Rosas y espinas

España en fuga

56979b33c0cea.r_1452885346798.0-55-700-416Nos hemos enterado casi como sin querer de que la fuga de capitales españoles hacia paraísos fiscales creció un 2000% en 2014. Se conoce que nuestros mercados ya intuían lo de Alberto Rodríguez, diputado con rastas elegido para insultar a nuestras madres y quemar los conventos en los que oran nuestras hermanas, y se preparaban para esta debacle en la que nos han sumido los de Podemos. Como todo el mundo sabe, el PP y el PSOE son los únicos que garantizaban que la fuga de capitales no se produciría jamás si seguíamos votando cristianamente. Esto de la fuga de capitales es algo que preocupaba muy mucho a los menesterosos que leen The Wall Street Journal a las puertas de las cadenas de alimentación. Ahora también, aunque menos violentamente, la patronal, el Ibex 35, Angela Merkel, el FMI, Europa, su BCE, Barak Obama y Daesh nos vienen a confirmar que sin estabilidad política corremos el riesgo de que este año no le concedan la tarjeta oro de El Corte Inglés a nuestro futuro presidente del Gobierno.

Existe el mito de que, si el dinero se va, el obrero corre innombrables peligros. Cuando la historia nos demuestra que los peligros innombrables del obrero salen de la pantalla cuando el dinero se queda. Los últimos datos de Oxfam Intermon nos lo refrendan. El patrimonio de los 20 ricos más ricos de España creció un 15% durante el último año, mientras la cuenta corriente del 99% de nuestra población se ha reducido, como por casualidad, en ese mismo 15%. Como vemos, la estabilidad política y económica como dios manda no nos aporta más que beneficios.

Vivimos en un país en el que 17 de las 35 grandes firmas del Ibex 35 no cotizan a Hacienda su impuesto de sociedades, pues declaran pérdidas mientras venden a sus accionistas bonanza y prosperidad. Y sus directivos cobran un salario 154 veces mayor al de la media de los españoles. A mí me aterra que, con la llegada de Alberto Rodríguez al Congreso de los Diputados, esta gente honrada tenga que acabar emigrando con una mano delante y otra detrás a las Islas Caimán, a Suiza o a Andorra, pues de ellos depende el glorioso futuro de la indivisible patria española.

Existe el mito occidental y buenista de que el progreso y la confortabilidad son parámetros que se miden por la media del desarrollo humano de las civilizaciones. Cuando los mensajes pre y poselectorales nos indican justamente lo contrario. Un país solo es avanzado si sus ricos mueven hacia arriba los números de la Bolsa.

La fuga de capitales españoles hacia paraísos fiscales, sin embargo, quizá se deba a otra causa: al hecho de que quizá intuyen que España va a dejar de ser un paraíso fiscal si esto cambia. Porque España es y ha sido un paraíso fiscal. En caso contrario, no se explica la laxitud con que nuestros pujoles y nuestros bárcenas movían sus millones frontera arriba y frontera abajo sin que nadie los detectara.

La complicidad de la clase política con el capital está alcanzando la altura de un libreto de sainete, y flota en el aire de la izquierda como un miedo a reconocer que esto sigue siendo una lucha de clases. Y que la estamos perdiendo. Se le llama agentes sociales, en el mismo nivel, a sindicatos y patronal, cuando estos datos de Oxfam Intermón nos vienen a señalar otra cosa. El dinero no se marcha a paraísos fiscales porque tenga miedo. Se marcha para asustarnos. Y nos dejamos asustar. Yo no niego que el obreraje nos tengamos que reunir de vez en cuando con la patronal y con el Ibex 35 para acordar salarios, indemnizaciones por despido o coberturas sociales. Pero esas reuniones tan enriquecedoras y productivas, con los datos en la mano, se deberían celebrar en las cárceles. Algo que casi nadie se atreve a decir.