El repartidor de periódicos

Una líder demasiado silenciosa

Yolanda Díaz, este viernes en València. EFE/Manuel Bruque

Es extraña la manera en que Yolanda Díaz está ejerciendo el liderazgo del bloque que transita a la izquierda del PSOE (o sea, la izquierda). Su compromiso social y su lucha por la clase obrera han sido refrendados por unas cuantas decisiones gubernamentales que llevan su firma y su aliento. Pero últimamente pareciera que huye de la confrontación y la dialéctica, como si el silencio y la fotogenia bastaran para consolidar un proyecto político. Para callarse y photoshopear ya tenemos la monarquía.

Que Yolanda Díaz se ha labrado un carisma de moquetas para dentro es innegable. Pero, en mi modesta opinión de tío de la calle, creo que de moquetas para fuera se está olvidando de pisar. La calle (por lo menos la mía) agradece mucho que se le suba el sueldo mínimo, pero mi calle quiere más. Quiere discurso ideológico más allá de la gestión. Porque la gestión es presente y el discurso ideológico es futuro. No contentas a los revolucionarios con unas perras más en el SMI. La revolución acepta limosnas. Pero paga, y a veces con la vida, por ideas.

Yo no sé si estoy muy de acuerdo conmigo mismo, pero aun no he captado ideas en el proyecto de Yolanda Díaz. Y menos cuando vienen mal dadas, como en este caso de la ley del sí es sí, que está carcomiendo (otra vez) la reputación de Irene Montero.

A pesar de que esa ley fue refrendada por el Consejo de Estado y el General del Poder Judicial, hoy inspira estos titulares: "Igualdad pide a los medios no informar de los recursos de la ley de solo sí es sí" (ABC); "La frustración del solo sí es sí amenaza con reventar a Podemos" (El Mundo); "Los jueces elevan un 600% su formación en género" (La Razón). Son titulares de portada: la mejor información del día que nos traen estos prestigiosos medios.

Nos viene a decir el torcuatiano diario que Irene Montero y sus secuaces anduvieron llamando a Francisco Marhuenda, al Ferri, a Vicente Vallés, a Virginia P. Alonso y a William Randolph Hearst para que no dieran noticias de la cosa. La cosa es que un juez pirado ha rebajado la pena a un violador que obligó a su hijastra de 13 años a hacerle una felación. Eso no es consecuencia de la nueva ley, sino de una perversa interpretación. Yolanda Díaz, lideresa de la izquierda, ya tendría que haberse pronunciado contra esta agresión al buen sentido, a la belleza (no sé por qué digo esto) y a la racionalidad.

"La frustración del solo el sí es sí amenaza con reventar a Podemos", es el titular a cuatro columnas de El Mundo. Vayamos por datos, que diría Jack el Destripador. Yo no sé de dónde saca El Mundo dónde hay frustración. La frustración es muy difícil de medir. Y resulta que, aparte, hay frustraciones que amenazan. Otro hallazgo periodístico. Y además amenazan no con cualquier cosa, sino con "reventar".  ¿Reventar qué? No preguntes y ponte Securitas Direct.

Pero el titular de portada que más me gusta es el de La Razón: "Los jueces elevan un 600% su formación en género". Ayer se pusieron y, en un rato, un 600% en formación de género. Qué tíos. Y qué tías. ¿De dónde sale el dato? De ningún sitio. De unos cursillos que les han mandado hacer desde hace diez años. Cientos de resoluciones judiciales son perversas, y hay que denunciarlas.

El no-liderazgo de Yolanda Díaz es bastante indescifrable. Porque, a veces, su retiro en temas fundamentales se hace muy semejante a la cobardía. Está muy bien salir muy guapo en las fotos y hablar muy bien con los ingleses. Pero ningún líder de izquierdas ha salido a defender a muerte a Irene Montero. Porque, en este tema, no hubo líder. Y es un tema que hoy copa con estupideces y falacias las portadas de todos los periódicos. Si Yolanda Díaz quiere liderar la izquierda, tiene que empezar a demostrarlo. Y dar respuestas. Duras. Inflexibles.