Rosas y espinas

TVE censura a Botella

Al parecer, el gobierno de Rajoy todavía no ha realizado una criba suficiente en la Televisión Española, y todavía campan a sus anchas bolcheviques de la zeja por sus pasillos con el Granma bajo el brazo. Así no hay quien gobierne como dios manda, con la opinión pública contaminada de Marx, de Wyoming y de Shin-Chan.

La última prueba nos ha llegado esta misma semana, cuando los responsables de informativos de la cadena pública censuraron a la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, en la rueda de prensa en la que explicó cómo un cristiano puede combinar el disfrute de un spa en Sintra (adonde regresó vacacionalmente la alcaldesa en cuanto cumplió con la foto en los tanatorios), el dolor por las víctimas del Madrid Arena, la gobernanza de la ciudad, la casta devoción de Paco Marhuenda y la convivencia con José María Aznar. "No dejé de pensar en las familias ni un minuto", aseguró la alcaldesa en dicha comparecencia, recién desembarcada del avión que la trajo desde el spa de Sintra. Clarificadoras palabras que el gentío, la plebe, el pringao, usted, yo y Mariano nos vimos privados de escuchar a causa de la bolchebilduría censora que aun domina el ente.

Vayamos a los hechos. Mañana del jueves, la alcaldesa leyó un comunicado ante los medios sobre la tragedia. La señal del canal 24 Horas conectó en directo... Hasta que llegó el turno de preguntas de los periodistas y el informativo cortó la conexión para deleitarnos con un reportaje sobre crecer jugando. ¡Sí! ¡Crecer jugando! Y no políticamente.

Legendaria es ya la agilidad dialéctica de Ana Botella, su ingenio wildeano, su semántica no menos cultivada que arrojadiza, su presteza sináptica, su savoir dire. Tanto es así que a sus ruedas de prensa no solo asistimos periodistas, sino también una cohorte de académicos para tomar cumplida nota de sus audaces giros lingüísticos, de sus neologismos, de sus paradojas. Para el diccionario, dicen. Yo creo que es para su egoísta crecimiento personal.

Al paso del discurso de Ana Botella hasta se arrodillan los diccionarios. Y aquí un ejemplo extraído de la rueda de prensa del jueves: "Los tristes sucesos ocurridos en el Madrid Arena nos han conmocionado a todos, nos han entristecido a todos y, creo que ha sido general en toda España. Ha sido realmente una conmoción" (la coma mal puesta es responsabilidad de la web oficial del Ayuntamiento de Madrid. El resto es arte).

Censurar tan bellas palabras, tal que hicieron el jueves los telebolches de 24H, es peor que recortar presupuesto en educación, mileurizar a nuestro profesorado o instruir sobre el uso del condón en educación para la ciudadanía, cuando todo el mundo sabe que los ciudadanos educados no follan. Y menos con condón. Censurar palabras de Ana Botella no es solo coartar su libertad de expresión, sino emascular nuestra libertad de impresión como pueblo llano, ignorante y necesitado de sanos estímulos intelectuales, de lideresas preclaras con mantilla, de estadistas tribunos en Las Ventas.

¿Por qué se permitió emitir en directo el discurso leído de Botella y se censuró su más espontáneo y enriquecedor intercambio dialéctico con los periodistas? Si fue brillante, refulgente, irrepetible. A nuestra Ana Botella solo le faltó reconocer que, tras la tragedia, se fue a un spa porque ella es muy spañola. Y se fue, además, a recibir consejos de José María Aznar, quien sabe mejor que nadie que la muerte de inocentes es la que tiene más excusas. El asesor perfecto para una tragedia así. Y entended la palabra tragedia, banda de iletrados. Desde hace muchos años, la palabra tragedia se puede utilizar como sinónimo de homicidio negligente, desahucio, masacre o genocidio. Ya lo decía Quevedo: "Quien no sabe de amor y de terneza / Lo llamará desdicha, y es fineza". Sin la fineza del eufemismo, no sé si aguantaríamos todo lo hijoputas que somos. Lo digo blanco y en botella.

Me queda el consuelo de que mi Ana Botella, a quien ofrendo mi voto de castidad, que no el otro (y mi voto de castidad es solo aplicable a ella), me queda el consuelo, decía, de que mi Ana Botella tomará con resignación estos crueles agravios censores con la infinita paciencia con la que, según ella, han de resignarse otras víctimas de la intolerancia humana. A su cuento, Cenicienta, me remito: "La Cenicienta es un ejemplo para nuestra vida por los valores que representa. Recibe los malos tratos sin rechistar, busca consuelo en el recuerdo de su madre". Pues eso. Me consta que mucha gente también está buscando consuelo, por el homicidio negligente del Madrid Arena, en el recuerdo de su madre. De la madre de Botella. Se oye en la calle. Donde no pueden las censuras.

(PS extemporáneo: Si nuestra derecha se censura a sí misma, ¿será porque hasta ella misma se tiene miedo?).