Opinión · Rosas y espinas

La fábula de la rana y de Rajoy

rajoyNuestro presidente Mariano, que como es un gran estadista solo le concede entrevistas a los periodistas norteamericanos, le ha dicho a Michael Reid, editor de The Economist, una frase que lo resume como hombre, como político y como escorpión: “He incumplido mis promesas, pero al menos creo que he cumplido con mi deber”.

Lo de escorpión no lo digo por mal, que Mariano es paisano mío, sino porque sus palabras me han recordado a la fábula del escorpión y la rana. No sé si os acordáis, mis atolondrados lectores. Érase una vez una subida de un río tras fuertes lluvias primaverales, y encontráronse aislados en un islote un escorpión y una rana. El islote iba estrechándose a medida que el cauce crecía. Y así se convirtió en islita. Cual Perejil. Y a punto estaba el pequeño trozo de tierra de anegarse completamente y ser ya solo lecho de la crecida, que arrastraría a ambos con su torrente indomable, cuando…

-¡Rana! ¡Rana! -sollozó el escorpión.

-¿Qué quieres, escorpión? -preguntó la rana con su voz batracia.

-Eres mi única esperanza, ¡oh, rana!

-¿A qué te refieres, ponzoñoso individuo? -ahora el tono de la rana devino anuro.

-Moriré sin remedio, rana, si no me ayudas -calculó el escorpión su programa electoral-. Déjame subir a tu lomo y crúzame el río. ¡Ten un poco de ranalidad!

-¡Ja, ja, ja! ¿Qué dices, ultrafascista arácnido? Si yo te subo a mi lomo, me morderás y moriremos los dos.

-¡Pero cuán tonta eres, rana! -protestó el escorpión con voz de candidato como dios manda-. ¡Si yo te mordiere, falleceríamos ambos! ¿Me crees acaso adornado de tal cortedad intelectual?

-Pues sí. Y además ceceas. Y no entiendes la letra de tus venenos -replicó el informado batracio.

-Si me ayudas, te prometo que escolarizaré gratis a tus ranúnculos…

-Se dice renacuajos. Los ranúnculos son otra cosa. ¿Ves?

-Vale… Te juro que protegeré tus charcas. Te garantizó que te rodearé de princesas que te besarán hasta que te conviertan en príncipe.

-Yo no quiero ser príncipe -se puso batracio, otra vez, el batracio-. Estoy bien de rana.

-Bueno, vale. Lo que quieras, rana. Lo que quieras.

La rana ya se disponía a saltar y cruzar sola el río cuando observó lagrimones en los ojos del escorpión. Las ranas, como son medio acuáticas, padecen excesos sensibleros cuando ven agua manar de cualquier fuente, aunque sea esta de ojos ponzoñosos.

-¿Me lo juras, escorpión? ¿No me morderás? -se dulcificó el batracio.

-Mi palabra vale, rana. Soy un escorpión como dios manda. Te juro que no te morderé.

-Venga, sube.

El escorpión subió a lomos de la rana y la rana saltó al río. La crecida era tan violenta que a la rana le costaba mantenerse a flote y, aunque las ranas saben bucear, no se sumergió, para evitar la muerte del escorpión por asfixia, y siguió braceando, o como lo digan las ranas, contracorriente y contra sentido común. Hasta que, en medio del río, sintió un pinchazo en la médula que la abrió de piernas y de manos irremisiblemente, pues en esa postura es en la que mueren las ranas.

-¡Noooooo! -gritó la rana ahora con voz humana-. Estás loco, escorpión. ¿Cómo has hecho esto? -el río ya se los llevaba cauce abajo-. ¡Ahora moriremos los dos!

Antes de exhalar su último croar, escuchó la rana las últimas palabras del escorpión.

-Lo siento, rana. Es mi naturaleza.

“He incumplido mis promesas, pero al menos creo que he cumplido con mi deber”, ha dicho Rajoy al periodista americano. Y podría haber añadido. “He cumplido mi deber con los bancos, con los usureros, con los especuladores, con los arribistas, con los asesinos de niños en países remotos y aquí, con Luis Bárcenas, con los curas malolientes a niño sometido a abusos, con los abortistas de pago, con los evasores de impuestos, con mis patrones, o sea… Pero lo siento, españoles, es mi naturaleza”.