontos con lápiz escriban lo que él no tiene ganas de pensar. Al cordón sanitario que tantos países han marcado contra la ultraderecha internacional neonazi, él ha contrapuesto un sibilino "cordón oratorio": decir contra ellos, pero hacer con ellos y para ellos. Los alcaldes de su partido andan martilleando versos de Miguel Hernández mientras él cita a Miguel Hernández sin haber leído a Miguel Hernández. Y todo en este plan.

Otrosí, que es palabro que utilizo sin entender para que mis pares me eleven a las academias, hay que concederle a Pablo Casado el don de cabrear a los más conspicuos tontos con lápiz de la lapicería mediática española. No os lo vais a creer, pero el líder del PP ha enfadado muchísimo al Ortega y Gasset de nuestro facherío cosmohispánico: Federico Jiménez Losantos. Ya sé que lo habíais adivinado, pero me pagan por palabra y eso me hace propender a citar apellidos bastante extensos.

Escribe en El Mundo FJL que el de Casado fue "el discurso más violento que recuerdo en el hemiciclo, incluidos filoterroristas y separatistas". Habla de "agresión personal y política". Y hasta se pone sentimental y algo ex novio: "Yo estaba viendo por primera vez en Casado a una mala persona [...] con gestos de odio que nunca sospechamos".

Para el columnista del mismo medio, Jorge del Palacio --ya os dije que me gano el pan citando apellidos largos--, "la tragedia para la derecha española es que este duelo entre PP y Vox está generando una fractura artificial entre ambos partidos". No es tonto Del Palacio aunque le des un lápiz. Su diagnóstico es perfecto: Vox es el PP y el PP es Vox. Lo dice bellamente cuando califica la "sobreactuación del PP y de Vox. El primero porque si ladran no cabalga. El segundo porque solo cabalgan si ladra". Me dan ganas de hacerme un poco facha para describirlo tan bien.

No va uno a decir aquí que el cordón oratorio de Casado solo sería creíble si dejara de partir a martillazos versos de Miguel Hernández. Pero lo dejo ahí volandero por si os apetece en algún momento pensar. Al fin y al cabo, solo soy un tonto con un lápiz.