Rosas y espinas

Moncho Alpuente y Gran Hermano

Ando por la Semana Negra de Gijón con Moncho Alpuente presentando unas novelas que hemos escrito, y cada vez que abre la boca me da por pensar en lo que era un showman español antes de que España se volviera imbécil.

Por alguna razón, el humor inteligente, la risa ácida y la corrosividad de la palabra culta han sido sustituidas, en pocos años, por Gran Hermano y Mercedes Milá. Por ese orden.

Hemos cambiado a Tip y a Coll por la Milá, el Jorge Javier y la Esteban, y eso nos ha pasado precisamente en el momento en que hemos dejado de ser esclavos de una dictadura y nos hemos convertido en demócratas libres. O sea, que lo hemos elegido nosotros.

Tenemos, por tanto, la televisión, la prensa y la radio que queremos.

Antes, para salir en la televisión o en la radio, tenías que saber decir cosas muy profundas o muy graciosas, o albergar el poder de doblar cucharas con la mente en plan Uri Geller. Ahora lo que el público demanda es que seas gilipollas, musculado y que te prestes a follar con una poligonera operada ante las cámaras de Gran Hermano, a poder ser en un jacuzzi. También vale que seas la ex de un torero y que digas lo que te salga del potorro, Belén Esteban dixit muchas veces, y así nos va la prima de riesgo intelectual.

Cuando van pasando los años, te vas haciendo más nostálgico y con más nostalgias, y uno echa de menos, durante el zapping televisivo o radiofónico, a un García Tola, a un Moncho Alpuente, a Milá entrevistando a Cortázar, a Tip, a Coll, a Gila, a Balbín, a Joaquín Prat, a Bobby Deglané y a Kiko Ledgard.

Aunque nos queda el Wyoming.

¿Cuánto nos durará Wyoming, si la televisión es una constante lucha contra la inteligencia?

Y se me vuelve Moncho Alpuente, que está aquí al lado, leyéndose un gin tonic y bebiendo una novela, y me cuenta una antigua historia.

"En aquellos tiempos el Wyoming y Reverendo tocaban en bodas. Y allí estaban en una, cantando lo suyo, y nadie les hacía caso. Entonces alguien protestó: ¿quién coño ha contratado a estos dos mataos? Y Joaquín Prat, que era uno de los invitados, la personalidad de la boda, y que no conocía al Wyoming ni al Reverendo ni los había oído nunca, se hizo el enfadado: ¡Pero no tenéis ni idea! ¡Estos dos tíos son lo mejor que hay en Madrid! ¡Estos dos se van a comer el mundo! Y toda la boda se fue a escuchar al Wyoming y al Reverendo, y aplaudieron muchísimo, y aquello fue un éxito total".

O sea, que el showman, el comunicador, es el hombre o la mujer que inclina la opinión, que bascula la atención popular hacia aquellos animales, minerales, cosas o personas que ni siquiera conocen, que solo intuyen, que apenas atisban o que se inventan.

Joaquín Prat, como era un genio, se inventó ese día al Wyoming y Reverendo, y Wyoming y Reverendo existen desde aquella boda y ya jamás dejarán de existir.

Ahora quien azota tendencias, quien nos dice a quién debemos votar, a qué dios rezar y a qué colegio mandar a nuestros trending topics es un tal Alessandro, dignísimo concursante de Gran Hermano, quien se encaró con una tal Noé ante las cámaras, una chica más o menos guapa, también del Gran Hermano, y le largó esta frase que suena a Wilde embrutecido: "Le dijiste a Rafa que se llevaba tu corazón. ¿Cuántos corazones tienes que dar?".

A buen entendedor, la tal Noé se ha trajinado al Rafa y a éste Alessandro delante de las cámaras, y eso es importante para el público español.

Yo, la verdad, prefiero quitar de la pantalla al Rafa, a la Noé y al Alessandro, y poner a Moncho Alpuente, o a Tip y a Coll, o a Bobby Deglané, para reírme de toda esta tristeza.

Me cuenta Moncho Alpuente que le llaman de muchos programas del corazón, para decir sus tonterías, y que él se niega por sistema aunque le ofrezcan una pasta: "Esa es mi línea roja".

Pero la línea roja la pone el público. Esa suma de kilogramos adiposos donde se difumina el ser humano. Y el público quiere ver a ese Alessandro sin calzoncillos, calzándose a la Noé.

¿El público quiere ver al Alessandro calzándose a la Noé?

No sé.

Yo no.

Quizá es que yo no soy el público.

Yo a quien quiero ver es a Tip, a Coll, a Wyoming, a Deglané, a Prats y a Moncho Alpuente calzándose a la actualidad. Y devorándola con una enorme risa. Va a ser que yo no soy el público.