Rosas y espinas

Rajoy y la secesión

cataluñaCataluña tiene derecho a la secesión. Lo dice el artículo 150.2 de la Constitución española, esa sacrosanta e intocable novela sobre zombies: sobre zombies porque su hilo conductor es el miedo a un muerto: Franco, Franco, Franco. Lo dice la Constitución así, lo de la secesión: "El Estado podrá transferir o delegar en las CCAA, mediante Ley Orgánica, facultades correspondientes a materia de titularidad estatal". O sea, si la consulta de secesión saliese aprobada, sería constitucional la separación.

Manda huevos con la Constitución, que incluye consultas de secesión (disculpen la evitable rima consonante, pero es que estoy muy afligido por la unidad de España). Ya nos lo decía el viejo Pío Cabanillas, a los españoles de derechas, en la Transición: que nos la tendríamos que haber leído bien, la Constitución, antes de dejarnos sepultar por el vociferío de Manuel Fraga, que había escrito la Constitución pero nunca se la había leído.

Como demócrata convencido que es, a Mariano Rajoy le ha traído un problema este artículo 150.2 de su intocable Constitución, pues guerrea entre las ideas presidenciales sobre la libertad de decidir de Cataluña y inmanentismo del sagrado texto. Ayer Rajoy vio el programa de Barrio Sésamo dedicado a dicho artículo 150.2, y, en cuanto terminó la emisión, el presidente llamó por el teléfono rojo a Soraya para que acudiera a Moncloa en un Boeing 707 Cóndor y le rebobinara la escena en el DVD, que él se lía con tanto mando. Vieron juntos el programa en el despacho oval de Moncloa, con Viri observando por el ojo de la cerradura.

epiEpi le decía a Blas que Mariano Rajoy puede consentir el referéndum catalán bajo el paratruenos de la Constitución. Blas le responde a Epi que no tiene por qué consentirlo. Epi le replica a Blas que los solicitantes del referéndum representan a 87 parlamentarios del Parlament catalá, y los que se oponen son solo 48. Y Epi le recuerda a Blas que los parlamentarios son la voz del pueblo. Y los que quieren la consulta soberanista son el sesenta y muchos por ciento de esa voz. Entonces Blas, mascando lentamente un regaliz rojo, dice: "Ah! Entonces, Mariano Rajoy, como ejemplar demócrata que siempre ha sido, debería quizá apoyar a los representantes de la mayoría del pueblo catalán, de la voz catalana, y permitir la consulta". Y Epi le arrebata a Blas el resto del regaliz rojo y sale corriendo fuera de pantalla, gritando independencia. Blas corre tras él y, en el sillón, Rajoy aplaude y brinca sin parar de reír.

soraya-Cállate, imbécil -analiza la situación Soraya sin mirarle-. ¿Es que nadie se había leído la puta Constitución? -se pregunta para sí la algo despeinada, por el vuelo en Boeing, vicepresidenta.

Yo, la verdad, no sé por qué se toman unos y otros tan en serio esto de la consulta o el referéndum, o como se le quiera llamar.

En mi pueblo se hizo un referéndum para ver si se permitían o no los toros. El referéndum era legal, vino en la prensa y se celebró en un ambiente de distendida algarabía española. Fue todo tan civilizado que apenas hubo que lamentar difuntos.

En lo referido al resultado, ganó el no a los toros, pero jamás se cumplió. Sigue habiendo toros. No sé si eso de incumplir referendums pasa solo en los pueblos o es panoplia inherente a la democracia, armadura para defenderse del alocado votante y sus caprichos. No soy muy estudiado en libertades. Pero a mí me da que la consulta de Cataluña va a tener el mismo destino que la de los toros de mi pueblo. En esta democracia, una derrota del poder es siempre un empate a nada. O sea, Lampedusa.

(A mí, incluso en mis ratos de solaz, me importa un carajo la unidad de España. Lo que me puede importar es la igualdad en España, porque la igualdad es la única forma verdadera de estar unidos).